Seguimos reflexionando sobre Manos Unidas

Mons. Gerardo Melgar              En el número pasado des­cubríamos las actitudes que habían tenido las im­pulsoras del proyecto de Manos Unidas. Eran fun­damentalmente las siguientes:

  1. El convencimiento de que el hambre en el mundo no es algo que hay que aceptar porque no se pueda erradicar, sino todo lo contrario.
  2. Desde ese convencimiento de que el hambre se puede erradicar, declaran la guerra al hambre.
  3. Tienen un gran conocimiento de los problemas del mundo en cuan­to al hambre no solo de pan, sino de paz, de cultura, de salud, etc.
  4. Tienen los arrojos necesarios para concienciar e iniciar una organi­zación como manos Unidas.
  5. Toda su inquietud viene pro­movida, impulsada y hecha realidad desde el impulso de la fe y de la for­mación cristiana.

Son estas cinco actitudes las que debemos de ver en qué medida las tenemos nosotros o tenemos que trabajar por adquirirlas, porque sin ellas, difícilmente, nosotros vamos a poder luchar de verdad contra el hambre en el mundo.

La 1.ª es la de que la lacra del hambre en el mundo es algo que se puede erradicar y se debe erradicar.

Existen recursos en la naturaleza que dan para que a nadie le falte lo necesario para vivir. Para ello ten­dremos que luchar contra las des­igualdades en las que unos pocos lo tengan todo y a otros les falte incluso lo más necesario para vivir.

Es realmente una vergüenza que en pleno siglo XXI, después de tantos avances técnicos y científicos, en el mundo existan millones de personas que pasen hambre.

La solución está en manos de to­dos, no solo de los políticos o de los poderosos. Cada uno de nosotros hemos de poner nuestro grano de arena para que deje de ser realidad el hambre en el mundo. ¿Qué estoy dispuesto a poner de mi parte?

Una 2.ª actitud es que, convencidos de que el hambre se puede erradicar, hemos de declaran la guerra al hambre.

Declarar la guerra al hambre es concienciarnos de que tenemos que compartir mucho más de lo que lo ha­cemos y hacerlo. No podemos desper­diciar comida cuando a otros les falta. Tenemos que luchar por concienciar­nos no solo nosotros sobre esta rea­lidad, sino concienciar y trabajar por ello para que los demás se hagan conscientes de la necesidad de decla­rar la guerra al hambre, es decir po­ner todo lo que esté en nuestra manos y luchar porque otros se sumen en esa guerra contra esta lacra humana.

La 3.ª actitud es tener un conoci­miento real y auténtico de lo que quie­re decir cuando decimos que existe hambre en el mundo. Que no es solo hambre de pan, sino también hambre de paz, de cultura, de salud, etc. actitud es tener un conoci­miento real y auténtico de lo que quie­re decir cuando decimos que existe hambre en el mundo. Que no es solo hambre de pan, sino también hambre de paz, de cultura, de salud, etc.

Las que impulsaron Manos Unidas fueron personas que conocían bien los problemas del mundo en cuanto al hambre y entendían que se trata­ba de hambre no solo de pan, sino de paz, de cultura, de salud y, por todo ello, lu­charon con coraje y dedicación, para que todos tuvieran derecho a la paz, la cultura, la salud etc.

Una 4.ª actitud que tuvieron fue el arrojo para luchar por ello, arrojo que les nacía de una 5.ª actitud: su fuerza nacía de la vivencia de la fe. Eran verdaderas personas creyentes, formadas; el Evangelio era la prime­ra norma de su vida, de su conducta y cuando lo leían o lo escuchaban se sentían llamadas a comprometer su vida por los demás. Creían de ver­dad en lo que decía Jesús en Mateo 25: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, por que tuve sed y me dis­teis de beber» (Mt 25, 35). Os asegu­ro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes herma­nos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).

¿Vamos a tener arrojos nosotros para seguir haciendo la guerra al hambre o vamos a mirar para otro lado? La fe en el Señor y su seguimiento nos urge a ello y no nos deja lugar va titubeos. Cada vez que lo hagamos con uno de los necesitados es a Cristo a quien se lo hacemos y cada vez que no lo hagamos es al Señor al que no se lo hacemos. Esa es nuestra responsabilidad.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia.Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976.A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional.Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993).En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia.El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana.Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar.De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010).El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.