Acompañados por María y José para defender la vida

Card. Carlos Osoro           Hay momentos en los que el Señor te hace entrar de lleno y con suma claridad en ciertas páginas del Evangelio, que fraguan e iluminan nuestro vivir y hacer. La Anunciación es una de esas páginas. Hace unos 20 días, me fui al Museo del Prado para contemplar una Anunciación del Greco, estuve mucho tiempo. Leía el relato de la Anunciación despacio mientras miraba el cuadro. Me hice más consciente de la grandeza y hondura que tiene, de lo que ha supuesto en la historia humana la estancia de Dios con nosotros, de las perspectivas en las que nos pone y del horizonte que nos da… En estos momentos de la historia en los que la vida misma se pone en discusión, esa página del Evangelio (cfr. Lc 1, 26-38) nos sigue dando una luz especial.

Os invito a que la leáis y meditéis todos los hombres y mujeres de buena voluntad, los que buscáis la verdad, los que deseáis dar a esta humanidad la luz que necesita para sustentarse siempre buscando la vida. Todo ser humano tiene que saber escuchar y acoger lo que en el fondo de su vida hay. La escucha se hace en el silencio, no en el ruido; se hace no queriendo defender a ultranza posiciones personales que responden a la ideología que cada uno tenga. En silencio, escuchando en lo profundo de la vida, se descubre que la conciencia llama siempre a defender la vida, desde su inicio hasta el final. Es más, cualquier ser humano siente la llamada a vivir y no a morir, y percibe que esto es lo que él, con sus fuerzas si no quiere contar con otras más fuertes, es lo que tiene que buscar: esa verdad que se escucha en lo más hondo de la conciencia.

Esta página nos ayuda a entrar en lo profundo de la vida: la que viene de Dios y se nos ofrece para entregar a todos los hombres. Dos personas protagonizan la defensa de la vida: santa María y san José. La Virgen está en Nazaret, ha vivido los desposorios con José. Y aparece en la Anunciación como la mujer que escucha a Dios, discierne lo que escucha y decide sobre la propuesta de Dios con todas las consecuencias. De la misma manera le pasa a san José. Él era justo, no quería jugar con la vida y, en el momento de tomar una decisión, Dios se hace presente: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Con una fe absoluta en Dios, lo escucha, discierne y decide: «Hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer» (cfr. Mt 1, 18-24).

Para ser defensores de la vida necesitamos encontrar las palabras, las motivaciones y los testimonios que nos ayuden a tocar el corazón de todos los hombres hoy, para que acojan la fuerza sanadora de la gracia y la luz del Evangelio; teniendo cuidado siempre de no convertirlo en piedra que lanzamos contra los demás y que, en lugar de sanar y convertir, duele, nos distancia y no promueve entrar en otros horizontes donde la defensa de la vida se hace tan evidente, se convierte en alegría, llena el corazón, nos libera de la tristeza, del vacío y de todo aislamiento.

¿Cómo decir hoy a los hombres dónde está el futuro de una sociedad, de la humanidad entera? En la defensa de la vida. Y la familia es uno de los tesoros más importantes, es patrimonio de la humanidad. Si asume su ser y su misión, se convierte en la defensa más lograda de la vida. Nos lo ha enseñado la familia de Nazaret. La familia sigue siendo el nido de la vida. Allí donde un hombre y una mujer se aman, se genera la vida y se manifiesta al Dios creador y salvador. Se revela la realidad íntima de Dios. También se manifiesta en el amor fecundo, en el amor de un hombre y una mujer fruto del cual traen vida a este mundo. Un amor que se fragua en los límites, en los desafíos e imperfecciones, en la escucha y llamada a crecer juntos, cultivando la solidez de la unión pase lo que pase, sin cerrarse en sí mismos, abiertos a la fecundidad.

Os invito a vivir tres realidades que nos hacen celebrar más profundamente la defensa de la vida:

1. Escucha al Señor en el silencio de tu corazón. Te habla, alcanza tu corazón, te pregunta y pide permiso para entrar en tu vida. Todo ser humano verá que nos llama a amar con todas las consecuencias. Y que cada uno ha de buscar dónde Dios lo llama a vivir desde el amor para engendrar vida. Quienes habéis sido llamados al matrimonio descubriréis, precisamente desde la alianza de amor, la necesidad de engendrar vida, que se despliega en la paternidad y en la maternidad, en la filiación y en la fraternidad, en el compromiso por una sociedad mejor.

2. Discierne lo que escuchas de Jesucristo. Dejémonos iluminar por Él. El discernimiento es un proceso abierto, es un viaje en el que Dios da a conocer la meta y la ayuda para moverse. Hagámoslo sabiendo que el tiempo es superior al espacio; es importante iniciar procesos más que poseer espacios, se trata de llegar a convicciones claras y hacerlo con tenacidad.

3. Decide según lo que nos pide Jesucristo. En estos momentos nos está pidiendo que la familia sea querida, valorada, respetada y que asumamos la preocupación por ella como uno de los ejes fundamentales de la acción evangelizadora de la Iglesia. Necesitamos implementar en todos los lugares, y muy especialmente en nuestras comunidades parroquiales, una pastoral familiar intensa y vigorosa, donde se proclame con fuerza el evangelio de la familia, se promueva la cultura de la vida y se trabaje por los derechos de la familia para que sean reconocidos y respetados, estableciendo relaciones que hagan cada día más conscientes a los legisladores y profesionales de la dignidad de la vida humana y de la fuerza de la familia.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Cardenal Osoro, arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.