“La misión es un despliegue del misterio mismo de Dios”

La formación permanente del Clero Diocesano de Plasencia sigue su programa. En esta ocasión el sacerdote diocesano, Jacinto Núñez Regodón, ofreció una conferencia sobre el tema “Jesús, Ministerio en salida”.

La próxima cita será el 21 de febrero con el tema “El arte del acompañamiento” a cargo de Lucio Arnaiz Alonso, responsable en España del Instituto Secular de Sacerdote del Prado.

–¿Por qué habla de “Jesús, ministerio en salida”?

–El papa Francisco habla mucho de una “iglesia en salida”. Usó esta expresión ya en una de aquellas reuniones del colegio cardenalicio anteriores a su elección. Luego reflexiona sobre la misma de un modo particular en la Exhortación Evangelii gaudium. Y es una idea que se encuentra, en fin, de forma recurrente, en varios textos y discursos suyos. Se trata, pues, de una expresión significativa y de alguna manera programática de su ministerio. El Papa contrapone a esa idea de una iglesia en salida, abierta al mundo y al servicio de los hombres, a la de una iglesia autorreferencial que busca su propia gloria institucional.

Pues bien, sobre ese fondo pastoral del Papa yo he querido releer el capítulo primero del evangelio de Marcos, en el que se encuentra la llamada “jornada de Cafarnaún”, una especie de día paradigmático de Jesús (cf. Marcos 1,21- 39). Se trata de un relato en el que Jesús está en una permanente actitud de salida, de un lugar a otro, hasta el punto de que en 1,38 dice abiertamente: “vamos a otra parte, a las aldeas próximas, a predicar también allí, pues para eso he salido”. De esta forma, la expresión del Papa nos ha llevado hasta Jesús y el ejemplo de Jesús nos ayudará a diseñar cómo tiene que ser esa “salida” a la que está invitada la iglesia.

–¿En qué consiste la “actitud en salida” de Jesús?

–En el texto señalado, de forma muy evidente el evangelista pone el foco en varias salidas de Jesús. Primero va a la sinagoga, lugar de la vida religiosa comunitaria, donde cura a un endemoniado. Después va a la casa de Pedro, lugar de la vida privada y familiar, y cura a la suegra de su fiebre. Ya por la tarde, encuentra, a la puerta, a toda la ciudad, espacio de la vida social, con una multitud de personas aquejadas de todo tipo de males y enfermedades. Finalmente, de madrugada, va a un lugar solitario para orar, espacio privilegiado para el cultivo de relación personal con el Padre. Pero no podemos quedarnos sólo en el hecho de que Jesús va a todos estos espacios geográficos. Un estudio atento del texto nos hace comprender que en cada uno de esos espacios la presencia de Jesús genera nuevos procesos de liberación. En la sinagoga sobresale la palabra y la enseñanza de Jesús, que con autoridad y no como los escribas y fariseos, representantes de la Ley. En la casa, espacio simbólico de la estructura patriarcal, la presencia de Jesús introduce la dinámica del servicio, representada en la suegra de Pedro (“ella los servía”), como signo de un nuevo sistema de relaciones. Más tarde, al encontrarse con la ciudad en su conjunto Jesús hace posible una comunidad sanada y reconciliada. Finalmente, en el descampado la oración de Jesús no es una acción individual e intimista, pues es oración para la misión: “sí, vámonos”, es la respuesta de Jesús cuando los discípulos le vienen a decir que la gente le anda buscando.

–¿Cuáles fueron las “salidas” de las mujeres?

–Nos situamos en el final del evangelio de Marcos, concretamente en el capítulo 16. Las mujeres, las únicas que habían permanecido junto a Jesús en la Pasión, hacen una primera salida para ir al sepulcro y embalsamar el cuerpo de Jesús. Magnífica su actitud. Sin embargo, cuando el joven del sepulcro les dice que Jesús no está allí, que ha resucitado, y les encarga de que vayan a avisar a los discípulos, ellas salieron, sí, pero “salieron huyendo y no dijeron nada a nadie, pues tenían miedo”.

Este contraste tan fuerte entre una y otra salida, positiva y negativa respectivamente, es probablemente una técnica narrativa del autor del evangelio, a la manera de un aviso para navegantes, en el siguiente sentido: no basta con seguir a Jesús hasta el final de su vida terrena. Hay que aprender a encontrarse con Jesús en esa nueva forma de vida que tiene resucitado. Es un nuevo paradigma en la relación con Jesús. En el fondo, es una invitación a penetrar en la totalidad del misterio pascual: hay que seguir a Jesús hasta la muerte y reconocerle, ahora, vivo y resucitado para siempre.

–¿Qué herramientas tiene una comunidad en salida?

–Los testimonios del Nuevo Testamento sobre la misión cristiana confirman que la comunidad primitiva sintió la fuerza del Señor resucitado para salir hasta los confines de la tierra y dar testimonio de él. Si puede hablarse de herramientas, diría que esa salida apostólica necesita, en primer lugar, una clara conciencia teológica. La misión no es una opción que hace la iglesia sino un despliegue del misterio mismo de Dios: “como el Padre me ha enviado, así os envío yo”.

Además de esa conciencia, hay que conocer y usar las mediaciones históricas y culturales de cada momento. Finalmente, la iglesia ha de tener siempre un programa que, a la manera del apóstol Pablo, aspire a llegar al centro del mundo (Roma) y al fin del mundo (España). Esa dinámica de centro-fin puede iluminar mucho la idea del Papa de que una iglesia en salida tiene que ir a todas las periferias, tanto geográficas como existenciales.

(Iglesia en Plasencia)

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