El mensaje del Sínodo sobre los jóvenes, la fe y la vocación

Mons. Fran­cesc Par­do          A finales del pasado octubre finalizó la celebración del Sínodo de los obispos sobre la fe, los jóvenes y la vocación. En el documento elaborado por los padres sinodales se afirma explícitamente que el Sínodo continua, a partir de ahora en cada diócesis, en cada comunidad parroquial, en cada asociación y movimiento, sobre todo de jóvenes. Se señala como actitud permanente el caminar juntos como manera de ser y de hacer de toda la Iglesia. Por ello, aunque hayan pasado unos meses, es bueno recordar brevemente los  puntos fundamentales del documento elaborado por la asamblea sinodal.

Este documento de 167 puntos recoge el trabajo preparatorio de dos años de escucha de los pastores, de los propios jóvenes, de los expertos —religiosos, laicos, educadores— y las reflexiones, aportaciones y discernimiento de los padres sinodales. Concretamente, existe unidad y continuidad entre el documento de trabajo utilizado como pauta y el documento final, aprobado por los dos tercios de los participantes, y entregado al Papa, que ha autorizado su publicación. También se señala que de alguna manera el proceso sinodal continúa, porque el documento es un mapa que señala los próximos pasos a dar.

 

El hilo conductor

La narración de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35) sirve de hilo conductor para entender la misión de la Iglesia en relación con las jóvenes generaciones. Jesús camina junto a los discípulos, los escucha, ayudándoles después a discernir los hechos por medio de su palabra y a la luz de las escrituras; le reconocen en la fracción del pan, e inmediatamente regresan al encuentro de sus compañeros.

Ejes vertebradores del documento: “Se puso a caminar con ellos”, “se les abrieron los ojos”, “se levantaron de la mesa y regresaron”. Son los tres grandes momentos de la narración y las tres partes del documento conclusivo.

“Se puso a caminar con ellos”: toda la Iglesia ha de estar en actitud de escucha, tal como lo ha estado el Sínodo. Se precisa una escucha de los jóvenes impregnada de empatía, hecha con humildad, paciencia, libertad y disponibilidad, que permita dialogar con ellos, a fin de que sean escuchados, reconocidos, acompañados eclesial y socialmente. Por ello los pastores deben escuchar, y si es necesario preparar hombres y mujeres para tal cometido.

El documento recoge las fortalezas, los desafíos y vulnerabilidades que viven los jóvenes en las diversas culturas.

“Se les abrieron los ojos”. Afirmación central: Dios habla a la Iglesia y al mundo por medio de los jóvenes, que son “un lugar teológico”. Se afirma que Jesús, joven entre los jóvenes, ha de ser el ejemplo.

Ser adulto es el camino que han de recorrer los jóvenes, resultando significativa la reflexión sobre la libertad herida y redimida, sobre la propia misión, la autoridad, la familia, la fe. Es en esta parte donde se sitúa el capítulo sobre el misterio de la vocación o vocaciones como gracia y libertad.

“Levantándose de la mesa regresaron”: invitación a una conversión espiritual, pastoral y misionera caminando junto a los jóvenes, asumiendo el desafío digital, reconociendo y valorando a la mujer, teniendo presente la dimensión de la sexualidad y la afectividad. El acompañamiento vocacional y la llamada a la santidad, remarcando el testimonio de la santidad de muchos jóvenes en el mundo de hoy, concluyen el documento.

 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.