Vocaciones sacerdotales

Card. Ricardo Blázquez             Tres acontecimientos nos invitan a recordar ante Dios por la oración y entre nosotros por la colaboración de todos las vocaciones  al ministerio sacerdotal. Celebramos fraternalmente el Día del Seminario 2019 en la fiesta de San José con el lema “El Seminario, Misión compartida”. El pasado día 9 de marzo tuvo lugar en la catedral de Oviedo la beatificación de nueve seminaristas que fueron martirizados entre los años 1934 y 1936, porque “iban para curas”. Los días 10 al 14, coincidiendo con la primera semana de Cuaresma, como ya es habitual desde hace 38 años, tuvo lugar el Encuentro de Obispos, Vicarios y Arciprestes, al que este año fueron invitados los Rectores de los Seminarios de las Diócesis de “Iglesia en Castilla”, ya que el tema que tratamos era “Hacia una renovada pastoral de las vocaciones al ministerio sacerdotal”; aunque ya había sido centro de reflexión hace unos veinte años, nos parecía oportuno tratarlo de nuevo ante la situación actual. Fue un encuentro importante tanto por las reflexiones como por las informaciones de los Rectores como por las experiencias y los diálogos. Convivimos, rezamos y nos escuchamos unos a otros, buscando los caminos de Dios.

Jesús nos mandó que orásemos por las vocaciones; las palabras del Evangelio tienen un alcance más amplio que las vocaciones sacerdotales, como es obvio. “Al ver a las muchedumbres, se compadeció de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues al dueño de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt. 9, 36-38). No tenemos en nuestras manos el resorte para suscitar vocaciones con nuestro poder y habilidades. Sólo Dios tiene la capacidad de tocar el corazón y de llamar eficazmente; nosotros como necesitados e impotentes nos remitimos a la gracia de Dios. Cuando en la Iglesia pedimos vocaciones no hacemos una oferta de trabajo a los ciudadanos de la sociedad, que después en un “casting” entre los candidatos serían seleccionados los más aptos. Nos movemos en otras coordenadas: El rebaño y el campo son de Dios, el trabajo tiene que ver con el Evangelio de la misericordia de Dios, los cristianos vocacionados han oído en su interior la invitación de Jesús: “Vente conmigo”. Pedimos al Señor que las vocaciones al sacerdocio, que es un ministerio insustituible en la Iglesia, sean otorgadas por su poder omnipotente ya que necesitamos pastores que apacienten su rebaño.

Jesús a los sacerdotes elegidos por Él los hace sus amigos (cf. Jn. 15, 14-16). Pablo se siente hondamente agradecido porque Jesucristo le consideró digno de confianza para ser su apóstol, él precisamente que había sido perseguidor (1 Tim. 1, 12). Por la ordenación sacramental les otorga una autoridad ministerial, es decir, para servir a los hermanos con la predicación de la Palabra de Dios, la administración de los Sacramentos, y la animación de la Caridad. Son configurados con Jesucristo Pastor y Servidor. Sería una degradación convertir la autoridad ministerial en un poder oprimente sobre la conciencia de los pobres y dependientes, pequeños y vulnerables para abusar de ellos.

La oración es fundamental para recibir las vocaciones sacerdotales. Esta oración está sostenida por diversas convicciones de fondo: Apreciamos el sacerdocio como un regalo precioso, necesitamos sacerdotes, nosotros no podemos producirlos, pedimos vocaciones al único que puede suscitarlas; la oración nos lleva a recibir con agradecimiento los pastores recibidos y reclama fidelidad y perseverancia. ¡Señor, manda pastores a tu rebaño y obreros a tu viña! Sé que el seminario ocupa un puesto destacado en la oración de las religiosas contemplativas; se lo agradezco cordialmente.

“El seminario, misión compartida” significa que todos los cristianos estamos concernidos; nadie debe desentenderse. Por supuesto, el obispo es el primer responsable en la pastoral vocacional; tened la seguridad de que tanto el Obispo Auxiliar como un servidor no escatimamos dedicación al seminario.

Los formadores del seminario cuidan con esmero a los seminaristas y sueñan con más vocaciones. También los seminaristas, que no son muchos pero sí estupendos, se preocupan de aumentar la comunidad. A los sacerdotes agradezco su colaboración y pido un renovado empeño. ¡Qué precioso es el apoyo de religiosas, laicos, profesores cristianos! Es un “test” de eclesialidad invitar, acompañar, alentar, cuidar las vocaciones actuales y las que el Señor nos enviará. Recordemos el bello pasaje bíblico en que Eliseo recogió el manto de Elías, que cayó cuando desapareció arrebatado en un carro de fuego (2 Re. 2, 1 ss.).

El que ora por las vocaciones se implica personalmente en las tareas vocacionales. Rezar por las vocaciones no es descargar la responsabilidad en Dios, sino pedirle confiadamente la gracia de nuevos sacerdotes,  implicándonos con dedicación y sacrificio. “Ora et labora”, enseñó San Benito. La esperanza que alienta nuestra oración por las vocaciones es laboriosa; no es un simple deseo; no es evasiva sino operativa.

Los padres de familia en este campo vocacional como en la educación y orientación de la vida de los hijos tienen una responsabilidad primordial. Si es necesaria la colaboración de las parroquias y otras las comunidades, la de los padres cristianos es básica. Desean los padres, por supuesto, que sus hijos acierten en la orientación de su vida, que sean felices, que descubran personalmente con las ayudas necesarias la vocación que el Señor sueña para ellos. Siguiendo a Jesús, aunque haya cruz, hay alegría; dando la espalda a Jesús nos retiramos tristes (cf. Mc. 10, 22; 1 Ped. 1, 6-9).

Amigos, apoyemos con afecto y gratitud a nuestro Seminario; pidamos a Dios vocaciones y trabajemos por ellas.

+ Card. Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

 

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)