Transfiguración y día del Seminario

Mons. César Franco           En el segundo domingo de Cuaresma se proclama el evangelio de la Transfiguración del Señor. Testigos de este milagro fueron los tres apóstoles predilectos —Pedro, Santiago y Juan—, testigos también de su agonía en Getsemaní. Me sirvo de este dato para reflexionar sobre el sacerdocio, ya que en este domingo, cercano a la fiesta de san José, celebramos el día del Seminario. Lo diré una vez más: Segovia necesita urgentemente vocaciones al sacerdocio si queremos asegurar su pervivencia como comunidad creyente. Quien no quiera verlo, está ciego; y quien lo ve y se cruza de brazos como si fuera un asunto ajeno es que no valora la fe.

Volvamos a la Transfiguración. Ser sacerdote es, en primer lugar, seguir a Jesús, subir con él al monte Tabor y experimentar su grandeza. Nadie es digno de ser sacerdote. Nadie se da a sí mismo la vocación. Es Cristo quien llama e invita a seguirlo. Unos responden, otros le dan la espalda. Cuando una vocación madura, Cristo desvela poco a poco su ser, hasta revelarse totalmente como el Hijo de Dios, Salvador del hombre. Toda vocación tiene procesos de luces y sombras, certezas y dudas, gozos y temores. Pedro, al contemplar a Cristo transfigurado, manifiesta su deseo de permanecer allí para siempre. Pensaba que todo era gloria y disfrute de una belleza inabarcable. Sabemos cuánto le costó aprender que Jesús debía morir en la cruz y que él debía seguirlo por ese camino. Tuvo que cambiar su modo de entender el ministerio.

Hoy ser sacerdote no comporta gloria humana. Por esta razón, quien se decide a seguir a Jesús sabe desde el primer momento que escoge un camino difícil, de contradicción, como fue el camino de Cristo. Pero es justamente ahí donde reside la gloria de Cristo: por eso Jesús se transfigura después de haber hablado de su pasión y muerte de cruz. Hoy el mundo necesita sacerdotes que sean testigos de Cristo crucificado y resucitado al mismo tiempo. Hombres que asumen el riesgo de ser incomprendidos y rechazados, pero conscientes de que en su pobreza y fragilidad actúa la fuerza de Cristo. El Papa, en su discurso al final de la cumbre sobre protección de menores en el Vaticano, ha agradecido «a la gran mayoría de sacerdotes que no solo son fieles a su celibato, sino que se gastan en un ministerio que es hoy más difícil por los escándalos de unos pocos —pero siempre demasiados— hermanos suyos».  Cargar sobre uno mismo el pecado de los demás es también una forma de redención, si estamos unidos a Cristo.

Ser sacerdote es, sobre todo, llevar a los hombres  la salvación de Cristo. Por eso, cuando Jesús baja del Tabor, cura a un epiléptico. Es un signo de la autoridad que concederá a sus ministros, aunque les advierte que sólo podrán hacerlo con oración. El sacerdote es un hombre de oración. Si la abandona, está perdido. Queda expuesto a su pobreza y miseria. Sin la unión con Cristo no puede dar frutos. Es un sarmiento seco.

La Iglesia de Segovia debe pedir al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. No basta, sin embargo, la oración. Debemos trabajar por las vocaciones, invitando y animando a los niños, adolescentes y jóvenes a seguir a Cristo, si pasa a su lado y los llama. Dios se sirve de muchos factores para llamar al sacerdocio: la familia, los sacerdotes y catequistas, los educadores. Para ello, es preciso valorar la vocación al ministerio y no tener miedo a la amistad con Cristo, que nos ayuda a superar todas las dificultades y a caminar en pos de él hacia el monte Tabor, donde revela su gloria, para que subamos también sin temor al Gólgota donde manifiesta de modo definitivo que ser sacerdote es entregar la vida por amor sin escandalizarse de la cruz.

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).