9 de marzo: beatificación de los Seminaristas Mártires de Oviedo

El cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, presidirá la ceremonia de beatificación de los Seminaristas Mártires de Oviedo el próximo sábado, 9 de marzo, en la catedral de Oviedo, a las once de la mañana.

Esta Congregación hizo pública, el pasado 7 de noviembre, la aprobación por parte del Papa Francisco, de los Decretos de Martirio de los Siervos de Dios Ángel Cuartas Cristóbal y ocho compañeros mártires, todos ellos estudiantes en el Seminario de Oviedo. Fueron asesinados por odio a la fe en el periodo comprendido entre 1934 y 1937,  teniendo el mayor 25 años y el más joven, 18.

¿Quiénes eran?

Ángel Cuartas Cristobal. Nació en 1910 en una familia humilde de Lastres. Entró en el Seminario en 1923. Era subdiácono y estaba en quinto de Teología, fue fusilado el 7 de octubre de 1934. Tenía 24 años.

Gonzalo Zurro Fanjul. Nació en 1912 en Avilés. Pronto marchó a Figaredo (Mieres), donde su padre entró a trabajar en la mina. Ingresó en el Seminario en 1925. Poseía de grandes dotes intelectuales y era amante de las misiones. Estudiaba segundo de Teología. Fue el primero en morir, el 7 de octubre de 1934. Tenía 21 años.

José María Fernández Martínez. Nació en 1915 en Muñón Cimero (Pola de Lena). Su abuelo y su padre fueron sacristanes. Entró en el Seminario en 1927. Estudiaba primero de Teología. Lo fusilaron el 7 de octubre de 1934. Tenía 19 años.

Sixto Alonso Hevia. Era el mayor de once hermanos, y vivía en Luanco. Sixto nació en 1916 e ingresó en el Seminario en 1929. Había concluido tercero de Filosofía cuando comenzó la guerra. Fue apresado, movilizado y enviado al frente en el Puerto de Ventaniella, entre Ponga y León. Allí, el 27 de mayo de 1937 fue degollado mientras clamaba a Dios. Tenía 21 años.

Manuel Olay Colunga. Nació en 1911 en Noreña. Entró en el Seminario en 1926. Fue apresado durante la guerra, estuvo en Gijón y posteriormente lo llevaron a fortificar en San Esteban de las Cruces. Era subdiácono e iba a cursar quinto de Teología. Le dispararon a distancia en Villafría (sobre San Lázaro) el 22 de septiembre de 1936. Tenía 25 años.

Luis Prado García. Nació en 1914 en San Martín de Laspra, hoy Piedras Blancas. Fue sacristán de la parroquia. Entró en el Seminario en 1930. Durante la guerra, se escondió con unos familiares en Avilés, pero fue descubierto y llevado a Gijón. El 4 de septiembre de 1936 le pegaron once tiros, mientras gritaba: ¡Viva Cristo! Tenía 21 años.

Juan José Castañón Fernández. Nació en 1916 en Moreda de Aller. Estudió en el Colegio de La Salle en Caborana. Fue el sacerdote don Custodio Álvarez quien animó su vocación. Ingresó en el Seminario en 1928. Cursaba tercero de Filosofía. Lo ejecutaron el 7 de octubre de 1934. Tenía 18 años. Era el más joven de todos.

Jesús Prieto López. Nació en 1912 en La Roda (Tapia de Casariego). Su familia campesina tuvo once hijos. Entró en el Seminario en 1925. El párroco le pagaba los estudios. En las vacaciones trabajaba en casa y daba catecismo a los niños. Era alumno de tercero de Teología. Lo ejecutaron el 7 de octubre de 1934. Tenía 22 años.

Mariano Suárez Fernández. nació en 1910 en El Entrego. Su padre era capataz de minas. Ingresó en el Seminario en 1924. Estaba en cuarto de Teología. Lo mataron el 7 de octubre de 1934. Tenía 23 años.

Actividades con motivo de las beatificaciones

El Seminario Metropolitano se encuentra desarrollando un programa de actividades a partir de la beatificación de los Seminaristas Mártires del próximo 9 de marzo. Entre otras se encuentran una exposición que recoja datos y objetos que se conservan de los jóvenes mártires y una conferencia con el Vicerelator de la Causa en Roma, el padre Fidel González. Además, las actividades para jóvenes como la Marcha a Covadonga estarán centradas también en ello.

Una historia de amor

Por Manuel Robles Freire, Delegado episcopal para las Causas de los Santos

La historia de estos nueve seminaristas asturianos bien podría ser contada por un novelista católico. Y es que esta desgracia que es la violencia sobre las personas inocentes siempre es un buen argumento para aprender a no tropezar en la misma piedra. También habría que contar cómo la gracia de Dios se abre paso, para dar la vida, a los que creen en la vida eterna, y para dar vida a los que todo lo quieren resolver con la violencia y la muerte.

En estos tiempos nuestros, ramplones y arrugados, ya sé que no está de moda lo sobrenatural, y tampoco olvidar y perdonar. Pero estos chavales nos recuerdan que la fe no es una antigualla del pasado, sino algo actual y puede que contagioso, porque estas historias siguen ocurriendo en nuestro tiempo.

Me estoy refiriendo a la vida y muerte de nueve jóvenes de Asturias, que el próximo 9 de marzo serán beatificados en la Catedral de Oviedo. Y es que, como ha dicho el Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, “en todo momento se mantuvieron firmes en la fe y en la esperanza, y rezaron el rosario, hicieron diversos ofrecimientos, algunos se confesaron pensando que aquél sería su último día. Y la Positio recoge que el motivo de su asesinato fue la animadversión a la religión, conocido como el odium fidei”.

Algunos de mis lectores escépticos pensaran que los católicos siempre hacemos lo mismo: que hilamos las cosas, usamos el repetido Deus ex machina, para fabricar sueños que nada tienen con la realidad. No es así. Porque la realidad es que la grandeza de alma sigue existiendo, en todo hombre, y también en la gente joven hay una fuerza, que es la fe, que va más allá del sexo, la apariencia , y el dinero. Estos jóvenes –que van a ser beatificados– son testigos de lo que puede un alma, incluso un alma enamorada. Y con sus vidas, y totalmente en serio le cantaron a Dios, aquello de “una vez nada más se ama en la vida”. Benditos sean.

(Iglesia en Asturias)

Agencia SIC
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