Abrir un grifo con agua potable, un gesto imposible para 2.100 millones de personas

La celebración del Día Mundial del Agua es una ocasión óptima para tomar conciencia de cómo el sencillo gesto cotidiano de abrir un grifo y que de él salga agua potable no es posible para 2.100 millones de personas en todo el mundo.

En esta jornada, las entidades que impulsan la campaña “Si Cuidas el Planeta, Combates la Pobreza” y que promueven la iniciativa “Enlázate por la Justicia”Cáritas, CEDIS, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES (Red de Entidades para el Desarrollo Solidario)— ponen el acento en los problemas a los que se enfrentan comunidades humanas de todo el mundo a consecuencia de las graves restricciones de acceso al agua. Se estima, por ejemplo, que la escasez de agua, afecta a unos 2.800 millones de personas en todos los continentes del mundo durante al menos un mes cada año.

Principales problemas

A la falta de sistemas de distribución de agua, que sufren con mayor intensidad las comunidades rurales que quedan lejos del alcance de los sistemas de distribución de agua y que les obliga a desplazarse grandes distancias cada día para obtener agua segura, se añade el problema de la contaminación a causa de la acción humana.

Se calcula que el 80% del total de las aguas residuales industriales y urbanas se liberan en el medioambiente sin ningún tratamiento previo. Además, la producción agropecuaria de carácter intensivo necesita fertilizantes y fitosanitarios que contaminan con pesticidas los recursos hídricos disponibles. Esta pérdida de la calidad del agua tiene impactos perjudiciales en la salud humana y los ecosistemas.

El cambio climático es otro factor desencadenante de los problemas de acceso al agua en muchas regiones del planeta. El calentamiento global puede acabar con algunas fuentes de suministro de agua esenciales, como los glaciares, mientras que los residentes de algunas zonas costeras observan cómo sus fuentes de suministro de agua subterránea son contaminadas por flujos salobres a medida en que se eleva el nivel del mar.

La privatización del agua por parte de las grandes empresas embotelladoras que se apropian de un recurso común para uso privado y minoritario es otro de los retos a los que nos enfrentamos a la hora de garantizar el derecho del acceso al agua.

Se trata de un derecho que es objeto de múltiples violaciones en el plano internacional. En el Informe Anual de 2014, la Relatora Especial de la ONU sobre el derecho humano al agua potable y el saneamiento puso en conocimiento del Consejo de Derechos Humanos las principales violaciones del mismo, y animó a utilizar vías como el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) para denunciar a los Estados si son responsables de las mismas.

Como indica la Relatora, “si se prestara mayor atención a las violaciones de los derechos al agua y el saneamiento y a sus causas estructurales, se podría empoderar a los grupos marginados para que pudieran disponer de recursos efectivos. Además de poner remedio a las violaciones individuales, la determinación de patrones de violación también contribuirá a prevenir dichas violaciones y obligará a los Gobiernos a abordar sus causas estructurales en la formulación de políticas y en las asignaciones presupuestarias”.

Con frecuencia, estas vulneraciones están relacionadas con privaciones más amplias y violaciones de otra índole, en particular de los derechos humanos a la vida, la salud, la alimentación, la vivienda, la educación, el trabajo y un medioambiente sano.

Consecuencias

Las disputas sobre el control de recursos de agua escasos en regiones áridas o durante los períodos de sequía son fuente de graves episodios de violencia y de destrucción de infraestructuras de sistemas de agua, que se consideran objetivos militares y se usan como herramientas bélicas durante las guerras.

Al igual que los desastres naturales, los conflictos por los recursos hídricos originan importantes desplazamientos de población y su asentamiento como refugiados en áreas con recursos insuficientes para cubrir las necesidades básicas de agua.

Junto a ello, la escasez y contaminación del agua afecta, según datos de la ONU, a más del 40% de la población mundial más pobre. Y aunque 2.600 millones de personas han tenido acceso a fuentes mejoradas de agua potable desde 1990, 663 millones todavía carecen de esa posibilidad.

El consumo de agua actual es 6,5 veces superior al que había a principios del siglo XX y se prevé que este consumo continuará subiendo de manera significativa. Esto provoca que muchos de los principales acuíferos estén siendo sobreexplotados y contaminados: se están agotando los limitados recursos hídricos con mayor rapidez que con la que éstos se pueden reabastecer por sí mismos, lo que compromete la sostenibilidad del agua como recurso renovable. Como consecuencia de ello, cada día, cerca de 1.000 niños mueren al día debido a enfermedades prevenibles relacionadas con el agua y el saneamiento.

La encíclica Laudato Si´ del papa Francisco es sumamente sensible a esta cuestión. “Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible –se señala en uno de sus puntos—, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado (…) El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable”. (LS, 30).

Llamada a la acción

Desde el pasado mes de octubre la campaña “Si Cuidas el Planeta, Combates la Pobreza” viene desarrollando una segunda etapa centrada en la divulgación y la reflexión de los ejes programáticos de la Laudato Si’ dentro de cada comunidad cristiana y en cada uno de los territorios diocesanos de todo el país, y poniendo el foco en la urgencia de “combatir la pobreza”. En esa línea, el Día Mundial del Agua es un momento idóneo para lanzar un llamamiento a la acción en clave personal y comunitaria para impulsar medidas transformadoras.

Entre las acciones de carácter personal, desde la Campaña se propone, por ejemplo, calcular y reducir la huella hídrica de cada uno, o beber agua del grifo siempre que se pueda. Y en el plano comunitario y social, se sugieren medidas como investigar en la zona donde se vive lo que sucede con el acceso al agua, su explotación y sostenibilidad; defender el agua como un bien básico que debe ser objeto de gestión pública; o apoyar la promulgación de una Ley de Diligencia Debida en España materia de Derechos Humanos para conseguir una aplicación y defensa eficaz de los mismos en la actividad económica y empresarial.

#ConectaAguaPobreza

(Cáritas)

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