Llamados a hacer historia

Mons. Atilano Rodríguez              La historia de la humanidad no es un proceso intelectual que se puede repetir cuantas veces se quiera. La historia tiene que ver con la vida de los hombres que, como todo lo que vive, nacen, se desarrollan y mueren. Cada tiempo histórico tiene esencialmente que ver con el nacimiento y el morir. El
tiempo humano se desenvuelve en el horizonte de la caducidad.

Cuando leemos las historias de nuestros antepasados, sabemos que nunca más se repetirán. Esto es lo que nos viene a la mente cuando hablamos de nuestra vida con un joven al que logras fascinar con tus relatos de tiempos hermosos. A él o a ella le gustaría tanto revivirlos como a ti, pero ya no es posible. Podéis imitarlos, pero no revivirlos.

Del pasado nos quedan historias heroicas, ejemplares. También nos quedan muchos fracasos. Unos y otros deben ser objeto de nuestra consideración. Pero pienso que nuestra generación necesita, ante todo, fijarse en el mal ejemplo de tantas personas que no tuvieron la valentía y el coraje de ser ellos mismos en momentos decisivos de la historia. Fueron presa del miedo a perder lo que tenían y se quedaron cobardemente atrapados por la debilidad moral y la cobardía.

En todas las épocas de la historia ha habido muchas personas buenas, pero cobardes; hombres y mujeres que eran honrados, pero débiles; muchos ciudadanos que creían en Jesucristo, pero que lo negaron en el mundo; así como ha habido muchos pastores de la Iglesia que no fueron valientes para ir con libertad delante de las comunidades.

En esta época de profundo cambio que nos toca vivir, más que de victorias y fracasos, tenemos que hablar de compromiso ante los retos que se nos plantean. No es un tiempo el nuestro para cobardes, ni para débiles, ni para pastores despistados e infieles. Se nos pide ser lo que prometimos, lo que confesamos y que tengamos corazón y alma compasivos para abrir nuestra vida a quien nos necesite.

La Iglesia y el mundo viven hoy momentos difíciles. No podemos sustraernos a los compromisos que todos hemos contraído. Nuestra sociedad aguarda el testimonio de personas honradas y valientes que no sucumban ante la demagogia y el populismo.

También nuestra Iglesia, y ahora me refiero directamente a nuestra Diócesis, necesita saber con quienes cuenta para predicar a Jesucristo y para dar testimonio público de su Evangelio. En esta hora de cambio tenemos que recuperar lo mejor de nosotros mismos para ponerlo al servicio de nuestros hermanos que nos piden en silencio una Iglesia llena de la alegría de la fe y del amor fraterno.

La tentación que nunca nos deja es la de esperar a ver qué sucede con todo esto. Para qué meternos en esta vorágine que nos devora. Al fin y al cabo, sé manejar lo que tengo aprendido y para qué dejarme seducir por el corazón de Jesucristo si esto me exige dejar muchas cosas y caminar de nuevo sin muletas bajo el sol.

Es evidente que, hoy como siempre, el Evangelio nos sitúa ante el dilema de guardar nuestra vida o perderla por Dios y los hermanos.

El Papa Francisco con la Iglesia de Jesucristo y vuestro obispo en comunión con él os convocamos a dar un paso adelante en esta hora difícil de la Iglesia y del mundo.

Nuestra Diócesis desea y espera vuestra respuesta generosa.

Con todo mi afecto y gratitud,
+ Luis Quinteiro Fiuza
Obispo de Tui-Vigo

Mons. Luis Quinteiro
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Don Luis Quinteiro Fiuza, nace en Sabrexo (Vila de Cruces-Pontevedra) en el año 1947. Ingresa en el Seminario Menor de Belvís de Santiago de Compostela en 1958. Unos años después, en 1966, siendo seminarista mayor, comienza sus estudios teológicos en la Pontificia Universidad de Comillas (Santander) y, trasladada esta universidad a Madrid, obtiene el grado de Licenciado en Teología y realiza los cursos de doctorado. En Junio de 1971 es ordenado presbítero en Madrid, en la Iglesia de I.C.A.I. de los Padres Jesuitas. En 1978 va a Roma para ampliar estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana. Durante esta estancia en la Ciudad Eterna, se especializa en Filosofía Contemporánea y realiza varios cursos y seminarios sobre el estudio y pensamiento de Karl Marx En 1981 asiste en Alemania a unos cursos da Hochschule für Philosophie de Munich. Es Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidade Gregoriana de Roma, con una tesis sobre el Realismo Transcendental, en la que obtiene la cualificación de Summa cum laude. En su diócesis de origen ha desarrollado una intensa labor pastoral e intelectual: coadjutor de la Parroquia de San Juan, Director de la Residencia Universitaria “Burgo de las Naciones”, Formador y Profesor del Seminario Menor y Capellán de de la Residencia Universitaria “Padre Míguez” de las religiosas Calasancias de la Divina Pastora. En el año 1982 es nombrado Profesor del Instituto Teológico Compostelano y director del Centro de Formación Teológica de Seglares de la Archidiócesis. En el año 1992 será Director del Instituto Teológico Compostelano y en 1997, Rector del Seminario Mayor de Santiago de Compostela. En 1999 el Papa Juan Pablo II le nombra Obispo titular de Fuerteventura y Auxiliar de Santiago de Compostela, siendo ordenado el 19 de junio siguiente. Su lema episcopal “Beati Misericordes” (Mt 5,7), recoge una de las Bienaventuranzas, en la cual el Señor invita a sus discípulos a recorrer el camino de la misericordia que tiene su punto de partida en la misericordia de Dios manifestada en su Hijo Jesucristo. En el año 2002 se le designa Obispo de Ourense, diócesis en la que ha permanecido siete años. Pertenece en la Conferencia Episcopal Española a la Comisión Episcopal de la Doctrina de la Fe y a la de Migraciones; siendo en esta última el Obispo Promotor del Apostolado del Mar. El 28 de enero del presente año se hizo público su nombramiento como Obispo de Tui-Vigo. En la Santa Iglesia Catedral de Tui, toma posesión el día 24 de abril de 2010; y en el día siguiente realiza la entrada en la Con-Catedral de Vigo.