Abrir las puertas de nuestros templos

Mons. Francisco Conesa           Un signo de que somos Iglesia de puertas abiertas es mantener las puertas de nuestros templos abiertas el mayor tiempo posible. Es triste encontrar que muchas iglesias abren sólo el tiempo indispensable para que se puedan celebrar los actos de culto. Durante el resto del día, los feligreses no tienen la oportunidad de entrar al templo para rezar o realizar una visita al Sagrario. Una iglesia que, por sistema, tiene las puertas cerradas da la impresión de algo que está muerto.

El Papa Francisco escribió en “Evangelii Gaudium” que “uno de los signos concretos de esa apertura es tener templos con las puertas abiertas en todas partes. De ese modo, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas” (n. 47). Y en una de la audiencias dijo que “las iglesias, parroquias e instituciones con las puertas cerradas, no se deben llamar iglesias, se deben llamar museos” (9-9-2015).

Sé que es difícil mantener abiertas todo el día las puertas de las iglesias, porque el temor a que se produzcan robos o se deterioren las cosas, recomienda que no se deje el templo sin vigilancia, y los sacerdotes no pueden estar todo el día pendientes de ello. Por eso, para mantener abiertas las puertas, se requiere la ayuda de los seglares. Me consta con satisfacción que hay parroquias que han formado un grupo de seglares que se van turnando para tenerla abierta.

En la antigüedad existía un oficio singular dentro de la comunidad que se llamaba “ostiario” (de la palabra latina “ostium”, que significa “puerta”). El ostiario era el que abría las puertas y acogía a la gente. Hasta la reforma del Concilio Vaticano II era una de las órdenes menores que se recibía antes del presbiterado. Hoy sería necesario revitalizar este servicio eclesial: que hubiera personas dispuestas a tener abiertos los templos, a acoger, escuchar y atender a todo el que lo requiera, para que todos puedan sentir que la Iglesia es casa acogedora.

En las orientaciones para la pastoral del turismo que emitió recientemente el Consejo de Pastoral de la Diócesis se recomienda ser hospitalarios y brindar al visitante una acogida cordial, tratándole con dulzura y respeto. Se sugiere también la formación de grupos de acogida: “sería conveniente que algunos miembros de nuestras comunidades se encargaran del ministerio de acogida, saludando en nombre de la comunidad a las personas que vienen a nuestras celebraciones y acogiéndolas en la misma”.

Las puertas abiertas de nuestros templos son un signo precioso de lo que quiere ser nuestra Iglesia. ¡Ojalá encontremos fórmulas para mantenerlas abiertas!

 

+ Francisco Simón Conesa Ferrer

Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.