Enfermos

Mons. Celso Morga           La Jornada Mundial del Enfermo fue instituida por el papa San Juan Pablo II el 13 de mayo de 1992. Fue elegida esta festividad de la Virgen de Lourdes en “cuanto lugar y símbolo de esperanza y de gracia, en el signo de la aceptación y del ofrecimiento del sacrificio salvífico”.

Cierto que, en Lourdes, se han producido muchas curaciones, algunas reconocidas como milagrosas por la Iglesia, pero, sobre todo, la Virgen Inmaculada pidió a santa Bernardita la conversión del corazón, la oración y el amor hacia todos, sobre todo, hacia   los enfermos. Aquella fuente que brotó, por indicación expresa de María, de las manos de Bernardita, excavando en la tierra y después en el barro, ha sido fuente de consuelo y esperanza y, en algunos casos, de curación física para millares de enfermos desde 1884, pero no olvidemos los años finales de la vida de santa Bernardita, que invitada por sus superioras para acercarse desde el convento hasta Lourdes para su curación repetía: “Esa agua no es para mí”. Ella estaba convencida que el Señor le pedía la aceptación voluntaria de su enfermedad, hacer de su vida un holocausto. Esto no puede entenderse sino a la luz de la fe.

Celebrando hoy el 27 año consecutivo de la Jornada Mundial del Enfermo, el papa Francisco nos propone la gratuidad como desafío al individualismo. El versículo evangélico, elegido para esta Jornada, está tomado del capítulo 10 de San Mateo: “Gratis habéis recibido; dad gratis” para remarcar que la generosidad desinteresada está en el origen del ministerio evangelizador confiado por el Señor a los Apóstoles y que, por tanto, debe estar también en el origen de todos los servicios en la Iglesia; con mayor razón, del servicio de acompañamiento a los que sufren la enfermedad: “El cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta ´querida´”.

Esa gratuidad se aprecia ya en el mismo acto creador de Dios, que da a cada uno la vida, o en el tocar con fe el manto del Maestro, como hemos escuchado en las lecturas del día.

Cuando se parte de la gratuidad en el servicio no se considera la otra persona “como una mera posesión o una propiedad privada”. De ahí la llamada, por parte de la Iglesia, al mundo de la medicina y de la biotecnología a rehusar las tentaciones manipuladoras a las que a menudo están expuestos.

El Papa usa también, en su mensaje de este año, la metáfora de la condición de la vida neonatal para decir que todos, para existir, tenemos necesidad de atenciones y de la ayuda de los demás, en todas las fases de la existencia. Reconocer tal verdad de base nos ayuda a “permanecer humildes y a practicar con decisión la solidaridad, en cuanto virtud indispensable de la existencia”. Al fin y al cabo, es Dios mismo quien nos da su gracia, habiendo mandado a su Hijo a inclinarse “sobre nuestra pobreza para ayudarnos y regalarnos aquellos bienes que por nosotros mismos nunca podríamos tener”.

La celebración solemne este año en la ciudad de Calcuta (India) da pie al papa Francisco para recordar el ejemplo de santa Teresa de Calcuta «modelo de caridad que hizo visible el amor de Dios por los pobres y enfermos”.

Nuestra Señora de Lourdes nos inspire esa atención gratuita a los enfermos, llena de solicitud por cada uno y cada una en nuestra tarea de voluntariado cristiano: que este servicio se de verdad amor gratuito a todos.

 

+ Celso Morga Iruzubieta

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
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Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.