Cuaresma 2019

Mons. Josep Àngel Saiz           Hoy comenzamos la Cuaresma del año 2019. En nuestra Catedral del Sant Esperit tendrá lugar el Rito de Elección de los Catecúmenos. En este Rito, los catecúmenos, una vez interrogados ellos y sus padrinos sobre su proceso de maduración en la Fe, dicen uno por uno su nombre y firman en el Libro de los Elegidos. No hace falta repeti que en buena parte de nuestro occidente rico nos encontramos inmersos desde hace tiempo en un proceso de secularización aparentemente imparable. Por eso cada vez hay más adultos y jóvenes que quieren ser bautizados. El Concilio Vaticano II ordenó que se restaurara el Catecumenado bautismal de adultos (cf. Sacrosanctum Concilium, 64), como la institución que, en el seno de la pastoral de la Iniciación Cristiana de la Diócesis, está al servicio del proceso de formación en la fe y en la vida cristiana de aquellos personas que desean recibir el bautismo y su inserción en el misterio de Cristo e incorporación a la Iglesia.

nbsp;Nuestra situación cada vez tiene más semejanzas con la de los cristianos de los primeros siglos, en los que el primer paso para ser cristiano era vivir en una actitud de fe y conversión. La admisión al cristianismo era personal, no multitudinaria, y consistía fundamentalmente en tres aspectos: la entrega a la persona de Jesús y su mensaje, la experiencia de una vida comunitaria y la participación en unas celebraciones sagradas. La conversión es la consecuencia, el final del cambio que ha significado el encuentro con Jesús, con su Evangelio, y con la comunidad. En estos primeros siglos se producen muchas conversiones. En muchas ocasiones se presenta la conversión como un camino de búsqueda por distintos sistemas de pensamiento o filosofías hasta que abrazan la fe cristiana, ya sea a través de la lectura de las Sagradas Escrituras, o  por el impacto testimonial de la vida de los cristianos.

La centralidad de Cristo será una constante. El rito de la iniciación remarcaba especialmente esta centralidad. Constaba de tres sacramentos: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. La significación era trinitaria: el encuentro con Cristo, el sello del Espíritu Santo, y la realización del plan salvífico del Padre. La iniciación cristiana no era solamente la  puerta de ingreso a la vida sacramental y de fe, sino que también significaba el equipamiento para el camino que se empezaba a recorrer.

 En estos primeros siglos, la iniciación al cristianismo era un proceso rico y complejo. Se trataba de algo grande, de gran trascendencia para la vida del catecúmeno, que había que preparar debidamente. La conversión y la fe iban actuando simultáneamente al catecumenado, y culminaban en los ritos de iniciación. Toda la riqueza de la simbología de los sacramentos formaba parte de esa iniciación doctrinal. Los catequistas iniciaban en el misterio a partir de la explicación de los elementos simbólicos y tipológicos: el agua, en la que la persona se sumerge y purifica; la unción con aceite, que fortalece; la imposición de las manos sobre el catecúmeno, y transmiten la gracia; el pan y el vino que comen,  son alimento para el camino.

Comenzamos una nueva Cuaresma. En la admonición sacerdotal (oratio admonitionis) de la misa del I Domingo de Cuaresma del Rito Hispano -el rito que celebraban nuestros antepasados, del siglo V al VIII en la diócesis de Égara- la Liturgia nos instruye sobre el sentido de la Cuaresma: Moisés, Elías y el Señor nos indican lo que debemos hacer, no sólo con sus palabras, sino con sus obras: El primero es Moisés, el legislador, el cual, en el espacio de cuarenta días ascendió a la cumbre de la excelsa montaña del Sinaí. Durante esos días sólo se alimentó de la palabra divina que salía de la boca de Dios. En segundo lugar nos viene Elías, el profeta, que con la fuerza de una sola comida en cuarenta días llegó a lo alto de la montaña. Allí mereció escuchar el mensaje divino relativo a la salvación de los israelitas. El tercero es el mismo Señor nuestro Jesucristo: durante cuarenta días enteros penetró los secretos del desierto y venció todas las tentaciones del diablo. Instruidos, pues, con su ejemplo, esforcémonos por echar de nosotros durante estos cuarenta días toda levadura de corrupción, de modo que podamos transformarnos después en panes ácimos de sinceridad y de verdad.

Oración, ayuno y limosna. Oración, sacrificio y compartir. ¡Santa Cuaresma!

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.