Palabras del obispo de Getafe a los obispos de España en su visita al Cerro de los Ángeles

Con el objetivo de ganar el Jubileo en este año del Centenario de la Consagración de España al Corazón de Cristo, los obispos españoles han peregrinado este miércoles 3 de abril el Santuario del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles , en la diócesis de Getafe.

En una ceremonia concelabrada por los obispos y presidida por el cardenal  Ricardo Blázquez, como presidente de la Conferencia Episcopal, en el San­tua­rio del Sa­gra­do Co­ra­zón el obispo de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán se ha dirigido a sus hermanos en el episcopado, en esta ocasión como anfitrión, pronunciando unas palabras de agradecimiento con mo­ti­vo de este Cen­te­na­rio y dio gra­cias a Dios por su “co­ra­zón abier­to”.

Pa­la­bras de Mons. Gi­nés Bel­trán

Al fi­nal de esta ce­le­bra­ción eu­ca­rís­ti­ca quie­ro ex­pre­sar mi agra­de­ci­mien­to, jun­to con el Obis­po Au­xi­liar, el Obis­po Emé­ri­to, y toda la Dió­ce­sis de Ge­ta­fe por vues­tra pre­sen­cia aquí, que­ri­dos her­ma­nos en el epis­co­pa­do, sa­cer­do­tes y lai­cos que pres­táis vues­tro ser­vi­cio a la Igle­sia en la sede de la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal.

Doy gra­cias a Dios que nos ha traí­do has­ta este Ce­rro de los Ánge­les, en el cen­tro de nues­tra geo­gra­fía his­pa­na, y nos ha per­mi­ti­do ce­le­brar la Eu­ca­ris­tía, que hoy es es­pe­cial­men­te ac­ción de gra­cias por el don de la fe de nues­tro pue­blo y por la mi­sión do­ble­men­te mi­le­na­ria de la Igle­sia en Es­pa­ña. Gra­cias al Se­ñor por el don de su amor que se ex­pre­sa en su Co­ra­zón, un co­ra­zón abier­to y tras­pa­sa­do que nos in­vi­ta a acer­car­nos, a in­tro­du­cir­nos en este mis­te­rio para vi­vir de él y anun­ciar­lo al pue­blo que el mis­mo Se­ñor nos ha con­fia­do.

¿Quién de no­so­tros no ha be­bi­do de esta es­pi­ri­tua­li­dad del Co­ra­zón de Je­sús en al­gún mo­men­to de su vida? Al­gu­nos des­de su in­fan­cia, en su casa, de la­bios de sus pa­dres que nos en­se­ña­ron a con­fiar en el Se­ñor con esta ja­cu­la­to­ria tan sen­ci­lla y tan pro­fun­da al mis­mo tiem­po: “Sa­gra­do Co­ra­zón de Je­sús en Vos con­fío”. Un acto de con­fian­za que re­ve­la la esen­cia mis­ma de la fe. ¿O aca­so la con­fian­za en el Se­ñor no tie­ne que ser lo que mue­va nues­tra vida y mi­nis­te­rio cada día?

El Año Ju­bi­lar que ce­le­bra­mos en la Dió­ce­sis de Ge­ta­fe con mo­ti­vo del Cen­te­na­rio de la con­sa­gra­ción de Es­pa­ña al Co­ra­zón de Je­sús quie­re ser, en pri­mer lu­gar, un acto de con­fian­za en el amor de Dios que no de­frau­da, que es siem­pre nue­vo. El amor en­tre­ga­do de nues­tro Dios, y re­pre­sen­ta­do en el Co­ra­zón abier­to de su Hijo, es siem­pre ac­tual, no pasa. Po­drán, in­clu­so de­be­rán, cam­biar sus ex­pre­sio­nes, pero no su es­pí­ri­tu, su esen­cia.

He­mos que­ri­do com­par­tir con to­das las igle­sias de Es­pa­ña la gra­cia que se nos ha con­ce­di­do a no­so­tros en este año. So­mos cons­cien­tes que el don de este año no era sólo para no­so­tros, que te­nía­mos que ha­ce­ros par­tí­ci­pes a to­dos. De he­cho, son mu­chos los fie­les de vues­tras dió­ce­sis los que pa­san cada se­ma­na por este San­tua­rio para re­zar, ce­le­brar la Eu­ca­ris­tía y el sa­cra­men­to de la Pe­ni­ten­cia. Aho­ra sois vo­so­tros, que­ri­dos her­ma­nos, sus pas­to­res, los que ha­béis ve­ni­do para re­zar jun­tos y mos­trar así nues­tra co­mu­nión fra­ter­na.

San­ta Ma­ra­vi­llas de Je­sús sin­tió una lla­ma­da fuer­te y apre­mian­te a fun­dar en este mon­te un Car­me­lo. El Se­ñor le dice: “Es­pa­ña se sal­va­rá por la ora­ción”. Esta pue­de ser nues­tra pe­que­ña gran apor­ta­ción a la sal­va­ción de Es­pa­ña: re­zar. Re­zar por to­dos, los de le­jos y los de cer­ca, por las ne­ce­si­da­des de los hom­bres, por sus po­bre­zas y es­cla­vi­tu­des, sa­bien­do que el Se­ñor siem­pre es­cu­cha nues­tra ora­ción. Esto nos dará tam­bién for­ta­le­za y luz para ser los dis­cí­pu­los mi­sio­ne­ros a los que nos lla­ma el Papa Fran­cis­co.

Tam­bién pro­fun­da­men­te vin­cu­la­do a este lu­gar está san José Mª Ru­bio, el após­tol de Ma­drid, al que po­dría­mos unir­nos para de­cir: “Ha­cer lo que Dios quie­re y que­rer lo que Dios hace”. Oja­lá que me­tié­ra­mos es­tas pa­la­bras del San­to muy den­tro de nues­tro co­ra­zón.

El co­ra­zón de Cris­to, su cos­ta­do tras­pa­sa­do es so­bre todo un sa­cra­men­to de ca­ri­dad que nos lle­va a vi­vir no­so­tros esa mis­ma ca­ri­dad con los de­más. “Su Co­ra­zón di­vino lla­ma en­ton­ces a nues­tro co­ra­zón; nos in­vi­ta a sa­lir de no­so­tros mis­mos y a aban­do­nar nues­tras se­gu­ri­da­des hu­ma­nas para fiar­nos de él y, si­guien­do su ejem­plo, a ha­cer de no­so­tros mis­mos un don de amor sin re­ser­vas” (Be­ne­dic­to XVI. Ho­mi­lía, ju­nio 2009).

“Sus he­ri­das nos han cu­ra­do” es el lema de este Cen­te­na­rio. Es una lla­ma­da a cu­rar tam­bién no­so­tros tan­tas he­ri­das que hay en el co­ra­zón del hom­bre y en las en­tra­ñas del mun­do. Po­ner amor don­de hay odio y di­vi­sión, po­ner paz don­de hay gue­rra e in­com­pren­sión, po­ner jus­ti­cia en las de­sigual­da­des y en la co­rrup­ción, po­ner li­ber­tad en me­dio de tan­tas es­cla­vi­tu­des, po­ner ale­gría don­de el co­ra­zón se ha ins­ta­la­do en la tris­te­za por la fal­ta de es­pe­ran­za… Todo ello es po­ner la gra­cia don­de el pe­ca­do y la au­sen­cia de Dios ha lle­va­do el in­fierno.

Que­ri­dos her­ma­nos, reite­ro el agra­de­ci­mien­to por vues­tra pre­sen­cia hoy aquí. Nos en­co­men­da­mos a San­ta Ma­ría de los Ánge­les, pa­tro­na de esta dió­ce­sis, ve­ne­ra­da en este Ce­rro. Que ella acom­pa­ñe el ca­mino de nues­tras Igle­sias y sea Es­tre­lla bri­llan­te que ilu­mi­ne la obra de la evan­ge­li­za­ción.

Mons. Gi­nés Gar­cía Bel­trán

Obis­po de Ge­ta­fe +

(Dió­ce­sis de Ge­ta­fe)

 

 

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