Bendición y maldición

Mons. Cé­sar Fran­co          Hay pasajes de la Biblia que, gracias a su sencillez y expresividad, se clavan en el alma con la fuerza de un dardo. El profeta Jeremías dice en la liturgia de este domingo: “Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; …Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua” (Jer 17,5-8). Para entender este paralelismo, el profeta ofrece la siguiente clave: “Nada hay más falso y enfermo que el corazón del hombre, ¿quién lo conoce?”. Es posible que muchos lectores piensen que el profeta era un escéptico pesimista en su consideración sobre el hombre. Sin la confianza en los demás es imposible vivir, trabajar, amar. ¿Cómo no vamos a confiar en el hombre?  Dios mismo nos ha creado solidarios, abiertos a la comunicación y a la donación de nosotros mismos.

El mensaje del profeta parte de la experiencia del corazón humano, que tiende a buscar la seguridad donde no se encuentra. Se aferra a los afectos desordenados, a los sentimientos del momento, y puede pensar —voluntaria o inconscientemente— que la seguridad última, lo que llamamos salvación o felicidad plena, reside en el poder del hombre. Se olvida con frecuencia que el corazón del hombre está enfermo. Cada día lo atestiguan los hechos: amistades rotas, amores destrozados, relaciones frustradas. Hasta el ámbito más natural para la confianza —la familia— puede convertirse en un infierno cuando se desata el egoísmo y la violencia por el deseo de dominar al otro. Jeremías sabe que sólo quien echa raíces en Dios y vive cada día arraigándose en él es digno de bendición. Por el contrario, quien idolatra al hombre, o a sí mismo, será como un cardo en la estepa. Decía san Agustín que el hombre bienaventurado es el que echa raíces en el cielo y desde allí crece hacia la tierra. También de esto tenemos sobrada experiencia gracias al testimonio de personas que viven así.

Jesús recoge esta enseñanza en las bienaventuranzas de Lucas, donde contrapone la felicidad a la desgracia de una vida frustrada. Para Jesús, son felices los pobres, los que pasan hambre, los que lloran, los que son proscritos por causa de él. ¿Cómo es posible afirmar esto? ¿No luchamos para que desaparezca la pobreza, el hambre, el sufrimiento? Entonces, ¿cómo puede llamar felices a estos grupos de personas? Porque el profeta supone que, en las pruebas, ponen su confianza en Dios, que siempre tiene la última palabra. El Dios de la misericordia y la justicia.

Por el contrario, Jesús considera desgraciados a los ricos, saciados, alegres vividores, y a cuantos el mundo adula. Despreocupados del dolor y sufrimiento ajenos, Jesús les advierte del peligro que les acecha si consideran que su felicidad depende de lo que este mundo les ofrece. En toda esta enseñanza subyace una concepción hedonista de la vida, que ha perdido de vista la trascendencia, la vida del más allá, el juicio último de Dios. Jesús dramatiza este contraste entre la bienaventuranza y la malandanza en la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro. El secreto de una vida feliz es comprender que el corazón puede jugarnos malas pasadas, porque está enfermo y se aparta con frecuencia de la verdad: es falso y mudable. Ser feliz o desgraciado depende de la orientación que demos a nuestra vida en razón del destino último al que somos llamados. Por eso Jesús dice que no se puede servir a Dios y a las riquezas, porque son dos señores incompatibles y enemistados de raíz. Por eso, el olvido de Dios es la mayor desgracia que puede suceder al hombre, porque es pretender dar frutos en tierra árida.

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983.CARGOS PASTORALESFue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996).El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año.Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”.El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017.Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).