Iglesia: santidad y pecado

Mons. Celso Morga           La vida cristiana no es originalmente un elevarnos nosotros hasta Dios, una búsqueda afanosa para llegar a una idea de Dios que, más o menos, nos convenza y satisfaga, sino que es Dios, en su Trinidad de Personas, quien se nos revela y viene hasta nosotros, criaturas suyas. A ninguna mente humana hubiera podido venirle al pensamiento la Encarnación del Hijo de Dios, ni la Trinidad, si Dios no lo hubiera revelado.

Por eso, la Iglesia no es un invento humano, ni una ONG moderna que predica la filantropía, la igualdad y la solidaridad entre todos los seres humanos. Eso es mucho, pero la Iglesia en su esencia, en su ser íntimo, no es solo eso. Si estudiamos toda la Historia de la Iglesia nos vamos a encontrar el acto fundacional por parte de Jesucristo con la elección de los Apóstoles, con el anuncio de la Buena Noticia, con su muerte y resurrección, pero ahí no está todo. Nuestro Señor, después de su resurrección, no dice a los Apóstoles y discípulos que vayan inmediatamente a predicar y bautizar, sino que esperen la llegada del Espíritu Santo. La Iglesia es la obra conjunta de la Trinidad beatísima. Y el día de Pentecostés vino efectivamente sobre ellos la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Ahí empieza la Iglesia su andadura; ahí está la primerísima Iglesia: los Apóstoles, María y otras personas anónimas que habían creído en Jesús. Pero Pentecostés no es un acontecimiento que está sólo al inicio: es un acontecimiento que permanece en el tiempo, mientras dure la Iglesia.

En la Iglesia, Cuerpo de Cristo, está actuando permanentemente el mismo Espíritu del que habla Jesús en la sinagoga de Nazaret y el mismo que vino sobre María y los Apóstoles en el Cenáculo de Jerusalén.

El tiempo de la Iglesia es el tiempo “del año de gracia del Señor” (Lc 4, 19). Por eso, en la Iglesia, nunca han faltado los santos ni faltarán. En todas las épocas, en todos los lugares, aunque haya también muchos pecados y todos seamos pecadores. En la Iglesia ha habido y habrá siempre como cuatro realidades simultaneas: pruebas y ataques que vienen de fuera de la Iglesia; debilidades y pecados de sus miembros, que viene de dentro; acción de Cristo y de su Espíritu, invisibles y permanentes y, como consecuencia de esa acción, santas y santos. A propósito de la segunda realidad – la debilidad y pecados de sus miembros – os invito a rezar, durante estos próximos días, por la reunión convocada por el Papa con los presidentes de la conferencias episcopales de todo el mundo para tratar de los abusos sexuales en la Iglesia. La convocatoria, en palabras del santo Padre, tiene dos objetivos: el primero, es tomar conciencia de la gravedad del problema y el segundo objetivo ofrecer a los obispos claridad en cuanto al modo de proceder, si se producen esas situaciones.

Os pido que, en estos días, recéis por la Iglesia, que améis a la Iglesia, que renovéis y aumentéis ese amor por la Iglesia como rostro sobre el cual resplandece la luz de Cristo (cf. LG 1), aunque haya pecados y escándalos, pero hay también siempre la posibilidad de perdón y redención con la oración y los sacramentos, que son como la humanidad de Cristo, que podemos tocar.

Me vienen a la mente las últimas palabras de Teresa de Jesús: “muero como hija de la Iglesia”, aunque algunos miembros eminentes de la Iglesia la hicieran tanto sufrir. ¡Eso es un misterio! Pero lo importante en la Iglesia no es lo que hacemos nosotros sino lo que hace el Padre en Cristo por su Espíritu y lo que hacen también, en Cristo, María y todos los santos.

 

+ Celso Morga Iruzubieta

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
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Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.