La dignidad de toda vida humana

Mons. Ca­si­mi­ro Ló­pez Llo­ren­te           Como fruto del Jubileo de la Misericordia, nuestra Diócesis puso en marcha el “Proyecto sí a la vida, Hogar de Nazaret”. Su fin es acompañar a adolescentes embarazadas y ayudarles en la acogida de la vida que llevan en su seno.

El derecho a la vida es un derecho, que corresponde a todo ser humano; es su primer derecho, condición para todos los demás. La vida de todo ser humano, en cualquier fase de su desarrollo, desde su fecundación hasta su muerte natural es inviolable. El respeto y la defensa de toda vida humana es la primera expresión de la dignidad inviolable de toda persona. Toda vida humana siempre ha de ser acogida y protegida por todos. Las cosas tienen un precio, pero las personas tienen una dignidad que no tiene precio.

Es responsabilidad del Estado, de la Iglesia y de la sociedad acompañar y ayudar a quienquiera que se encuentre en situación de grave dificultad, para que nunca sienta a un hijo como una carga, sino como un don, y no se abandone ni se descarte a las personas más vulnerables y más pobres: enfermos incurables, discapacitados, ancianos, niños no nacidos.

Ante la ‘cultura de la muerte’ y la actual mentalidad utilitarista, que propugnan descartar seres humanos, si son física o socialmente más débiles e improductivos, nuestra respuesta es un ‘sí’ decidido y sin titubeos a la vida. La vida de todo ser humano es un bien en sí mismo. En el ser humano frágil los cristianos estamos invitados a reconocer el rostro de Cristo. Cada niño no nacido, pero condenado injustamente a ser abortado, cada enfermo, cada discapacitado y cada anciano, aunque esté enfermo o al final de sus días, lleva en sí el rostro de Cristo. No nos pueden ser indiferentes ni pueden ser marginados o descartados. Los cristianos estamos llamados a ser testigos y difusores de la cultura de la vida humana frente a los desafíos de nuestro tiempo. Cada vida es un don de Dios y una responsabilidad nuestra. El futuro de la humanidad de nuestra sociedad depende del modo en que sepamos responder a estos desafíos. Esto no sólo requiere palabras sino también hechos; y pide conquistar espacio en el corazón de los hombres y en la conciencia de la sociedad.

 

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
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Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.