Corregir al que yerra

Mons. José María Gil Tamayo          El tiempo de Cuaresma para los cristianos que se lo toman en serio sirve para ponerse a punto en su vivencia religiosa, recordando por una parte los compromisos que se derivan de la condición de bautizados y por otra preparar a las grandes fiestas del Triduo Pascual, la Semana Santa. Y para vivir adecuadamente este tiempo la Iglesia insiste en tres dimensiones de la praxis cristiana: la oración, el ayuno y la limosna.

Con respecto a esto último, lo que se hace es una invitación a avivar la caridad. Y una forma de hacerlo está ciertamente en la limosna, entendiéndola como ayuda a los más necesitados, pero además hay otras obras de misericordia -¿Se acuerdan de ellas?- entre las que está la de corregir al que yerra, la corrección fraterna de la que habla Jesús en el Evangelio cuando dice: «Si tu hermano peca, vete y repréndele a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano» (Mt18,15). En la corrección fraterna la caridad se mezcla con la verdad al servicio de los demás. Porque les queremos, les queremos bien, mejores. Esa es la razón para corregirles.

El Papa Francisco señalaba, comentando esta obra de misericordia, que “a menudo ocurre que nos encontremos a personas que se paran en las cosas superficiales, efímeras y banales; a veces porque no han encontrado a alguien que les estimule para buscar otra cosa, para apreciar a los verdaderos tesoros. Enseñar a mirar lo esencial es una ayuda determinante, especialmente en un tiempo como el nuestro que parece haber tomado la orientación de seguir satisfacciones cortas de miras… La exigencia de aconsejar, advertir y enseñar no nos debe hacer sentir superiores a los demás, sino que nos obliga sobre todo a volver a entrar en nosotros mismos para verificar si somos coherentes con lo que pedimos a los demás. No olvidemos las palabras de Jesús: «¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?» (Lc 6, 41)” (Audiencia G. 16.11.20116).

La corrección se basa en el cariño a los demás, no en que nosotros seamos una autoridad o un modelo de virtudes en lo que los demás sólo son yerros y por eso tenemos potestad suficiente para corregirles. No, el deber de corregir no se basa en nuestra perfección, sino en la necesidad de que todos nos ayudemos a ser mejores, a salir de determinados defectos que, a lo mejor quien los tiene no se ha percatado de ello.

Hemos de hacerla en el momento oportuno, con cariño, a solas, sin humillar a quien tratamos de corregir. La corrección fraterna normalmente cuesta más al que lo tienen que hacer que a quien recibe una corrección y son muchas las excusas que se podrían poner para no ejercerla: p. ej.: por qué me tengo yo que meter en la vida de los demás, allá él; ya lo haré en otro momento; me puede decir que a mí que me importa…

Quienes tienen un deber especial en la educación de los demás no pueden dejar a un lado esta práctica de cariño que es un derecho que tienen los demás a que les ayudemos. Cuántos problemas se habrían evitado en muchas familias si al hijo, a la hija, al padre o a la madre se le hubiera dicho las cosas a tiempo. Corregir es un deber también de los hijos para con los padres ya que estos últimos no están exentos de defectos. Les digo a este respecto que en una ocasión vino a verme una chica de unos 14 años que me contó que, desde hacía tiempo, estaba sufriendo mucho, lo mismo que su hermano, ya que sus padres constantemente estaban riñendo entre sí. Le dije que probaran su hermano y ella a escribirles una carta a sus padres y contárselo a la vez que le pedía que dejaran de discutir constantemente. Así lo hicieron y los padres les pidieron perdón a los hijos y empezaron a cambiar. Así me lo contó a agradecida la chica.

Quien recibe la corrección ha de hacerlo con agradecimiento y sencillez ya que, tal y como está el patio, es prueba de contar con verdaderos amigos. Además, cuando se perciben defectos en los demás y nos se les ayuda a salir de ellos con la corrección, se acaba murmurando o contándoselo a quien no se debe en todo un cotilleo o murmuración de mala ley que corroe la amistad y la convivencia.

Esta semana puede ser una buena ocasión para practicar esta buena costumbre cristiana, esta obra de misericordia espiritual: Corregir al que yerra. Háganlo, eso sí, con gracia y una vez que han corregido, olvídense del tema. Como lo hace Dios cada vez que perdona, que con nuestras faltas tiene mala memoria.

Con mi bendición, les deseo una feliz semana.

 

+ José María Gil Tamayo

Obispo de Ávila

Mons. Jose Mª Gil Tamayo
Acerca de Mons. Jose Mª Gil Tamayo 21 Articles
Nacido el 5 de junio de 1957 en Zalamea de la Serena (Badajoz), José María Gil pertenece, desde su ordenación sacerdotal el 7 de septiembre de 1980, al clero de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, en cuyo Seminario realizó los estudios sacerdotales, licenciándose posteriormente en Estudios Eclesiásticos en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desarrolló su labor pastoral durante nueve años en pueblos rurales y se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad de Navarra. En 1992 se hizo cargo de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de su diócesis, de la que es canónigo de la Catedral Metropolitana de Badajoz. Ha sido profesor del título de postgrado de “Experto en Comunicación” de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Diplomatura en Comunicación Social, promovida en las diócesis cubanas por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Ha sido profesor visitante de la Universidad Católica de El Salvador y ha dictado conferencias en Puerto Rico. En el ámbito internacional ha sido (2001-2011) experto del Comité Episcopal Europeo de Medios de Comunicación (CEEM); colaborador de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) y ha asesorado sobre temas de pastoral de las comunicaciones a los obispos de las Conferencias Episcopales de El Salvador y de Chile. Ha sido miembro del Comité internacional preparatorio del Congreso Mundial de TV Católicas, celebrado en Madrid en octubre de 2006, dirigiendo también la oficina de prensa de dicho evento. Ha sido portavoz en lengua española de la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrado del 7 al 28 de octubre de 2012. Ha desempeñado la tarea de adjunto para lengua española del Portavoz de la Santa Sede durante el periodo de renuncia de Benedicto XVI, Sede Vacante, Cónclave y elección del Papa Francisco, en febrero y marzo de 2013. En la Curia Romana ha sido Consultor del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (2006-2016). OTROS DATOS DE INTERÉS Durante 13 años (1998-2011) fue Director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española. Ha dirigido también el Servicio de Información de la Iglesia católica en España (SIC)(www.agenciasic.es). Ha sido secretario general de la Conferencia Episcopal Española en el quinquenio 2013-2018. El 6 de noviembre de 2018 se hace público su nombramiento como obispo de Ávila. Sede de la que tomará posesión el 15 de diciembre.