El reto del primer anuncio del Evangelio en una Iglesia Misionera

Mons. Carlos Escribano          La maduración de nuestra Misión Diocesana EUNTES, que vamos desarrollando en comunión, estoy seguro que nos va abriendo horizontes a la hora de plantearnos nuevos caminos de evangelización. Hoy me gustaría poner el acento en una cuestión que creo que es fundamental y que en muchos encuentros y conversaciones con sacerdotes, catequistas y agentes de pastoral, surge siempre como un tema a tener en cuenta. Se trata de la cuestión del “primer anuncio del Evangelio”.

Es verdad que hasta hace no mucho tiempo, no se podría haber hecho una reflexión bajo este título, sencillamente porque no tendría sentido. Entre nosotros, en efecto, la pastoral y la catequesis se concebían de modo estático, organizadas a través de intervenciones dirigidas a los practicantes o a los miembros de nuestras comunidades en distintos procesos catequéticos o de formación cristiana. En tal óptica, el “primer anuncio” se destinaba a los no creyentes que habitaban las tierras de misión, sin que nuestra pastoral se pensara para semejantes destinatarios puesto que en nuestra tierra apenas si existían o no terminábamos de percibirlos como tales. Es verdad que en muy pocos años esto se ha trasformado. Una de las cuestiones que nos han hecho poner en marcha nuestra Misión Diocesana EUNTES, es el hecho de sabernos ante una realidad religiosa complicada, donde no se puede dar nada por descontado. Descubrimos que en la actualidad existe la necesidad del “primer anuncio” del evangelio en nuestra tierra riojana y, en ocasiones, también dentro de nuestras comunidades cristianas (vgr: en los niños y en los  adolescentes  que reciben los sacramentos de iniciación cristiana y en sus familias, o en los novios que se preparan para casarse).

Con motivo del Año de la Fe, el Papa Benedicto XVI,  nos recordaba que tan importante como cultivar y trasmitir los contenidos de la fe, que intentamos desarrollarlos en procesos catequéticos o en itinerarios formativos, es cuidar el acto de fe, que surge como respuesta al primer anuncio y que hace que decidamos comenzar a seguir a Jesucristo con plena libertad. (Cfr. Porta Fidei 10).

A la hora de hablar de “primer anuncio” podríamos entenderlo en una doble vertiente: como un estilo, según el cual, se propone la Iglesia y como una práctica evangelizadora concreta.

En el primer supuesto, más que una acción entre tantas otras, con el “primer anuncio” estamos adentrándonos en un estilo de hacer las cosas, que describe y define el comportamiento que la Iglesia en su conjunto asume en las situaciones de frontera, de encuentro con la realidad y con las personas que están en situaciones externas a sus círculos habituales; los que denominamos alejados y ausentes (Cfr. Francisco, Evangelii Gaudium 14). Esto genera una mentalidad, un estilo de presentarnos y de intervenir como Iglesia ante una sociedad postcristiana, que debe ser particularmente cuidada puesto que, casi sin quererlo, es la imagen y el primer contacto que muchos de nuestros contemporáneos tienen con nosotros.

En el segundo caso, el “primer anuncio” puede ser entendido como una acción pastoral concreta en la práctica cotidiana con personas y grupos particulares. Podríamos definirla como “aquellas acciones evangelizadoras específicas, espontáneas u organizadas, realizadas por personas o grupos con el fin de proponer el mensaje nuclear del Evangelio –Cristo resucitado, mediador de la comunión con Dios– a quienes no conocen a Jesús, a los que habiéndole conocido se han alejado y a quienes piensan que lo conocen pero viven con una fe superficial; lo proponen, en fin, con la intención de suscitar en ellos ese interés por Jesucristo que puede conducir a una primera conversión y adhesión a la fe o a un despertar y renovación de la fe en Él”. (Conclusiones del “XI Congreso de los Obispos europeos y de los Directores nacionales de Catequesis” sobre la comunidad cristiana y el primer anuncio (Roma, 4-7 Mayo 2009)”. Desarrollar estas acciones pastorales concretas, va a suponernos un esfuerzo que debe conducirnos a incrementar la calidad a la hora de proponer nuestros procesos catequéticos y a crear un pórtico adecuado donde tratemos de manera creativa y pedagógica el “primer anuncio del Evangelio”.

Así pues, ambas vertientes de lo que entendemos por “primer anuncio”, van a ser muy útiles a la hora de seguir desarrollando nuestra Misión Diocesana EUNTES, especialmente a la hora de diseñar “estrategias pastorales” que nos permitan renovarnos y ser creativos, al adentrarnos en el anuncio del Evangelio a los alejados y ausentes de nuestras ciudades y pueblos riojanos.

+ Carlos Escribano Subías

Obispo de Calahorra y La Calzada – Logroño

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.