El cuidado a los enfermos es un testimonio evangelizador y de esperanza

Mons. Rafael Zornona            El 11 de febrero celebramos en la Iglesia la Jornada Mundial del Enfermo. La Iglesia, como madre, piensa sobre todo en los enfermos. El Papa nos recuerda “que los gestos gratuitos de donación, como los del Buen Samaritano, son la vía más creíble para la evangelización” y que “el cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta “querida”.

La vida es un don de Dios y “no se puede considerar una mera posesión o una propiedad privada, sobre todo ante las conquistas de la medicina y de la biotecnología, que podrían llevar al hombre a ceder a la tentación de la manipulación del “árbol de la vida” (cf. Gn 3,24)”. En el don se refleja el amor de Dios, que culmina en la encarnación del Hijo, Jesús, y en la efusión del Espíritu Santo. Este don es capaz de desafiar el individualismo y la cultura del descarte, e impulsar nuevos formas de cooperación humana entre los pueblos.

Cada hombre es necesitado e indigente desde su nacimiento. Somos criaturas siempre necesitadas, radicalmente pobres, por lo que hemos de ser humildes para recibir y para dar, y reconocer que la solidaridad es algo imprescindible, una condición para vivir. Dios mismo se vuelca sobre nosotros porque ve nuestra indigencia y debilidad.  Su ejemplo nos guía para acompañar a los que sufren con comprensión y ternura.

Quienes cuidan a los enfermos y los voluntarios lo saben bien. Su atención desinteresada es un testimonio que evangeliza y un portador de esperanza. El voluntariado nace de la donación y la relación, fortalece la solidaridad, proporciona alegría y nos muestran la fuerza de la gratuidad. Gracias, amigos voluntarios, colaboradores de la pastoral de enfermos, por vuestra inestimable ayuda, por vivir la espiritualidad del Buen Samaritano: que no falte en ninguna parroquia, en ningún hospital o residencia de ancianos. Gracias por vuestra constancia. El Señor os regala un corazón misericordioso, sensible al dolor y a los necesitados, un corazón semejante al suyo que crea un estilo de vida. Os invito a cuantos trabajáis en equipos parroquiales a seguir en esta ilusionante tarea, profundizando en vuestra formación, en la oración y el encuentro que os hace más eficaces.

Que os acompañe la Virgen María, que invocamos como “Salud de los enfermos”, donde aprendemos a darnos con un corazón generoso, a servir con alegría y a acompañar con ternura a los que padecen cualquier enfermedad.

 

+ Ra­fael Zor­no­za Boy

Obis­po de Cá­diz y Ceu­ta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.