Camino de justicia y misericordia (III)

Mons, Agustí Cortés            Nos preocupa acertar, queriendo ser fieles a Jesucristo, en el momento de cumplir concretamente con las exigencias de la justicia y de la misericordia. Concluíamos nuestra reflexión afirmando que, en el camino para lograr ser a un tiempo justos y misericordiosos, “siempre habrá una participación, de una u otra forma, en la cruz: en la cruz la misericordia absorbe la justicia y la transforma en reconciliación y paz”. Y añadíamos que esta reflexión y oración constituía “un buen prólogo que nos dispone para vivir la Cuaresma”.

La Cuaresma, como “tiempo fuerte” del Año Litúrgico, consiste en vivir durante cuarenta días el camino de libertad y alianza que recorremos a lo largo de toda la vida. Así como Jesús vivió en el desierto durante cuarenta días las pruebas que tuvo que afrontar a lo largo de toda su vida mortal, para acabar abandonándose a las manos del Padre, así nosotros celebramos la Cuaresma, en la que ejercitamos nuestro espíritu para la entrega en libertad y amor más perfecto a Él. En un tiempo acotado (desde el Miércoles de Ceniza hasta la Pascua) ensayamos nuestra capacidad de crecimiento evangélico, crecimiento en autenticidad, en libertad, en pobreza, en amor, en abandono… Para ello nos “dejamos poner a prueba” como se entrena y fortalece el deportista en tiempos y espacios determinados para la prueba definitiva.

Toda virtud cristiana es proceso y camino. Así también la Cuaresma. No llegamos a ser cristianos auténticos “por acumulación”, como quien se pone diferentes capas de ropa o como quien reúne dinero en su cuenta corriente o como quien va ganando títulos a base de estudio y exámenes. Sencillamente, nuestra vida cristiana es un dinamismo que sigue el ritmo de la historia y la vida concreta: el Espíritu nos trata en esa vida, desde ella dialogamos, en su interior pasan toda clase de acontecimientos (avances, retrocesos, perplejidades) y así vamos siendo transformados.

La Cuaresma no es solo un camino individual. También la comunidad y la misma Iglesia son llamadas a caminar la Cuaresma. La Iglesia va caminando de la mano de su esposo Jesucristo. Él no le suelta ni le soltará, pero ella ha de ir buscando constantemente cómo serle fiel, ha de discernir en cada momento cuál sea su voluntad, en qué se ha de mantener firme y en qué ha de cambiar… La Cuaresma para la Iglesia también es un camino de libertad y de alianza, de justicia y de misericordia.

Así, será muy importante en el camino Cuaresmal tener presente “lo que se debe hacer”, es decir, la Ley, el ideal de justicia con los hermanos y con Dios, lo que está mandado por el mismo Dios para que vivamos y seamos felices (como dice la Sagrada Escritura: cf. Dt 8,1-13). Entonces y ahora, la Ley, con sus exigencias de justicia (el amor es lo debido a Dios y a los hermanos) sigue vigente y por todas partes se nos recuerdan sus exigencias.

Pero el camino cuaresmal atraviesa el Viernes Santo y la Pascua. Y esto es pura misericordia. Somos débiles e inútiles para cumplir con la Ley y las exigencias de la justicia. El amor y la misericordia acaban triunfando, pero solo en aquel que se despojó de toda su dignidad, hasta de su propia vida.

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.