La urgencia del tiempo

Mons. César Franco     El evangelio está sembrado de llamadas a la conversión. La primera palabra que Jesús pronuncia al iniciar su ministerio es: «convertíos». La conversión es la actitud del hombre religioso que, desandando el camino errado, se vuelve a Dios que espera el retorno del hijo pródigo para abrazarle con ternura.

La actitud del hombre pagano está bien definida en el «carpe diem» de quienes se beben el tiempo como si fuera un elixir de disfrute que les enajena para olvidar la seriedad de vivir. Disfruta del momento, dice el pagano; convertíos o pereceréis, dice Jesús en el evangelio de hoy. El contexto histórico de esta advertencia, fueron dos hechos que conmovieron la opinión pública en tiempo de Jesús: el desplome de la torre de Siloé, que provocó dieciocho muertos, y la matanza que ordenó Pilato de algunos amotinados en el templo de Jerusalén, cuya sangre se mezcló con la de los sacrificios rituales. Cuando cuentan a Jesús tales sucesos, él no los achaca a un castigo por sus pecados, como era frecuente interpretar tales desgracias, sino que las utiliza para interpelar a sus oyentes: vosotros —viene a decir— no sois mejores que los que han muerto. Y, si no os convertís, también pereceréis.

  Hablar hoy de estas cosas parece anticuado. El ateísmo consigue adeptos que se convencen de que la muerte es el final de todo. Es una cuestión antigua. Pero el problema de la salvación última, por mucho que lo releguemos al olvido, constituye el drama definitivo del hombre. Salvarse o no, es la cuestión crucial de la existencia. O mejor: dejarse salvar. Porque el hombre no puede salvarse a sí mismo en el sentido que Jesús da a la palabra salvación. La salvación es el juicio último de Dios sobre la vida del hombre. Trasciende este tiempo fugaz. Hay una forma cristiana de entender el «carpe diem» pagano: Jesús invita a vivir cada día su afán, asumiendo con seriedad la existencia cotidiana. Podíamos decir que nos invita a vivir cada día como si fuera el último, exprimiendo todas las posibilidades de hacer el bien. Convertirse es la actitud de quien se desvive por amar a Dios y a los demás como dos actos de la misma pasión unitaria: es el doble mandamiento de la ley. Quien sabe disfrutar así, hace del tiempo una ocasión única e irrepetible para escuchar aquellas palabras que pronuncia el Rey cuando viene a juzgar el último día: Venid, benditos de mi Padre al reino prometido; o aquellas parecidas: Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor.

La salvación que ofrece Cristo se teje en el tiempo, pero lo trasciende. El tiempo es una dimensión de la existencia que se consume en el paso a la eternidad. De esto trata Cristo cuando, al final del evangelio de hoy, nos cuenta la historia de la higuera que, plantada en la viña, no daba fruto. El dueño decide arrancarla, cansado de cuidarla con esmero. El viñador —que es el mismo Cristo— intercede ante el amo para que la deje un año más. La cuidará, la echará estiércol, a ver si da fruto. «Déjala todavía este año», dice suplicante;  «si no, la cortas».

No se puede describir mejor la urgencia de la salvación y el paso inexorable del tiempo que nos urge a dar frutos de conversión, justicia y caridad. El tiempo no es una dimensión del hombre meramente cronológica. Es tiempo de salvación. Dios —el dueño de la higuera— tiene paciencia un año y otro a la espera del fruto. El viñador se desvive por cuidar de la higuera. Pero la advertencia sigue en pie: «Si no, la cortas». Escamotear esta advertencia es ceder al inexorable paso del tiempo como si se tratara de ir quitando hojas de un calendario como quien se desprende de su vida esperando que el mañana nos sonría mejor. «Carpe diem».

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).