El Seminario misión de todos

Mons. Carlos Escribano            Dentro del camino cuaresmal, que acabamos de iniciar, irrumpe la Solemnidad de San José. Su figura está estrechamente relacionada con el Seminario y con nuestros seminaristas. En esta ocasión, en que celebraremos el día del Seminario el domingo 17 de marzo, rezamos especialmente por ellos y por las vocaciones sacerdotales

La conversión a la que nos llama la Iglesia en el tiempo cuaresmal, trasciende lo que significan estas semanas de preparación a la Semana Santa y a la Pascua, para ponernos ante el gran reto existencial que todos tenemos: alcanzar la santidad. En el fondo es a lo que aspiramos en este tiempo de gracia que es la Santa Cuaresma: buscar con sincero corazón a Jesús, para encontrarnos con Él y seguirle con radicalidad, cada uno, en las circunstancias particulares de su vida. Todos los bautizados estamos llamados a alcanzar la santidad: “Las distintas vocaciones se resumen en una llamada a la santidad única y universal, que en el fondo es vivirla con la alegría del amor que resuena en el corazón de cada joven. Efectivamente, solo a partir de la única vocación a la santidad se pueden articular las diferentes formas de vida, sabiendo que Dios «nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada» (Francisco, Gaudete et exsultate, 1)”. (Documento Final del Sínodo de los Jóvenes 165). Cuidar nuestra vocación a la santidad nos lleva, por un lado a hacer realidad el sueño de Dios para cada uno de nosotros. Pero a la vez nos introduce en un nuevo horizonte pastoral que nos mueve a trabajar, con especial interés, la pastoral vocacional dentro de nuestra Misión Diocesana EUNTES.

“El Seminario es misión de todos”, nos recuerda el lema de la Campaña del Seminario de  este año. Sí, una misión compartida en la que debemos buscar caminos para que nuestros creyentes, también los jóvenes, puedan plantearse su existencia como una respuesta al Señor que les llama. Ese es uno de los puntos que estamos trabajando en nuestros Encuentros Euntes, que nos lleva a dar un paso más y a descubrir que la experiencia vocacional no sólo concierne al creyente individual, sino a la pastoral de la Iglesia en su conjunto. Crear este marco nos ayudará a cuidar de manera más efectiva una cultura vocacional en la que debería salir reforzado el acompañamiento de nuestros jóvenes, para que puedan discernir en su vida si el Señor les llama al sacerdocio.

Es verdad que para poder acompañar de manera adecuada estos procesos de discernimiento personal, es necesario caer en la cuenta de que el Señor llama a cada uno a descubrir a quién quiero entregar mi vida y a hacerlo por amor. “El Papa Francisco invita a los jóvenes a reflexionar sobre su vida en el horizonte de la misión: “Muchas veces en la vida perdemos el tiempo preguntándonos: “¿Quién soy yo? Puedes preguntarte quién eres y hacer toda una vida buscando quién eres. Pero pregúntate: “¿Para quién soy yo? Esta afirmación ilumina profundamente las opciones de vida, porque nos impulsa a asumirlas en el horizonte liberador del don de sí mismo. ¡Esta es la única manera de alcanzar la felicidad auténtica y duradera! En efecto, “la misión en el corazón de la gente no es una parte de mi vida, ni un adorno que pueda quitarme, no es un apéndice, ni un momento entre muchos de la existencia. Es algo que no puedo erradicar de mi ser si no quiero destruirme. Soy una misión en esta tierra, y por eso estoy en este mundo” (Documento Final del Sínodo de los Jóvenes 69).

Ayudar a nuestros jóvenes a formularse y a responder con sinceridad, generosidad y audacia a esta pregunta, es un gran reto que tenemos en nuestro horizonte como comunidad diocesana. Hay que crear espacios y dinámicas pastorales y renovar planteamientos catequéticos que nos permitan auténticamente acompañar a nuestros jóvenes a poder tomar decisiones en su vida, que les lleven a responder a la llamada de Dios. Ciertamente  no es tarea fácil, pero es un  reto que debemos afrontar, pues el Seminario es misión de todos.

Os animo en el día del Seminario, a rezar por nuestros seminaristas, del seminario mayor y del menor, y por sus formadores. Seguimos pidiendo al Señor de la mies que envíe obreros a su mies (Lc. 10,2) y que nunca nos falten santos sacerdotes para acompañar y servir al Pueblo de Dios.

+ Carlos Escribano Subías

Obispo de Calahorra y La Calzada – Logroño

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.