La pedagogía del caracol

Mons. Àngel Saiz Me­ne­ses          Desde hace unos cuantos años es frecuente encontrar personas en las reuniones de trabajo que están en todo momento pendientes del celular, envían mensajes, “wasapean”, y son incapaces de esperar a que acabe la reunión para comprobar si tienen algún mensaje. Un síndrome que nos va contagiando a todos progresivamente. Vivimos unos tiempos en los que lo que se lleva es el acceso a toda la información y a las noticias en tiempo real. Estamos convencidos de que nos irá mejor si estamos conectados en red con todo el mundo. Se está convirtiendo en un mito indiscutible esta hiperconexión e hipercomunicación en tiempo real, que cada vez se vive más como algo imprescindible, y que nos lleva a perder la capacidad de “saber esperar”. Ciertamente, en nuestra sociedad, queremos tenerlo todo y enseguida. Después también nos cansamos de todo enseguida.

Desde el ámbito de la pedagogía hace tiempo que detectaron el problema y se aplican para encontrar soluciones. Recientemente leí un libro muy interesante titulado “La pedagogía del caracol”, del italiano Gianfranco Zavalloni, director de un centro escolar después de haber trabajado durante dieciséis años como maestro de educación infantil. Según él, “vivimos en la época del tiempo sin espera”. Una de las diferencias que se da entre niños y adultos consiste en el hecho de que los niños viven según el principio del placer, del quererlo todo y ahora mismo, mientras que los adultos viven según el principio de la realidad, que implica hacer sacrificios hoy para disfrutar mañana. En esto están de acuerdo las diferentes teorías psicológicas. Pues bien,  Zavalloni tiene la impresión de que en la actualidad los adultos viven cada vez más como los niños, es decir, según la actitud de quererlo todo enseguida. Ello se debe al consumismo exacerbado que impera en nuestra sociedad y que contagia al mundo de los adultos.

La pregunta es: ¿Seremos capaces de volver a encontrar los tiempos naturales, de poder esperar una carta, de plantar una semilla y contemplar el crecimiento de un árbol? Para empezar, será preciso cambiar no pocos criterios y aplicarse en un modelo educativo sustancialmente diferente. Padres, maestros, catequistas, animadores, sacerdotes, todas las personas que participamos en el proceso educativo nos podemos inspirar en las sugerencias de la pedagogía del caracol y podemos reflexionar sobre el sentido del tiempo educativo y sobre la necesidad de adoptar estrategias didácticas con ritmos más serenos y consecuentes con la naturaleza misma. En esta sociedad nuestra en que prima la velocidad, en que lo necesitamos todo y ahora, corremos el peligro de acabar atrapados por el estrés y la ansiedad. Hemos de recuperar el valor del proceso, del camino, con toda su riqueza; hemos de recuperar el valor de las pequeñas cosas que conforman la vida, valorarlas, dedicarles tiempo. Hemos de alcanzar el equilibrio y la armonía entre los distintos elementos de la vida: oración, trabajo, formación, descanso.

El libro del Eclesiastés nos dice: “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo” (3,1). Como cristianos no sólo estamos llamados a vivir actitud humana de esperar, sino también la virtud teologal de la esperanza. El apóstol Santiago recuerda en su carta: «Mirad al labrador; espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones porque la venida del Señor está cerca» (St 5, 7-8). La imagen es muy clara y expresiva: después de la siembra pasan unos meses de espera porque la semilla ha de cumplir su ciclo vital. El agricultor ha de combinar y respetar los tiempos. Todo en su medida, todo a su tiempo, harmonizando  los diferentes elementos, para que al final el fruto pueda ser abundante. Que el Señor nos ayude a vivir nuestro tiempo con sentido y eficacia.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa.

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.