Que el desierto se convierta en el jardín del encuentro con Dios – Reflexión sobre el mensaje del papa Francisco en la Cuaresma de 2019 (y III)

Mons. Eusebio Hernández            Queridos hermanos y amigos: Concluyo hoy en esta carta el comentario al Mensaje del papa Francisco para esta Cuaresma. En la última parte de este mensaje el Santo Padre contrapone dos realidades a las que todos los cristianos nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida: La fuerza destructiva del pecado y la fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón.

El papa Francisco señala la fuerza destructiva que tiene el pecado: “Cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11)”

El pecado es una realidad que destruye, como señala el Papa, nuestras relaciones con el prójimo, con las demás criaturas, o sea con lo “creado” y con nosotros mismos. Como sabemos, el pecado, se presenta por el diablo, como algo “bueno”, que va aumentar nuestra libertad, nuestro bienestar, nuestra realización. Es este el gran engaño, presentarnos el mal como algo bueno.

Es, pues, la Cuaresma un momento oportuno para hacer un examen de conciencia y ver, en nuestro interior, todo aquello que nos separa de Dios, de los hermanos y de nosotros mismos. Reconocer nuestros pecados y debilidades es siempre un acto de “sabiduría”, el necio no quiere nunca ver su debilidad y pecado.

El catecismo de la Iglesia Católica, nos invita a hacer este examen de nuestras vidas, antes de acercarnos al sacramento de la Penitencia (1454): “Conviene preparar la recepción de este sacramento mediante un examen de conciencia hecho a la luz de la Palabra de Dios. Para esto, los textos más aptos a este respecto se encuentran en el Decálogo y en la catequesis moral de los evangelios y de las Cartas de los Apóstoles: Sermón de la montaña y enseñanzas apostólicas (Rm 12-15; 1 Co 12-13; Ga 5; Ef 4-6)”.

Este examen, unido a nuestro arrepentimiento, a nuestra contrición, nos ayudará a vivir el último número que nos propone el Papa en su mensaje: “La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón”. Nosotros hacemos hincapié en la necesidad del examen de nuestras vidas y del arrepentimiento, no como un acto que nos desanima y nos entristece, haciéndonos ver nuestras miserias y pobrezas; más bien, es abrir el corazón delante de Dios para que Él lo regenere, lo haga nuevo y le dé nuevo vigor y fuerza. De esta forma se hará realidad, lo que nos dice el papa Francisco en su mensaje: “Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3).

Es éste el camino que vamos siguiendo en esta Cuaresma, adentrarnos en el desierto que tantas veces es nuestra vida para que se convierta en el “jardín” del encuentro con Dios, con los hermanos y con lo creado.

Y concluyo, subrayando las palabras con las que Francisco termina su mensaje: “Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación”.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

 

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 260 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.