El Seminario, misión de todos (II)

Mons. Gerardo Melgar      Continuamos con la re­flexión que iniciábamos en el número anterior sobre el Seminario y las vocaciones sacerdotales como una tarea, mi­sión y responsabilidad de todos.

Si importante es la familia a la hora de animar o desanimar a un jo­ven que siente que Dios le llama a se­guirle por el camino del sacerdocio, no es menos importante el ánimo o el desánimo que puede llegarle por parte del sacerdote.

Los sacerdotes somos muy im­portantes a la hora de animar o des­animar a que un joven pueda ver el camino de su realización personal y vocacional en la vocación sacerdotal, como un camino atrayente por el que él pueda sentirse pleno y realizado.

Los sacerdotes tenemos una gran responsabilidad en el cultivo de las vo­caciones sacerdotales y en la respuesta que un joven pueda dar a la misma.

Nuestra aportación y responsa­bilidad en el seguimiento por parte de un joven de la llamada de Dios a seguir la vocación sacerdotal va a de­pender de:

  1. Nuestro estilo de vivir nosotros nuestro sacerdocio. Si nosotros como sacerdotes vivimos nuestra vida sa­cerdotal con verdadera alegría, sin­tiéndonos contentos y satisfechos de ser lo que somos, demostrando que el ser sacerdotes es lo mejor que nos ha pasado en la vida, viviendo el mi­nisterio sacerdotal con plena entrega y generosidad. Seguro que nuestra vida sacerdotal vivida así va a ayu­dar positivamente al joven porque ve que vivir así la vocación sacerdotal merece la pena.

Si nuestro estilo no fuera este sino todo lo contrario, estaríamos influ­yendo en los posibles vocacionados negativamente, porque nos verían como alguien que no convence, al­guien a quien no merece la pena imi­tar, porque no se le va satisfecho y contento de ser lo que es.

  1. Otro dato del que va depender nuestra ayuda y cultivo de las voca­ciones en los jóvenes es que estemos dispuestos a hacer la propuesta ex­plícita a determinados jóvenes que vemos con corazón generoso, que les importa la fe y es comprometi­do. A estos tenemos que proponerles explícita y abiertamente si no han pensado que Dios los puede estar llamando por el camino del sacerdo­cio. De nuestra propuesta explícita y positiva va a depender que deter­minados jóvenes se planteen o no su vocación sacerdotal. Por eso los sa­cerdotes tenemos que preguntarnos y responder a la pregunta: ¿Estoy haciendo esta propuesta explícita y positiva o me callo ante esos jóvenes que despuntan positivamente por el seguimiento de Jesús, para no recibir negativas de su parte?
  2. Y si importante es el apoyo de la familia y del sacerdote, mucho más importante es la generosidad de los jóvenes. De poco serviría lo ante­rior si el joven se niega a plantearse con sinceridad y verdad su posible vocación al sacerdocio.

Es verdad que hoy el joven encuen­tra un ambiente demasiado hostil; que el sacerdote ha perdido el presti­gio social de otros tiempos; que la fe de muchos jóvenes, tal vez, no es lo suficientemente fuerte y sólida para seguir este camino , pero tam­bién es ver­dad que el joven tiene un corazón muy generoso y es capaz de escuchar y responder a la llama­da de Dios, y aun cuando sientan las dificultades también es capaz de de­cirle al Señor como el profeta: «Aquí estoy!». Junto a las dificultades está también la palabra de Cristo que nos dice: no tengas miedo, yo estaré conti­go siempre. O como respondió María: «Hágase en mí según tu palabra».

  1. Por último, toda la comunidad cristiana es responsable de la existen­cia o no de las vocaciones sacerdota­les. De la valoración que la comuni­dad cristiana haga del sacerdote, de la estima que tenga de su ministerio, de la necesidad que para alimentar su fe tenga del sacerdote y lo exprese abiertamente, a depender también que determinados jóvenes piensen en esta vocación o la desechen des­de el planteamiento, porque piensen que no merece la pena, si los demás ni le valoran, ni le tienen estima no le sienten necesario.

Pongamos cada uno de nuestra parte aquello que nos corresponde, porque todos necesitamos a los sa­cerdotes, pero estos no surgen por generación espontánea, sino con el ánimo, el apoyo y la preocupación de todos, porque «El Seminario es misión de todos».

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia.Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976.A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional.Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993).En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia.El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana.Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar.De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010).El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.