Una nueva forma de vivir la Cuaresma – Miércoles de Ceniza 20199

Mons. Manuel Sánchez          La Cuaresma es como la puerta que nos introduce en el camino hacia la Pascua, nuestra fiesta principal. Un año más vamos a celebrar la muerte y resurrección de Cristo. Y hemos de prepararnos durante cuarenta días para morir y resucitar con El. La Cuaresma representa un momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. Porque es el tiempo oportuno para cambiar de vida, tiempo para dejarse tocar el corazón.

  1. La Palabra de Dios nos dice: «Convertíos a mí de todo corazón».

 Hoy en concreto, la Palabra de Dios en primer lugar es un llamamiento fuerte a la conversión: en la primera lectura, el profeta Joel nos ha exhortado a volver al Padre «de todo corazón: con ayuno, con llanto, con luto (…), porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas» (Jl 2, 12-13). La promesa de Dios es clara: si escuchamos la invitación a la conversión, Dios nos mostrará su misericordia y nos colmará de innumerables favores. Con el salmo 50 que hoy era nuestra respuesta a la Palabra de Dios hemos pedido a Dios que cree en nosotros «un corazón puro», que nos renueve por dentro «con espíritu firme».

Luego, en el pasaje evangélico, Jesús, poniéndonos en guardia contra la carcoma de la vanidad que lleva a la ostentación y a la hipocresía, a la superficialidad y a la auto-complacencia, reafirmaba la necesidad de alimentar la rectitud del corazón. Al mismo tiempo, mostraba el medio para crecer en esta pureza de intención: cultivar la intimidad con el Padre celestial.

  1. «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5, 20).

Esta invitación del Apóstol resuena como un estímulo más a tomar en serio la conversión. San Pablo experimentó de modo extraordinario el poder de la gracia de Dios, la gracia del Misterio pascual, de la que vive la Cuaresma misma. Por todo eso se nos presenta como «embajador» del Señor para recordarnos: “Dejaos reconciliar con Dios… No echéis en saco roto la gracia de Dios”

Nos enseña el Papa en su Mensaje para la Cuaresma de este año: “Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre “lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio”. Y “en el camino hacia la Pascua –nos dice el Papa- nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual”

La Cuaresma es el tiempo propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación. Siempre en este encuentro con el Señor se experimenta, hasta sensiblemente, su cercanía y su misericordia. Por eso es fuente de verdadera paz interior. El perdón de Dios no conoce límites. Siempre está dispuesto a concederlo.

  1. Oración, ayuno y limosna

En Cuaresma nos preparamos para la Pascua practicando la oración, el ayuno y la limosna. Son tres prácticas propias de la Cuaresma estrechamente vinculadas entre sí y, por tanto, no se pueden separar. Escuchemos a San Pedro Crisólogo en uno de sus sermones: “Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la oración, el ayuno y la misericordia. Porque la oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente. El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros, no posee ninguno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica”.

El papa Francisco actualiza lo que hoy puede significar ayunar, orar y dar limosna: “Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad” (Mensaje de Cuaresma 2019)

“Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación”.

+Manuel Sánchez Monge,

 Obispo de Santander

Mons. Manuel Sánchez Monge
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Mons. Manuel Sánchez Monge nació en Fuentes de Nava, provincia de Palencia, el 18 de abril de 1947. Ingresó en el Seminario Menor y realizó luego los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor Diocesano. Cursó Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo en 1974 la Licenciatura, con una tesina sobre la infalibilidad del Papa y ,en 1998, el Doctorado con una tesis sobre "La familia, Iglesia doméstica". Fue ordenado sacerdote en Palencia el 9 de agosto de 1970. Fue Profesor de Teología en el Instituto Teológico del Seminario de Palencia (1975), Vicario General de Palencia (1999) y Canónigo de la Catedral (2003). Fue ordenado obispo de Mondoñedo-Ferrol el 23 de julio de 2005. En la Conferencia Episcopal Miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada desde 2005 Desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar