Santos de la puerta de al lado

Mons. Celso Morga      Queridos fieles:                             Haciendo la Visita Pastoral por el arciprestazgo de Zafra, he conocido tantas realidades hermosas, pero escondidas, de gente que se entrega, reza, trabaja y ama al Señor y a su Iglesia desde el silencio, la alegría, la naturalidad y la sencillez. He aprendido tanto y agradezco al Señor tantas lecciones de vida cristiana y de santidad, que si no las vives y experimentas parece que no existen de escondidas que están. Al bien, efectivamente, no le gusta hacer ruido.

He aprendido tanto de los sacerdotes que me han acogido, mostrándome con sencillez su trabajo y las dificultades que comporta su vida hoy, pero también con alegría por los frutos de su actividad pastoral, convencidos que es el Señor quien da el incremento. He aprendido de los fieles laicos más cercanos y comprometidos en las actividades de la parroquia, que acompañan al sacerdote y lo ayudan, sea quien sea, con una fidelidad avalada, en algunos casos, por muchos años de servicio ininterrumpido en los consejos parroquiales, en cofradías y hermandades, en la catequesis, en la liturgia, en Cáritas, en la atención a los enfermos, en la limpieza del templo, en los coros parroquiales… He aprendido de las comunidades religiosas que he visitado y que me han acogido con gran delicadeza y cariño. He aprendido de los niños con su sencillez y naturalidad, haciéndome preguntas variadísimas sobre todo lo humano y lo divino. He aprendido, sobre todo, de enfermos que he ido a visitar en todas las parroquias. Mujeres y hombres, en la mayoría de los casos ya ancianos y algunos muy ancianos, que han trabajado duro en casa, en el campo o en la mina, cuando aún los derechos de los trabajadores no estaban ni medio claros y la situación económica de nuestro país era muy precaria, que están ahora en sus casas, con enfermedades de todo tipo, atendidos con un cariño enorme por sus hijas e hijos u otros familiares. He visto la alegría en sus ojos y las muestras de cariño y afecto hacia el Obispo y, sobre todo, su gozo por recibir el sacramento de la Comunión.

Me he avergonzado por mi falta de fe y de correspondencia al Señor. Me he sentido muchas veces un enano en la fe y en el amor en comparación con ellos. Son personas que sufren de verdad, que tienen enfermedades no inventadas, que, en muchos casos, no pueden caminar, pero con una dignidad humana y sobrenatural que sobrecoge. Y después de la Comunión, he visto y oído cómo rezan el “Alma de Cristo, santifícame; Cuerpo de Cristo sálvame; Agua del costado de Cristo, purifícame… En la hora de la muerte, mándame ir a Ti”.

Agradezco profundamente a los sacerdotes y a los fieles que los visitan, les llevan la Comunión, los atienden, también en las residencias de ancianos que he podido visitar. He vuelto a casa después de las visitas pastorales muchas veces removido por dentro ante estos ejemplos de vivencia de la fe de nuestros mayores tan natural y sencilla en medio del dolor. He ahí un ejemplo de los santos de la puerta de al lado.

+ Celso Morga Iruzubieta

Arzobispo de Mérida-Badajo

Mons. Celso Morga Iruzubieta
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Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.