¿A quién abrir las puertas?

Mons. Francisco Conesa           Es conveniente que nos preguntemos a qué personas, de manera especial, debemos abrir las puertas de nuestras parroquias y comunidades. En la reflexión que hicimos el curso pasado nos preguntábamos qué puertas habíamos cerrado. Apoyado en las aportaciones que se hicieron, señalo cinco grupos a los que deberíamos abrir las puertas de un modo preferente.

En primer lugar, está todo el grupo de lo que solemos llamar “alejados”, es decir, de todas aquellas personas que viven en la indiferencia religiosa. Son muchos en nuestra sociedad menorquina. Gran parte de los hombres y mujeres de nuestra isla viven su vida sin tener aparentemente ninguna referencia religiosa; Dios no ocupa un lugar en sus vidas. Nosotros tenemos que ayudar a suscitar el deseo de Dios en estas personas, soplando el rescoldo que queda siempre en el corazón humano. Y hemos también de derribar muchos prejuicios sobre la Iglesia, mostrando un nuevo rostro de la misma.

Hay un segundo grupo que nos preocupa: son aquellos que en otros momentos vivieron con nosotros el gozo de creer, pero se marcharon. En algunos cundió la decepción y el desencanto; otros quizás fueron heridos por la actitud de algún miembro de la comunidad; en otros fue el ritmo de vida y el trabajo el que les llevó a alejarse de la práctica de la fe. Las razones son muchas y, seguramente, complejas, pero lo cierto es que muchas personas que conocemos abandonaron la vida parroquial que en otro momento compartieron con nosotros. A todos ellos hay que hacerles saber que les esperamos y que pueden volver cuando quieran.

Dentro del grupo de los alejados nos preocupan especialmente lo más jóvenes, a los que vemos muchas veces ajenos a la vida de la Iglesia. Advertimos con dolor que no hemos sabido contagiar la belleza de la experiencia de fe a muchos chicos y chicas que asistieron a la catequesis y recibieron los sacramentos de iniciación cristiana. Es necesario acoger, respetar y acompañar a los jóvenes, viviendo con ellos la pasión por el Evangelio.

Es también muy importante abrir las puertas a los inmigrantes, sobre todo a aquellos que comparten nuestra fe. Son muchos los que vienen a Menorca buscando un trabajo digno y un medio de subsistencia. Deben encontrar siempre abiertas las puertas de nuestras comunidades. Debemos esforzarnos por eliminar toda clase de barreras que nos separan de ellos y hacerles sentir que nadie es extranjero en la Iglesia, que la Iglesia es su propia casa.

Finalmente debemos abrir las puertas a los más pobres. Ellos tienen que sentirse a gusto en la Iglesia. Una Iglesia en la que los pobres no tuvieran cabida, no sería la Iglesia de Jesús. Los cristianos no podemos vivir tranquilos mientras que otros seres humanos vivan privados de lo más elemental para vivir. Cuando ellos llaman a nuestra puerta, es Cristo quien llama, porque “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui emigrante y me acogisteis” (Mt 25, 35).

 

+ Francisco Simón Conesa Ferrer

Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.