Seriedad impecable en una misión de todos: el Seminario

Mons. Braulio Rodríguez           La Iglesia Católica ha llevado a cabo una reflexión honda para oponerse con todas sus fuerzas a la inhumanidad del fenómeno a escala mundial: el abuso sexual a menores, que es “todavía más grave y más escandaloso en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética” (Papa Francisco, Discurso al concluir el Encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”, 24.02.2019). Estamos sorprendidos ante esta manifestación del espíritu del mal (Mysterium iniquitatis) en nuestro mundo, descarada, agresiva y destructiva, pues estamos ante un problema, que es un crimen, universal y trasversal que desgraciadamente se verifica en casi todas partes.

Hay que buscar soluciones, que siempre estarán en una educación de la sexualidad humana cada vez más necesaria. No se trata solo de buenas prácticas, sino de las mejores prácticas; no solo de orientaciones, sino de normas precisas. Es un vasto campo de empeño de la Iglesia diocesana: padres, sacerdotes, colegios católicos con sus profesores, catequistas. Como toda educación, la afectivo sexual es tratar de hacer salir lo bueno que existe en el ser humano en ese campo de la sexualidad humana, femenina y masculina, y en la que la claridad, el cariño y la fortaleza de la familia es decisiva.

El Santo Padre apunta también en ese importantísimo discurso del 24 de febrero la exigencia de la selección y de la formación de los candidatos al sacerdocio con criterios no solo negativos, preocupados principalmente por excluir a las personas problemáticas, sino también positivos para ofrecer un camino de formación equilibrado a los candidatos idóneos, orientando a la santidad y en el que se contemple la virtud de la castidad. Duelen mucho los casos de sacerdotes culpables de abusos contra menores. Mucho, porque son intolerables. Pero también duelen posibles acusaciones sin fundamento que hacen sufrir a quienes las padecen, aunque nunca tenemos que olvidar a las víctimas.

No es fácil la educación afectivo sexual; el desarrollo de la web y de los medios ha contribuido a un crecimiento notable de los casos de abuso y violencia perpetrada online. ¿Y qué decir de la pornografía, que tan efectos funestos tiene sobre la psique y las relaciones entre hombre y mujer? La educación que reciben en el Seminario no se queda, por supuesto, en el ámbito de lo afectivo sexual, es mucho más rica, es un todo con varias dimensiones. Pero en lo que afecta al campo que estamos aludiendo, la formación no siempre permite desplegar su mundo psicoafectivo, pues con frecuencia hay quienes llevan sobre sus vidas la experiencia de su propia familia herida, con ausencia de padres y con inestabilidad emocional. Por eso, hay que garantizar durante la formación una maduración para que lo futuros ministros posean el equilibrio psíquico que su tarea exige.

Pero lo que quiero subrayar es que la vocación al ministerio sacerdotal es un regalo de Dios a la Iglesia, y, por ello, requiere la participación de todos los cristianos como miembros del Cuerpo de Cristo. “Seminario, misión de todos” es el lema del Día del Seminario 2019. Porque muchas comunidades solo exigen buenos sacerdotes, jóvenes y bien formados, pero sin aportar nada a esta tarea de todos, ni económica, ni de oración, ni de ofrecer esta posibilidad de que Cristo llame a alguno de su parroquia, pueblo o familia. Tampoco muchas veces de cuidar de sus sacerdotes, como si fueran héroes solitarios, nunca necesitados de ayuda de quien está al frente de la comunidad parroquial.

Sin embargo, estén esperanzados, pues nuestro Seminario hace muchos años que ofrece a sus seminaristas la riqueza de formación sacerdotal adecuada a nuestros cristianos. Desde la exhortación apostólica “Pastores dabo vobis (1992) hasta nuestros días han sido numerosos los documentos pontificios que han iluminado el trabajo pastoral de los Formadores del Seminario Diocesano. Ellos trabajan con el nuevo plan de formación para los candidatos al ministerio sacerdotal llamado El don de la vocación presbiteral, cuya adecuación a nuestro país está preparándose y se publicará en los meses venideros.

La formación sacerdotal es una tarea permanente, en ese horizonte de la vida entendida como discípulos, según la voluntad de Cristo. La alegría del ministerio sacerdotal es vivida con pasión y entrega por los seminaristas. Un regalo como esta vocación requiere, por supuesto, personas encargadas de promover y acompañar el proceso del discernimiento y de la madurez. Pero queremos que la responsabilidad del Obispo, los Formadores y Directores Espirituales, junto con los Profesores, sea apoyada por toda la Diócesis, porque es tarea y misión de todos.

 

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo, Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.