Tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión

Mons. Francisco Pérez           Estamos ya en el tiempo de Cuaresma (Período de cuarenta y seis días, desde el miércoles de ceniza hasta la víspera del domingo de Resurrección, en el cual los cristianos se preparan, con penitencia, ayuno, oración y limosna, para celebrar la Semana Santa que concluye con la Pascua de Resurrección). De esta forma se recuerda los cuarenta días que Jesús vivió en el desierto y tuvo circunstancias y momentos de tentación por parte del diablo al que llama “padre de la mentira” (Jn 8, 44). Lo mismo nos sucede en estos momentos de la historia puesto que las malas artes del Maligno siguen actuando y de forma muy ladina. Siempre lleva por el camino del engaño y la mentira. Se hace pasar como el liberador y embauca a muchos haciéndoles ver que el pecado ya ha pasado de moda y hoy ya no existe; se viste de fiesta aparente para hacernos creer que vamos a ser felices y no es verdad, más bien, todo lo contrario; se expone como actor de la verdad y “es el homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad porque no hay verdad en él” (Jn 8, 44). ¡Cuántos se sienten engañados! Y el Maligno tiene como norma engañar y no cesa de seguir engañando y de ahí que se ha de estar atentos para no caer en la argucia de sus artimañas.

El tiempo de Cuaresma nos ayuda a profundizar en el encuentro con Dios, por eso la ORACIÓN es el primer requisito de todo camino hacia el recorrido del corazón, hacia la santidad. En la oración es donde mejor se define si estamos cercanos o alejados de Dios. “Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas –y también hacia nosotros mismos-, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca” (Papa Francisco, Mensaje Para la Cuaresma de 2019, 4 de Octubre 2018- Fiesta de San Francisco de Asís-). La oración nos ayuda a renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo. Tenemos necesidad de la fuerza que viene del Señor. ¡Cuántas veces constatamos en la plegaria la valentía para seguir luchando en hacer el bien! No olvidemos que la vida cristiana si no se sustenta en la oración y en la cercanía a los sacramentos, de modo especial la Eucaristía y la Confesión, se convierte en una falacia.

Cuando hacemos excursiones por los senderos de una montaña se requiere estar bien preparados y comer lo necesario, pero nunca atiborrarse de los alimentos. El AYUNO libera de la avidez y hace posible que el cuerpo se aligere. Hoy, por las instrucciones dietéticas, que ayudan a cuidar del cuerpo, es normal que el dietista indique la importancia de liberarse de alimentos nocivos, de exceso en alimentos grasos… y todo porque este ayuno hace mucho más ágil al cuerpo y le desintoxica de elementos nocivos para la sangre o por el exceso de glucosa en el mismo. Y si esto se hace para el cuerpo, mucho más lo hemos de hacer para el alma que puede verse enjaulada en una parálisis existencial. El ayuno nos priva de nuestras apetencias egoístas, nos fortalece para saber sufrir por amor, nos hace mirar las realidades materiales por lo que son y no por lo que nos comunican los intereses creados. Nos ayuda a tener el corazón en su lugar sagrado y no fuera de él como si estuviera al borde del precipicio.

Teniendo presente el Juicio final: “Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 35-36), se entiende el sentido de la LIMOSNA puesto que “entonces, se pondrá a la luz la conducta de cada uno y el secreto de los corazones. Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios. La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 678). La limosna no es simplemente una forma de solidaridad sino la expresión de un amor que nos hace ver en el hermano la imagen nítida de Jesucristo. Por eso al final de los tiempos el examen será sobre la atención que se ha tenido con el prójimo puesto que en él se encuentra al mismo Cristo al que se le acepta o se le rechaza.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental.Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense.El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión.CARGOS PASTORALESDesde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad.El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017.Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).