La vida consagrada, presencia del amor de Dios

Mons. Jesús Murgui           La Jornada de la Vida Consagrada se celebra en la fiesta en la que hacemos memoria de la presentación que María y José hicieron de Jesús en el Templo de Jerusalén “para ofrecerlo al Señor” (Lc 2,22).

En el año 1999 san Juan Pablo II con ocasión de la celebración de la Primera Jornada, en el Mensaje que escribió por este motivo, precisó la triple finalidad de dicha Jornada: en primer lugar señalaba la necesidad de alabar y agradecer a Dios por el don de la vida consagrada, recordando la riqueza que ésta significa para la vida de la Iglesia. Magnifico don que, llegando al corazón de la persona llamada, impulsa por el Espíritu Santo al seguimiento de Jesús, mediante los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia. Y traía a consideración la pregunta que se hacía Santa Teresa: “¿Qué sería del mundo si no existieran los religiosos?” (Libro de la Vida, c. 32,11). Una pregunta que, indicaba, nos impulsa a dar “incesantes gracias al Señor, que con este singular don del Espíritu continúa animando y sosteniendo a la Iglesia”.

A la vez, apuntaba en segundo lugar como fin de la Jornada el aumento del “conocimiento y la estima” hacia la Vida Consagrada por parte del Pueblo de Dios. La centralidad de la vida consagrada la cifraba en la especial imitación de la forma de vida de Jesús, y en que la hace presente en la Iglesia, siendo para ella de gran importancia; puesto que la “vida de especial consagración, en sus múltiples expresiones, está así al servicio de la consagración bautismal de todos los fieles”. Con ello destaca la importancia e interés de una Jornada que haga llegar esta verdad al conocimiento y a la vida de todos los miembros de nuestra Iglesia.

Como tercera finalidad de la Jornada apuntaba a que los mismos consagrados se vieran invitados a redescubrir la luminosidad del don recibido, a aumentar la conciencia de su misión insustituible en la Iglesia y en el mundo y, por ende, a celebrar juntos y con solemnidad “las maravillas que el Señor ha realizado” en ellos.

Una Jornada que, en un mundo “agitado y distraído”, ayude a los consagrados “a volver a las fuentes de su vocación, a hacer un balance de su vida y a renovar el compromiso de su consagración”. Especialmente en unos momentos en los que se necesitan “testigos”, y en los que importa, y mucho, que la vida consagrada se muestre “llena de alegría y del Espíritu Santo”.

En nuestra Iglesia Diocesana de Orihuela-Alicante alabamos a Dios por la incesante presencia de la vida consagrada en todo su largo camino, en toda su fecunda historia. Sería difícil entender y escribir la historia de nuestra Diócesis y sus múltiples servicios a este pueblo y a esta tierra, sin la entrega ejemplar de tantos religiosos y religiosas, sin su vida consagrada en especial seguimiento de Jesús. Por ello animo a que en nuestras comunidades y parroquias el día 2 de febrero, en el marco de la liturgia propia del día, alabemos y demos gracias a Dios por tan gran don.

Igualmente deseo, que con ocasión de esta Jornada, promovamos un creciente conocimiento y una mayor estima hacia la vida consagrada en nuestros fieles, valorando su testimonio de vida y la bondad y abundancia de frutos, de obras y servicios con los que siguen enriqueciendo a nuestra Iglesia. Siendo ocasión propicia, todo esto, para la promoción y la súplica a Dios por nuevas vocaciones que acogidas con generosidad prosigan el camino de luz y ejemplaridad que es la vida consagrada entre nosotros.

Y, especialmente, considero importante que la Jornada sea una circunstancia de gracia para cada persona consagrada de nuestra Diócesis: oportunidad para remover y renovar el “amor primero” de su consagración a Dios, ocasión para la gratitud gozosa por las maravillas hechas por el Señor en su vida, momento de luz para volver a decirle “sí” al Señor, como María.

Que este 2 de febrero, del año de gracia 2019, en el que celebramos la Jornada de la Vida Consagrada sea, por intercesión de Santa María Virgen, tal como nos piden los Obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, “un acto de especial agradecimiento al Padre nuestro. Pero también a cada consagrado y consagrada, que con su vida es presencia del amor de Dios”.

Con mi bendición y afecto a todos, especialmente con mi gratitud y mis mejores deseos hacia las personas consagradas de nuestra Diócesis.

 

+Jesús Murgui Soriano

Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Jesús Murgui Soriano
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Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.