Vayamos a fondo…

Mons. Francesc Pardo i Artigas           Jesús, para enseñar a sus discípulos, se sirve de hechos reales, que son recogidos en el Evangelio para estimular nuestra conversión en este tiempo cuaresmal. Precisamente el Evangelio de este domingo que se proclama en las celebraciones de la Eucaristía es un ejemplo.

Jesús parte de dos hechos desgraciados: la muerte de unos galileos ordenada por el gobernador romano, seguramente por considerarlos terroristas contra el imperio, y la muerte de 18 hombres al desplomarse una torre en Siloé. Uno provocado por una decisión humana emanada del poder político, y otro por un accidente fortuito como es el hundimiento de un edificio.

El Señor se sirve de estos dos hechos para “ir al fondo” en su interpretación y así invitarnos a la conversión. En los hechos que vivimos personalmente, en relación a los demás, y los que acontecen en el mundo ¿vamos al fondo de la cuestión o nos quedamos con la constatación sin extraer consecuencias para nuestra vida?

Ir hasta el fondo conmigo mismo. Es muy importante ejercitarse  en el propio conocimiento: ¿quién soy, cuál es mi comportamiento, cuáles son mis sentimientos, cuáles mis actitudes?

Hay que ir más allá de la imagen que se refleja en el espejo y de la que los demás puedan tener de nosotros. Eso sí, hemos de ser muy conscientes de que conllevamos siempre nuestra propia historia, es decir los momentos de gozo y de plenitud humana, y también los de sufrimiento. Sin olvidar el mal que hayamos podido hacer —aunque sea inconscientemente— y el que hemos sufrido, nuestra faltas y pecados; así como las diversas obras de misericordia, de amor y de servicio. ¿Con qué finalidad o por qué razón es necesaria esta actitud personal?  Para ser conscientes de que necesitamos “salvación” y para experimentar el amor y la misericordia de Dios y la invitación de Jesús a cambiar lo que sea necesario.  No se trata de auto flagelarnos o de afligirnos,  sino de convertirnos.

Ir hasta el fondo en la vida cristiana. Es del todo necesario llegar hasta el fondo en nuestra comprensión y relación con Jesucristo, no quedarnos en su dimensión más humana y creer en su divinidad y en su misión salvadora de la humanidad.

Debemos hacer nuestra la expresión de san Efrén, diácono: “haz Jesús que te conozca, porque si te conozco te amaré, y si te amo, te seguiré”. Hay que conocer a Jesús cada vez más. No pensemos que ya le conocemos suficientemente, porque nos engañaríamos a nosotros mismos.

Ir hasta el fondo en nuestra relación con las personas,  especialmente con las más cercanas. Si no estamos atentos y nos dejamos llevar, valoraremos y juzgaremos a las personas por su “figura externa”, por todo aquello que nos llega a través de los sentidos. Debemos esforzarnos en estar atentos a las situaciones de cada persona, a sus sentimientos de alegría y de dolor, a sus actitudes más profundas. Pero, por encima de todo, hay que reconocer el valor de “ser persona” en toda su dignidad.

Ir hasta el fondo en los hechos sociales. Somos testigos  de tantos hechos que suceden en nuestro pueblo, barrio, ciudad, país o a nivel mundial, que corremos el peligro de no dejarnos interpelar por ninguno de ellos. Tales hechos, especialmente los que comportan sufrimiento a las personas, han de invitarnos a reflexionar sobre nosotros mismos a partir del mensaje que manifiestan.

Dejémonos interpelar para convertirnos al Evangelio. Cada día hemos de estar dispuestos a reconocer a Jesús por medio de la Eucaristía, la plegaria, la lectura del Nuevo Testamento, la vida de las personas y los hechos que vivimos.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.