El seminario, misión de todos

Mons. Francisco Jesús Orozco            Queridos hermanos y hermanas:         Con el lema “El seminario, misión de todos”, el próximo 19 de marzo, solemnidad de S. José, custodio de los seminarios, somos invitados a dar gracias al Señor por nuestros seminaristas y sacerdotes; a pedir al Señor que nunca nos falten; y a tomar conciencia de la presencia y tarea necesarias de los sacerdotes en la Iglesia y para el mundo. El seminario es una realidad que verifica la vitalidad de una iglesia local.

Sacerdotes, parroquias, familias, movimientos eclesiales, consagrados, profesores de religión, hermandades y cofradías, cristianos laicos, hemos de unir nuestra oración y trabajo por las vocaciones al ministerio sacerdotal. El sacerdote es de todos porque ha sido llamado por Dios para servir a todos los hombres. Somos, igualmente, todos los que hemos de acoger y ayudar a la Gracia del Señor para que su llamada no se ahogue entre las piedras de una sociedad que olvida la necesidad de “relicarios de Dios”, como llamaba S. Juan de Ávila al ministerio sacerdotal.

Sin duda alguna, son tiempos duros y difíciles para las semillas de vocación, no cabe duda. Los valores “de moda” en nuestra sociedad no acompañan ni promocionan la transmisión de la fe que nuestros padres nos legaron. Cada vez resulta más complicado presentar a los más jóvenes una oferta atractiva y motivadora del evangelio, hablarles de compromiso célibe para toda la vida y de entrega por el reino de Dios al servicio de la Iglesia. Recogiendo el testigo de los santos y mirando a una santa de altura, Santa Teresa de Ávila, recordamos aquellas palabras que invitaban al optimismo y a no escatimar el esfuerzo realizado: «en tiempos recios, amigos fuertes de Dios». Tiempos difíciles que nos tienen que animar a no desistir en la tarea de anunciar el evangelio en esta tierra diocesana. Tiempos difíciles, que como nos dice la santa abulense, nos tienen que acercar más a Dios y fortalecernos en la Esperanza que nunca defrauda.

Por ello, quiero centrar mi interés en la oración que hemos de realizar por las presentes y futuras vocaciones al sacerdocio. La oración cumple una misión importante en la vocación. Jesús nos invita a orar sin desfallecer, «pedid al dueño de la mies que mande obreros a su mies.» ( Mt 9,38). Y si el Señor nos manda que lo hagamos, no hará que la súplica vuelva a nosotros vacía. Por tanto, confianza en el Señor y constancia en nuestra petición, como nos dice el Papa Francisco: «Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y sólo en la oración pueden perseverar y dar fruto»(Regina Coeli del IV Domingo de Pascua).

Hay iniciativas verdaderamente gozosas en la diócesis que muestran esta vitalidad al rezar por las vocaciones: jueves sacerdotales, adoración ante el Señor Sacramentado, peticiones concretas por cada uno de nuestros seminaristas, peticiones por las vocaciones en laudes y vísperas. Felicito la tarea del equipo de pastoral vocacional de nuestra diócesis. Son pequeños gestos que nos hacen grandes y nos motivan para seguir insistiendo en nuestra oración. No desfallezcamos y pidamos con la confianza de quien se sabe escuchado. El Señor, sin lugar a dudas, sabrá corresponder a nuestras peticiones.

Es notable el esfuerzo realizado por el cuidado y preparación de los seminaristas. Recemos agradecidos, especialmente, por aquellos que están trabajando de una manera más directa con los muchachos que se sienten llamados al sacerdocio, ya sea en el seminario mayor como en el menor: formadores, profesores, sacerdotes, padres, comunidades de origen, etc.

Junto a la oración y otras formas de suscitar, acompañar y fortalecer las vocaciones, os pido también mucha generosidad en la colecta del seminario, que nos permite hacer posible que nadie se quede sin ser sacerdote por falta de recursos y que, nítidamente, expresa que el seminario y la formación de los candidatos al sacerdocio es misión de todos.

En este año avilista, con varias fechas importantes para quienes tenemos a San Juan de Ávila como patrono del clero diocesano secular: 450 aniversario de su muerte, 125 aniversario de la beatificación y 50 años de su canonización, recordemos sus palabras cuando hablaba del ministerio ordenado: «los sacerdotes son abogados por el Pueblo de Dios, ofreciendo al Unigénito Hijo delante del alto tribunal del Padre. Maestros y edificadores de ánimas» (Tratado Primero de Reforma).  Un santo de altura que refleja lo que un sacerdote tiene que ser en el mundo: contemplativo de Dios y contemplativo de los hombres.

Que San José, protector y patrón de las vocaciones, nos bendiga, acompañe y suscite corazones dispuestos a entregar su vida en fidelidad al servicio de esta porción de la Iglesia que peregrina en Guadix. Que María, Madre de las vocaciones, nos alcance del único y Eterno Sacerdote muchas y santas vocaciones al sacerdocio.

Recibid mi afecto y mi bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

Mons. Fco. Jesus Orozco Mengibar
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Francisco Jesús Orozco nació en Villafranca de Córdoba el 23 de abril de 1970. Cursó los estudios eclesiásticos en el seminario diocesano de Córdoba, obteniendo el bachillerato en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid, centro al que el seminario cordobés estaba adscrito. Fue ordenado sacerdote el 9 de julio de 1995. Es licenciado en Teología Fundamental por la Universidad Lateranense de Roma (1998-2000) y doctor en Teología Dogmática por esta misma Universidad. Ha desarrollado su ministerio sacerdotal en la diócesis de Córdoba, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de San Francisco Solano en Montilla y profesor de Liturgia en el seminario diocesano (1995-1996); delegado diocesano para la pastoral juvenil (1996-1998); vicerrector del seminario menor (2003-2007); y capellán del monasterio del Sagrado Corazón (2003-2007). Desde este último año ha sido vicario episcopal territorial de La Campiña; párroco de Santo Domingo y de San Mateo Apóstol de Lucena; rector del Santuario de María Santísima de Araceli de Lucena; miembro del consejo presbiteral; secretario y miembro del colegio de consultores; profesor de Teología Fundamental; Fenomenología e Historia de las Religiones, Antropología y Escatología en el seminario mayor San Pelagio y en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Beata Victoria Díez”. En el año 2011 fue nombrado vicario general de la diócesis de Córdoba y en 2012 párroco de San Miguel y Ntra. Sra. de la Merced de Córdoba.