«Tibieza»

Mons. José María Gil Tamayo           La Cuaresma invita a los cristianos a la renovación de su vida espiritual y hay algo que de forma muy sutil lo impide: el acostumbramiento. Los humanos nos vemos afectados por él en muchas facetas de nuestra vida, que si bien nos permite disminuir la atención en determinadas actividades laborales sin que por ello perdamos eficacia y más bien la facilitan, es, en cambio nefasto, en otras, como son, por ejemplo, en el amor humano o en nuestras relaciones con Dios.

Surge entonces la tibieza. Es lo que le ocurre a un matrimonio, cuando, con el paso de los años (que pueden no ser muchos) los esposos no han ido alimentado día a día el amor con detalles de cariño y terminan por acostumbrarse a la vida matrimonial cayendo en la rutina. Se entra así progresivamente en una espirar de soledades reunidas: la de la mujer, la del marido, y a veces hasta las de los hijos. Es el primer paso para lo que viene después, ya que, tras el acostumbramiento y con él el enfriamiento del amor, los esposos dejan de quererse y empiezan a aguantarse: se endurece el corazón. El hogar deja de serlo y se convierte en “pensión”. Se ve al otro cónyuge como alguien a quien soportar y los defectos que antes se toleraban, ya que nadie es perfecto, ahora se critican y se consideran manías intolerables. Ya no se habla o dialoga, sino que se discute y se acusan mutuamente de una larga lista de agravios que la susceptibilidad agranda.

Para poner remedio a este acostumbramiento dañino hay que recuperar el amor primero, volver a enamorarse, pararse y hablar con el otro sin acusarse; hacer examen y buscar las causas y no los culpables de esta situación en la que ha influido, sin duda, el paso de los años, el cansancio, el trabajo, los agobios, etc. Es imprescindible perdonarse y comenzar de nuevo con ilusión renovada, aunque al principio parece que no se tienen ganas para ello, que no se siente. Eso sí hay que hacerlo con la lección aprendida de que el amor ha de alimentarse cada día con detalles cariño, de servicio; con renuncia, con algo tan sencillo, a lo mejor, como es dedicarle más tiempo a la otra persona, sobre todo cuando en el hogar los hijos van cada uno a lo suyo o son ya mayores…

El enfriamiento del amor también nos puede pasar en nuestras relaciones con Dios. Es la tibieza espiritual. Santo Tomás de Aquino la definía en la Suma Teológica como “una cierta tristeza por lo que el hombre se vuelve tardo, para realizar actos espirituales, a causa del esfuerzo que comportan” (2-2, q.35, a.3).

Por su parte, el libro del Apocalipsis señala al responsable de la Iglesia de Éfeso: «Tengo contra ti que dejaste tu primer amor. Considera, pues, de dónde has caído, y arrepiéntete, y practica las obras primeras» (2,4-5).

La tibieza es una actitud ante Dios que arraiga en una postura humana y espiritual de mediocridad. Es la pereza del alma, que echa raíces en el carácter a fuerza de omisiones, de dejaciones, de faltas de generosidad para con Dios y para el compromiso cristiano. Se deja de rezar o sólo se hace en situaciones apremiantes, urgentes. Se sacan mil excusas para no comprometerse en la vida parroquial o en el servicio eclesial: que no se tiene tiempo ni ganas… Se está bajo mínimos y llega un momento que parece que no se puede ser mejor cristiano, que no se tienen fuerzas para exigirse. Y no es verdad; es que se ha endurecido el alma, que falta cariño al Señor y a los demás. El remedio es el mismo que para el amor humano: examinar dónde se están las causas de esta situación y volver al amor primero con verdadero arrepentimiento, en el que nos estaría bien una buena confesión sacramental. Los asuntos de Dios son una cuestión de amor y de perdón.
Entre las causas de esta pereza del alma, que también toma cuerpo como acedia pastoral en la vida de la Iglesia, el Papa Francisco señala que “el problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado” (Evangelii Gaudium, 82).

Esta cuarta semana que vamos a iniciar de Cuaresma puede ser una buena ocasión para “descongelar” el alma, para ablandarla en lo humano y en lo espiritual. Es el deseo del salmo 94 que nos hace una buena invitación: “Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis el corazón…”: la voz de los demás y la de Dios. Un buen deseo para todos. No perdamos sintonía con ellos.

Con mi bendición, les deseo una feliz semana.

+ José María Gil Tamayo,

Obispo de Ávila

Mons. Jose Mª Gil Tamayo
Acerca de Mons. Jose Mª Gil Tamayo 14 Artículos
Nacido el 5 de junio de 1957 en Zalamea de la Serena (Badajoz), José María Gil pertenece, desde su ordenación sacerdotal el 7 de septiembre de 1980, al clero de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, en cuyo Seminario realizó los estudios sacerdotales, licenciándose posteriormente en Estudios Eclesiásticos en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desarrolló su labor pastoral durante nueve años en pueblos rurales y se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad de Navarra. En 1992 se hizo cargo de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de su diócesis, de la que es canónigo de la Catedral Metropolitana de Badajoz. Ha sido profesor del título de postgrado de “Experto en Comunicación” de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Diplomatura en Comunicación Social, promovida en las diócesis cubanas por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Ha sido profesor visitante de la Universidad Católica de El Salvador y ha dictado conferencias en Puerto Rico. En el ámbito internacional ha sido (2001-2011) experto del Comité Episcopal Europeo de Medios de Comunicación (CEEM); colaborador de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) y ha asesorado sobre temas de pastoral de las comunicaciones a los obispos de las Conferencias Episcopales de El Salvador y de Chile. Ha sido miembro del Comité internacional preparatorio del Congreso Mundial de TV Católicas, celebrado en Madrid en octubre de 2006, dirigiendo también la oficina de prensa de dicho evento. Ha sido portavoz en lengua española de la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrado del 7 al 28 de octubre de 2012. Ha desempeñado la tarea de adjunto para lengua española del Portavoz de la Santa Sede durante el periodo de renuncia de Benedicto XVI, Sede Vacante, Cónclave y elección del Papa Francisco, en febrero y marzo de 2013. En la Curia Romana ha sido Consultor del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (2006-2016). OTROS DATOS DE INTERÉS Durante 13 años (1998-2011) fue Director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española. Ha dirigido también el Servicio de Información de la Iglesia católica en España (SIC)(www.agenciasic.es). Ha sido secretario general de la Conferencia Episcopal Española en el quinquenio 2013-2018. El 6 de noviembre de 2018 se hace público su nombramiento como obispo de Ávila. Sede de la que tomará posesión el 15 de diciembre.