Saber escuchar

Mons. Francisco Conesa           Una Iglesia de puertas abiertas es una Iglesia que escucha. Resulta paradójico que en la era de la comunicación hayamos perdido la capacidad de escuchar al otro. Tenemos a nuestra disposición mil maneras de entrar en contacto con los demás. El teléfono móvil, el whatsapp o el correo electrónico forman parte de nuestra rutina diaria. Y, sin embargo, cada vez es más difícil algo tan sencillo como establecer un diálogo cordial y sincero con otras personas. Según mi parecer el motivo de ello es que no nos escuchamos.

Para saber escuchar hay que aprender primero a hacer silencio, acallando lo que no importa y aguzando el oído para lo que de veras es fundamental. Y hay que tener también mucha paciencia pues escuchar exige muchas veces saber esperar el momento, no acelerar los procesos de las personas, aguardar hasta que surja la palabra precisa y oportuna. Supone también capacidad para acoger y respetar, para buscar la verdad con los otros. Escuchar no es sólo recoger informaciones, sino una actitud interior de acogida de lo que el otro dice, de disponibilidad para comprender y de humildad para aprender.

Cuando la Iglesia escucha no hace otra cosa que imitar a Dios, que ha escuchado el dolor del ser humano y se ha compadecido de él. Dios es siempre alguien a quien le preocupa la situación del hombre y le escucha. “He escuchado el clamor de mi pueblo”, dice Dios en el Éxodo (3, 7).

Sin embargo, con frecuencia a los cristianos nos cuesta escuchar. Muchas veces domina en nosotros la tendencia a ofrecer respuestas pre-confeccionadas y recetas preparadas, sin dejarnos interpelar realmente por las preguntas que nos dirige, por ejemplo, todo el mundo de los jóvenes o el de los no creyentes. Nos cuesta de modo particular escuchar la voz de los que no tienen voz, de los empobrecidos y marginados.

El Concilio Vaticano II propuso una Iglesia que estaba a la escucha del mundo y que estaba atenta, particularmente, a los signos de los tiempos. Es tarea de toda la Iglesia auscultar en la vida de las personas y las culturas los signos en los que Dios sigue dialogando con su esposa, la Iglesia. Escuchar hace crecer a la Iglesia.

Si queremos ser Iglesia de puertas abiertas necesitamos poner en marcha iniciativas de escucha. Los obispos y sacerdotes deberíamos descargar nuestras agendas y dedicar tiempo simplemente a escuchar con atención. Necesitamos también personas consagradas y laicos que tengan el carisma de la escucha y del acompañamiento. La comunidad cristiana tiene que ser una alternativa a una sociedad en la que somos bombardeados por muchos mensajes pero que ha perdido la capacidad de escuchar.

 

+ Francisco Simón Conesa Ferrer

Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.