No echar en saco roto la Gracia de Dios

Mons. Julián López             Queridos diocesanos:            Estamos a las puertas de un nuevo “ciclo de Pascua” en nuestra vida. El día 6 de marzo, Miércoles de Ceniza, inauguramos el tiempo santo que nos ha de llevar hasta la celebración del Misterio Pascual de Jesucristo y que culminará en la solemnidad de Pentecostés. Empieza, pues, la Cuaresma que desembocará en los días santos de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo y que darán paso, a su vez, a la Cincuentena de vida y alegría del Espíritu Santo.

La Cuaresma es el tiempo austero pero “favorable” (cf. 2 Cor 6,1) del que noshabla la Iglesia con el fin de prepararnos para festejar dignamente el referido acontecimiento pascual. Es un tiempo fecundo, portador de renovación como una primavera espiritual. Por este motivo la Iglesia, al llegar este tiempo, nos llama para que despertemos nuestras conciencias. Todos los fieles sin excepción, comenzando por los sacerdotes y demás ministros ordenados, los miembros de especial consagración y el laicado militante, debemos reavivar nuestro sentido de pertenencia a la comunidad eclesial y, en consecuencia, asumir el gozo y el deber espiritual de corresponder concretamente,cada uno según su estado, a las exigencias de una vida cristiana auténtica.

Como sabéis, este es un tiempo privilegiado para la oración, la práctica penitencial
y el cambio de vida, es decir, para la “conversión” personal y comunitaria. La Iglesia nos invita a examinarnos delante de Dios, a orar más intensamente y a reconciliarnos con Él y entre nosotros para participar con mayor verdad y gozo en la vida cristiana. Desde el referido Miércoles de Ceniza, a lo largo de las cinco semanas que culminarán en la fiesta de Pascua, guiados e instruidos por la palabra divina, nos iremos preparando para revivir la gracia divina que nos hizo hijos de Dios en el Bautismo y nos renueva y alimenta en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.

Hagamos verdad en nosotros los misterios de Cristo paciente, muerto y resucitado,
que vamos a conmemorar un año más esforzándonos con la ayuda de Dios. De ahí el deber moral de practicar la justicia y de ser, en todo momento, honestos y honrados en nuestro trabajo o función privada o pública. De otro modo desperdiciaremos la oportunidad que el Señor nos ofrece. Esto significa “echar en saco roto” su gracia, su misericordia y su ayuda de manera que Él nos pedirá cuentas algún día del mal uso de las oportunidades y llamadas que nos hace para que nos convirtamos volviendo al buen camino.

Permitidme recordaros una de las exhortaciones más apremiantes que encontramos en el Nuevo Testamento: “Amemos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” ( 1 Jn 4,19b-20). Poner en práctica este mandamiento esencial y representativo de todos los demás, es lo que hará auténtica nuestra celebración de la Cuaresma y de la Pascua. No basta recibir la ceniza, acudir a las procesiones o participar en los actos religiosos propios de ambos tiempos. Será la caridad fraterna y social, real y concreta, multiplicada en las buenas obras y unida a la honradez en el trabajo y en los demás deberes personales, la que no solo ofrecerá pruebas de nuestro compromiso de conversión real sino que demostrará también su fecundidad y su
actualidad en toda nuestra existencia. Con mis mejores deseos:

+Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella