¿Quién puede tirar la primera piedra?

Mons. Francesc Pardo i Artigas        Leyendo el evangelio de este domingo, quinto de cuaresma, es Jesús mismo quien nos sugiere la pregunta.

Recuerdo la narración. Una mujer sorprendida en adulterio es llevada ante Jesús por los maestros de la ley y los fariseos. Le recuerdan a Jesús que según “la ley” ha de morir lapidada, la pena de muerta de los judíos en estos casos, y esperan su respuesta para así tener motivos de acusación contra él. Si les da la razón, invalida el mensaje de amor y de misericordia de Dios Padre; si les dice que están equivocados, actúa directamente contra la ley judía dada por el propio Dios a su pueblo,  “se pronuncia contra Dios”.

Jesús se entretiene antes de dar una respuesta, el evangelio nos explica que pasó unos momentos dibujando en el suelo. Y en cuanto a la mujer les dice: “El que esté sin pecado que le tire la primera piedra”. Los acusadores, que al menos son sinceros consigo mismos, se retiran uno a uno empezando por los más ancianos.

Jesús manifiesta a la mujer que no la condena pero que en adelante no peque más. No le dice que haya actuado bien, sino que reconduzca su vida. Una vez más y ante una situación delicada actúa con misericordia. Es así como proclama la Buena Nueva, el Evangelio de la salvación.

Nosotros, si somos sinceros, “acusamos” con mucha facilidad, nos convertimos en jueces implacables de los demás. Es bueno que nos preguntemos por las acusaciones concretas que formulamos a la esposa o al marido, a los hijos, a los padres, a familiares, vecinos, compañeros de trabajo, a los sacerdotes, a los feligreses de la parroquia, a las autoridades con responsabilidades en el bien común, a quien nos parece que es culpable de aquello que consideramos una ofensa. Tenemos la tentación de buscar culpables de todo cuanto nos ocurre, de lo que  no nos gusta o nos hace sufrir o es contrario a nuestras propias convicciones.

Puede que los cristianos también pensemos o manifestemos tales acusaciones ante Jesús pidiendo justicia contra quienes nos han hecho algún mal o pidiendo condenas para quienes consideramos malos o pecadores.

Es en este punto cuando debemos también escuchar a Jesús que nos recuerda: “si estás libre de pecado, tira la primera piedra”. Es decir que si somos del todo inocentes podemos seguir acusando y solicitando el castigo correspondiente. Hemos de ser sinceros con nosotros mismos y reconocer que no somos tan inocentes como para poder condenar. Y si alguien piensa que puede lanzar la primera piedra es que no es consciente de sus actuaciones, y es el menos indicado.

Conviene recordar y agradecer la misericordia que el Señor ha tenido tantas veces para con nosotros.

Hemos de estar atentos a no comportarnos como acusadores y dictar sentencias condenatorias sin dejar de ser críticos al valorar comportamientos, actitudes y hechos. Hemos de evitar toda actitud de condena total que descarte el perdón y la misericordia.

Es verdad que el mal, el pecado, no lo podemos calificar como algo positivo, pero si que podemos pedir la capacidad de saber perdonar y de ejercer misericordia. Recordemos la cita de Jesús: “no condenéis y no seréis condenados”.

También es cierto que será necesario contar con la justicia humana cuando corresponda, no solo como un derecho sino como una obligación.

Al mismo tiempo la narración es una invitación a reconocer en este tiempo de cuaresma nuestro propio pecado, para solicitar el perdón mediante el sacramento de la penitencia, y para escuchar de parte del Señor: “anda, y en adelante no peques más”.

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 450 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.