El Seminario, misión de todos I

Mons. Gerardo Melgar              Este es el lema de este año del Día del Seminario. Un lema cargado de con­tenido, sugerencias y de razón, que da para pensar y para descubrir que se nos está pi­diendo un cambio de actitud con res­pecto al mismo.

Quiero dedicar un par de núme­ros de nuestra hoja diocesana Con Vosotros, a hacer una reflexión sobre la situación de las vocaciones sacer­dotales y las dificultades que hoy en­cuentran los jóvenes para encauzar su vida por ese camino y responder positivamente a la llamada que Dios les puede estar haciendo.

El lema de este año es tremenda­mente sugerente y comprometedor para todos: el seminario es misión de todos. Nadie de cuantos, a veces, nos lamentamos, quejamos y buscamos culpables, podemos quedarnos al margen, sino que se nos está pidiendo que todos tenemos algo muy impor­tante que aportar, y por lo mismo, te­nemos que revisarnos a ver si lo apor­tamos o nos tranquilizamos creyendo que son los demás los que deben po­ner de su parte mucho más de lo que lo hacen en favor de las vocaciones y del Seminario, pero nosotros no hace­mos nada o casi nada por ello.

Las vocaciones nunca han surgido en la Iglesia por generación espontá­nea. Dios ha sido siempre el que ha llamado y el que sigue llamando, pero cuenta con que su llamada ten­ga valoración, acogida y cultivo, en primer lugar, en las familias. Ellas siempre han sido verdaderos semi­lleros de vocaciones, porque han apoyado e incluso han ayudado a descubrir la vocación sacerdotal a sus hijos, el camino del sacerdocio, como el camino en el que pueden encontrar su verdadera realización personal y cristiana y su felicidad personal.

Hoy, tal vez, las familias no solo no apoyan, animan y cultivan la vocación sacerdotal de los hijos desde la realidad familiar, sino que, si un hijo descubre que Dios le llama por el camino y la vocación sacerdotal, en la familia, es­pecialmente en los padres, que habían soñado en el porvenir del hijo como un porvenir lleno de prestigio y de rique­za, en una carrera con una buena salida, va a suponer un verdadero disgusto.

La vocación sacerdotal en las fa­milias, en la mayoría incluso de las familias cristianas, la vocación sacer­dotal de un hijo ha dejado de ser un verdadero don, un privilegio y re­galo de Dios a esa familia, y en vez de suponer una gran alegría y un or­gullo sano, se ha convertido en una desgracia.

En esta tesitura y concepción de las cosas, fruto de la falta de una vi­vencia autentica de la vida de fe en la familia, ésta, en vez de ser el semille­ro de cultivo, el primer Seminario en el que se animan, cultivan y crecen las vocaciones sacerdotales, se puede estar convirtiendo en un obstáculo. Un obstáculo para que, en el ambien­te familiar, aunque alguno de los hi­jos percibiera que Dios podría estar llamándolo por este camino, el mu­chacho encuentre un ambiente que le anime a seguirlo y a responderle positivamente al Señor.

Y lo curioso es que todos quere­mos tener sacerdotes en nuestras co­munidades cristianas que las animen , en nues­tros gru­pos apostólicos, familiaristas, etc.; que nos acompañen y nos ayuden a avanzar en nuestra vida cristiana o en nuestra realidad matrimonial, pero que sean los hijos de los demás, porque para los míos yo tengo otros planes para ellos.

Otras familias, tal vez lo piensen de otra forma distinta y digan que ellos no se opondrían a que un hijo que viera ese camino lo siguiera, pero tampoco se lo proponen como una propuesta vocacional que pudie­ra ser realidad para él, por si acaso, no vaya a ser que descubra que Dios le llama y le siga y su seguimiento dé al traste con los otros sueños de los padres para sus hijos.

El Seminario y las vocaciones al sacerdocio, es y son misión de todos, pero los padres y las familias tienen mucho que aportar en este tema.

Como familias que nos decimos cristianas, tenemos que hacernos esta pregunta y responderle al Señor: ¿Qué pasaría si un miembro de esta familia viera que Dios le llamada por el camino del sacerdocio? ¿Le apo­yaríamos, animaríamos, nos senti­ríamos ilusionados y desde nuestra ilusión le ayudaríamos a seguir plan­teándoselo en serio?

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia.Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976.A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional.Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993).En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia.El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana.Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar.De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010).El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.