Camino de justicia y misericordia (V). Reforma de la Iglesia

Mons. Agustí Cortés              Antes de construir, hay que purificar. Y la purificación incluye alguna pérdida, es decir, una exclusión de lo que no es puro o no es auténtico. La carta a los Hebreos dice que hemos de purificarnos de las “obras muertas” (6,1; 9,14).

Lo entendemos como la tarea que realiza muchas veces un cirujano extirpando materia viva, pero mala o enferma, tejidos u órganos malos, para que nazcan nuevas células, no solo vivas, sino también “buenas”. El labrador poda oportunamente los árboles antes de la primavera, para que rebroten nuevas ramas, más fuertes y fecundas. El deportista (dirá San Pablo) se somete a toda clase de privaciones para fortalecer su cuerpo, y se despoja de todo impedimento (1Co 9,25; Hb 12,1; 2Tm 4,5). Todo parece consistir en una iniciativa y un esfuerzo que nace de uno mismo: hacer estudios y cálculos para cambiar una forma por otra.

Cuando Benedicto XVI habló de “reforma necesaria de la Iglesia” estaba de acuerdo con esta necesidad de vaciamiento. Pero añadía un matiz muy importante al utilizar la parábola del escultor (que usaban también R. Cantalamessa y Ch. Lubich). La tarea creadora del gran artista Miguel Ángel no comenzaba por la acción constructiva, sino con la contemplación en la piedra de la imagen que él quería reproducir; en consecuencia, todo su trabajo consistía en liberar esa imagen mediante la extracción del material que le impedía salir a la luz. S. Buenaventura ya había dicho que la persona humana llegaba a ser ella misma cuando el escultor, Dios, realizaba en ella una “extirpación” (un vaciado, una ablación) de todo lo que no es propio de su ser, es decir, lo que no es auténtica imagen suya. Y esta imagen, origen y guía de toda reforma humana, la imagen de todo el mundo creado, la de cada uno y la de la Iglesia, está en la mente y en el corazón de Dios.

¿Quiere esto decir que solo Dios puede renovar la Iglesia? En cierto sentido sí: solo Él lo puede hacer. Pero también es tarea nuestra si actuamos con Dios y según Él. ¿Lo podemos hacer?

Desde el momento en que Dios se hizo hombre como nosotros en Jesucristo, no solo nos manifestó su pensamiento (revelación de lo que es Él, el mundo, la Iglesia, nosotros), sino que también, al llamarnos a la fe, nos implicó en la tarea de vivir y obrar según Él. Por eso, ningún creyente podrá decir que no puede reformarse ni reformar la Iglesia porque no sabe qué quiere Dios o porque no es responsabilidad suya.

Pero esta manera de entender la reforma de la Iglesia, no solo va contra quienes se cruzan de brazos, sino también contra quienes piensan que todo consiste en actuar, cambiar y construir una Iglesia según los propios cálculos y estrategias.

La imagen auténtica de la Iglesia, su verdadero ser, va más allá de lo que nuestros programas y acciones pueden alcanzar. Pero se nos ha revelado para que una y otra vez volvamos a ella, la verdadera Iglesia según el pensamiento de Dios, a fin de poder colaborar en su liberación. Y el primer paso que nos pide el Señor es que estemos dispuestos, no tanto a hacer grandes cosas, cuanto a perder todo aquello que, quizá nosotros, le hemos añadido con nuestros cálculos humanos.

Esta Iglesia, ¿será más justicia o más misericordia?

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.