Sesenta años con las “MANOS UNIDAS”


Mons. Bernardo Álvarez           Llevamos 60 años con las “MANOS UNIDAS” en la lucha contra el hambre en el mundo. Con la llegada de febrero se acentúa la campaña de sensibilización y recaudación de fondos para realizar los distintos proyectos programados en favor de las personas que sufren la pobreza en amplias regiones del mundo. Han sido millones de personas las que se han beneficiado de la acción eficaz de MANOS UNIDAS, pero el trabajo continúa. La ONU habla de más de 1.300 millones de personas que viven en situación de pobreza severa, personas que siguen necesitando de nuestra solidaridad. Una de cada nueve personas en el mundo padece hambre y una de cada tres, malnutrición.

A todos nos impactan las catástrofes naturales que producen grandes daños en las personas y en los bienes. Lo medios de comunicación se encargan de tenernos informados al minuto. Pero, de lo que no se nos informa con tanta frecuencia es que hay países que viven en “catástrofe permanente”, no por fenómenos naturales, sino por los comportamientos humanos.

“La pobreza -nos dice el Papa Francisco- nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada […] Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados… a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad”.

Esta respuesta que pide el Papa, ha marcado siempre el ser y el hacer de MANOS UNIDAS, que -no está por demás recordarlo-  es una Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo en los países más pobres. A su vez, en el ámbito de la sociedad en general, es una ONG católica, de voluntarios, seglares, sin ánimo de lucro y de carácter benéfico. Actualmente cuenta con más de 76.000 socios. Pero, MANOS UNIDAS somos también todos lo que con nuestras aportaciones voluntarias hacemos posible que cada año se recauden los millones de euros (casi 49 en 2017) con los que se realizan los proyectos humanitarios (570 proyectos en 59 países diferentes, en 2017). Su servicio también contribuye al bien de todos los españoles, pues al activar nuestra sensibilidad y enseñarnos a mirar con más atención las necesidades ajenas, nos hace más humanos, menos egoístas y más solidarios.

MANOS UNIDAS surgió en España hace 60 años y desde entonces no ha cesado en su lucha contra la pobreza, el hambre, la malnutrición, la enfermedad, la falta de instrucción, el subdesarrollo… Nacida por iniciativa de las Mujeres de Acción Católica y mantenida por ellas a lo largo de estos años, MANOS UNIDAS, junto con CÁRITAS, se ha convertido en el principal referente de los católicos en España para encauzar su deber de caridad para con el prójimo más necesitado: dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, curar al enfermo, enseñar al que no sabe… “Dar de comer a los hambrientos es un imperativo ético para la Iglesia, que responde a las enseñanzas de su Fundador, el Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir” (Benedicto XVI).

La presente campaña de 2019 está marcada por el lema “Creemos en la igualdad y la dignidad de las personas”. Con ello  se quiere acentuar la universalidad y la indivisibilidad de los derechos humanos: Todos los seres humanos debemos disfrutar de ellos, sin prescindir de ninguno. De este modo, MANOS UNIDAS, como viene haciéndolo desde hace 60 años, quiere ser voz de los que, en la actualidad, no pueden reclamar sus derechos fundamentales. Particularmente, como muestra el cartel de la campaña, se quiere salir en defensa de los millones de mujeres (una de cada tres en todo el mundo) que en pleno siglo XXI no tienen autonomía, ni seguridad, ni voz. Actualmente, un tercio de las mujeres no son como te las imaginas, o estamos acostumbrados a ver, “ni independientes, ni seguras, ni con voz”.

Nuestras comunidades cristianas y la sociedad en general, y en ellas cada uno de nosotros, estamos  llamados a unirnos a este empeño de MANOS UNIDAS. Todos estamos llamados a “unir nuestras manos con las de otros” para cambiar esta situación. Llamados a unirnos en la convicción de que la actual situación de pobreza y hambre en el mundo es la mayor demostración de la falta de reconocimiento de los derechos humanos.

Mientras en nuestras sociedades opulentas estamos reclamando de forma ilimitada nuevos “derechos secundarios” (la mayoría de corte individualista y egoísta), los dos tercios de la humanidad no pueden disfrutar de sus derechos fundamentales. Y esto, en parte, se debe a esos “derechos secundarios” que en los países ricos cada vez reclamamos más, sin darnos cuenta que es a costa del sufrimiento ajeno. Por así decir, la tarta es la misma para todos y cada uno ha de coger su parte, no a su gusto y capricho, sino atendiendo a que también otros tienen derecho a ella.

Para los católicos, como nos enseña el Vaticano II, la cuestión es clara: “Nadie  debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás… Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas”. (GS 69).

Por la fe y la gracia que Dios nos da, el amor de Cristo por los pobres impregna nuestro corazón y nos mueve a partir nuestro pan con los hambrientos. Así lo hacemos en muchas ocasiones a lo largo del año. Ahora toca apoyar  la Campaña de Manos Unidas contra el hambre en el mundo. Podemos hacerlo entregando nuestros donativos a través de las entidades bancarias colaboradoras y, también, en la colecta que se realiza en todas las misas del segundo fin de semana de febrero.

Sigamos con las “MANOS UNIDAS”. Así lo pido a todos, con mi afecto y bendición, en favor de tantos hermanos que nos necesitan.

 

+ Bernardo Álvarez Afonso

Obispo de Tenerife

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