Derribar muros

Mons. Francisco Conesa           La Iglesia necesita abrir sus puertas para que todos puedan entrar. Muchas veces la gente percibe en nosotros cerrazón, imposición, falta de respeto a la libertad y la conciencia de las personas. Jesús nunca se comportó de esta manera. En el Evangelio le vemos tratando con todo tipo de personas, desde los fariseos o herodianos, que gozaban de gran prestigio social, a los publicanos y prostitutas, que eran menospreciados por su oficio. No excluyó nunca a nadie del anuncio del Reino; a todos hizo llegar la Buena Noticia del amor del Padre. Con frecuencia fue criticado por ello y tratado como comilón y bebedor, como alguien que anda con malas compañías o que tiene pretensiones excesivas. Su respuesta fue siempre la misma: lo que hago es un signo del amor del Padre. Si Jesús acoge a todos es porque el Padre está siempre con los brazos abiertos esperando al hijo que marchó (cf. Lc 15, 20); si Jesús se acerca a los últimos es porque al Padre le preocupa sobre todo la oveja que se ha extraviado y se ha perdido (cf. Lc 15, 6).

Los discípulos de Jesús no podemos actuar de otra manera. La Iglesia no puede excluir a nadie. Con mucha frecuencia levantamos muros, nos cerramos en esquemas prefijados, en costumbres o modos de actuar que resultan excluyentes (de las mujeres, de los que son diferentes, de los emigrantes, etc). La rigidez con la que aplicamos las normas y la inflexibilidad a la hora de juzgar los defectos de los demás provocan el rechazo de muchas personas. Pero, ¿quiénes somos nosotros para cerrar las puertas a los demás? Parece que hemos olvidado la lección que nos dio Jesús, acercándose a todas las personas.

Conviene añadir una segunda observación. La actitud de apertura que Jesús muestra le conduce a invitar a la conversión, para que las personas puedan gozar de la salvación que les ofrece. Tener actitud de apertura no significa disimular el Evangelio de Jesús para que no moleste a nadie. Si Cristo acoge a la prostituta es para repetirle, “anda, no peques más”; si acoge a Zaqueo el publicano es para invitarle a cambiar de vida y a repartir su dinero a los pobres; si se acerca al leproso o al enfermo es para sanarle. Una Iglesia que acoge a todos no es una Iglesia que lo tolera todo, sino una Iglesia que invita a todos a convertirse y creer en la Buena Noticia.

El Papa Francisco usa imágenes muy sugerentes para hablar de lo que deben ser nuestras comunidades. Cada parroquia, cada comunidad cristiana –dice- debe ser un oasis de misericordia y un hospital de campaña a donde las personas heridas puedan encontrar la bondad y cercanía de Dios. Esto quiere decir que la actitud dominante no puede ser la de juzgar, sino la de acoger; no la de condenar sino la de derribar los muros. Lo primero es atender al que viene herido, sin preguntarle nada más. Esto nos exige una gran capacidad de comprensión y una apertura de mente y de corazón para comprender a los demás y respetarlos. A veces, como nos recuerda el Papa, requiere detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos del otro, para escucharle y para acompañar a quien se quedó al borde del camino. Y otras veces nos pide simplemente estar a la puerta esperando, como el padre del hijo pródigo, para darle un gran abrazo cuando decida regresar (cf. EG, 46).

 

+ Francisco Simón Conesa Ferrer

Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.