Eucaristía y nuevas tecnologías, IV Jornadas Diocesanas “Parroquia, Familia y Escuela”

El Arzobispo de Mérida-Badajoz, junto con los Delegados de Educación, Catequesis y Familia y los ponentes de esta jornada

El Seminario de Badajoz acogía este sábado 26 de enero las IV Jornadas Diocesanas “Parroquia, Familia y Escuela”, que ha contado con la participación de Mons. Juan Antonio Aznárez, obispo auxiliar de Pamplona-Tudela y miembro de la subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal, y de Manuel María Bru, delegado episcopal para la Catequesis de la Archidiócesis de Madrid, periodista y fundador de “Crónica Blanca”.

Tras la oración, Monseñor Celso Morga, Arzobispo de Mérida-Badajoz, inauguraba las Jornadas. Mons. Juan Antonio Aznárez presentaba la primera ponencia del día, en la que se refería a “La oración y la Eucaristía, base y fundamento de la familia, del catequista y del educador del cristiano”, mientras que Manuel María Bru se refería a la utilización de las nuevas tecnologías en la parroquia, la familia y la escuela”.

Tras las ponencias, se abría un turno de preguntas en el que los asistentes exponían preocupaciones prácticas.

La clausura la ponía Mons. Celso Morga con una oración por el cardenal Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona y Tudela, y Mons. Jaume Traserra, obispo emérito de Solsona, fallecidos en los últimos días.

Conferencias

Monseñor Juan Antonio Aznárez comenzó reconociendo lo extenso del tema, por lo que para abordarlo avanzaba una serie de propuestas. La primera de ellas fue “El amén de Dios al hombre”. El amén, dijo, es asumir la fe, es una forma de credo. Cuando decimos amén, asumimos todo lo dicho.

El amén es el “Hágase en mí según tu palabra”, cada vez que decimos amén estamos actualizando el sí de la Virgen María. “Cristo es el sí de Dios al Hombre, el cumplimiento de todas las promesas”, dijo. Toda la vida de Cristo es el sí de Dios al hombre, ese sí lo vemos más claro en lo que conmemoramos en la Eucaristía, en la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Monseñor Juan Antonio Aznárez se preguntaba por qué si aceptamos el plan de Dios, no experimentamos una gran felicidad. A veces estamos rodeados de agua, pero por dentro estamos secos, por ello aseguró que la clave es la fe, y recurrió al pasaje evangélico de la hemorroisa.

La Santa Misa es actualización del amor de Dios que se ha manifestado plenamente en la Pascua de Jesús, en la entrega por nosotros y en su victoria sobre el pecado y sobre la muerte, todo ello por la acción del Espíritu Santo.

“La Eucaristía no solamente mira al pasado, no solo nos hace contemporáneo de Cristo y su Pascua”, aseguró, también nos acerca a su venida.

Otro aspecto en el que centró su atención fue en la acción de gracias. En la Eucaristía decimos que es justo y necesario dar gracias a Dios, “necesitamos dar gracias, es vital, a un cristiano que no da gracias le falta el gozo de la salvación”, afirmaba. A todo ello ayuda la oración, empezando por la liturgia de las horas, que es una escuela. Es importante el silencio en la Eucaristía, el momento posterior a la comunión y conversar con el Señor tras la misma.

La primera parte de la misa es la Liturgia de la Palabra, por ello es bueno prepararla leyendo las lecturas antes de la celebración. La Palabra de Dios ilumina nuestro presente, “nos habla hoy”, es actual, ilumina nuestro pasado y nuestro presente.

Tras la Palabra de Dios, el Credo es una respuesta de fe. “Con la oración de los fieles hacemos ejercicio de nuestro sacerdocio bautismal, pidiendo por todos”.

La Santa Misa es la actualización de la única eucaristía, que fue la pasión, la muerte y la resurrección del Señor. “Incorporados al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, la Eucaristía bien celebrada alimenta nuestra comunión con Cristo y con los hermanos”. Al mismo tiempo, si no se da la comunión entre nosotros, no se da la comunión con Cristo, y este es un tema capital para poder celebrar bien la Santa Misa. “No podemos acercarnos a la comunión sacramental teniendo algo contra alguien, ¿entonces qué hacemos?, el primer paso es pedir por los que nos han hecho daño, por nuestros enemigos. Esa oración tiene un poder enorme”, afirmó.

La Eucaristía termina con el envío de los fieles, “de modo que nuestra vida se convierte en ofrenda agradable a Dios”.

Pistas para vivir mejor la Eucaristía

Para vivir bien la Eucaristía ayudan mucho los testimonios de los santos y de los hermanos, la celebración frecuente del sacramento de la penitencia, la adoración eucarística, alimentar la espera, hacer silencio antes de la celebración, “por ello es muy importante llegar no solamente puntuales, sino antes de empezar para prepararnos”. Nos ayuda la intercesión de los santos, la fe que actúa por el amor.

Pistas para la oración

La oración por excelencia es el Padrenuestro. La oración necesita de confianza, humildad y perseverancia, en palabras de Santa Teresa, estar con quien sabemos que nos ama.

Debemos enseñar a rezar a los niños, eso es muy importante. El Santo Rosario es agarrarnos a la mano de la Virgen y contemplar juntos los misterios de nuestra salvación. Las jaculatorias ayudan en momentos en los que no estamos para sentarnos con tranquilidad. Es muy importante la adoración eucarística.

Segunda Ponencia

La segunda ponencia del día, a cargo de Manuel María Bru, llevaba por título “La utilización de las nuevas tecnologías en la parroquia, la familia y la escuela”. Comenzaba su exposición afirmando que en la evangelización tenemos que ser fieles a la fe de la Iglesia y al mismo tiempo ser fieles al destinatario, hacernos uno con los destinatarios, sus circunstancias. Ese esfuerzo por hacerse uno con el otro es la inculturación, adentrarnos en la cultura del otro.

No podemos evangelizar hoy en día si no evangelizamos la cultura mediática. No hay una definición sobre lo que es una cultura mediática, por lo que Bru propuso que, en un primer momento, es “la mediación de la cultura a través de los nuevos medios”, aunque esto no es suficiente, eso es la mediación cultural. La cultura mediática es la cultura emergente, nueva, omnipresente y global, dominante porque es capaz de colonizar las demás culturas, marcada por la sociedad de la información y que caracteriza a la sociedad postmoderna, que configura continuamente determinada por el sexto continente y es portadora de un nuevo lenguaje.

Manuel María Bru señalaba que la cultura mediática ha hecho posible la globalización mediática y hacía un recorrido desde el invento de la imprenta hasta internet y las redes sociales.

Sobre la transmisión cultural tradicional destacaba que tradicionalmente el primer transmisor es la familia, el segundo la escuela y el tercero la parroquia. El cuarto son los medios de comunicación que aspiran a suplir a la familia, la escuela y la parroquia, lo cual es un desafío.

La cultura emergente de la sociedad de la información supone un cambio en ese trípode.

Se está perdiendo la idea de que el profesor no es necesario para el conocimiento porque el conocimiento está en Internet al alcance de todos, una idea errónea.

Los medios condicionan el contenido de la cultura, el medio es mensaje además de medio, en alusión a McLuhan. A partir de ahí se centró en lo que calificó de un cambio de época.

La sociedad de hoy es una sociedad desvinculada, muy tecnológica. Es una sociedad líquida, que pierde el sentido de las distancias y sobrevalora el tiempo, una sociedad en la que el “nosotros” sustituye a Dios, todo es consumible y las necesidades espirituales se consumen en el mercado terapéutico. Estamos en la sociedad del cansancio, se niega la negatividad, todo es positivo, hay un cansancio de todo, hay que innovar continuamente, cambiar. El hombre de hoy está fragmentado, presa de un pensamiento débil, sin necesidad de totalidad. La fe nos dice que existe la verdad, pero esta sociedad no cree en la verdad, y esa falta de verdad nos lleva a una falta de unidad y de totalidad. Vivimos en un nihilismo resignado. Esta cultura cuestiona todas las cosmovisiones y, por tanto, las religiones.

Los nativos digitales viven en todos los continentes al mismo tiempo, en un sexto continente. En este terreno se está creando una brecha digital entre los habitantes de los países ricos y los pobres.

La cultura del sexto continente inaugura un nuevo lenguaje. Las nuevas tecnologías no cambian solamente la forma de comunicar, sino la propia comunicación, crea un lenguaje mediático.

En un segundo momento se refirió a los desafíos de la cultura mediática. La nueva evangelización es nueva en su ardor en sus métodos y en sus expresiones, como señalaba San Juan Pablo II.

La inculturación de la fe necesita nuevas expresiones, no solamente palabras, también cambios estéticos, los instrumentales, mediáticos, lingüísticos… Así favoreceremos que Dios llegue a los hogares de todos. “Las puertas de hoy son las pantallas de los ordenadores”, dijo Manuel María Bru.

En esta cultura son importantes los testimonios, los relatos, los gestos.

“Todo esto no es muy diferente a lo que la Iglesia ha hecho a lo largo de los siglos, recordaba Bru, en la antigüedad no había vídeos, pero los retablos están llenos de pequeñas pinturas que constituyen un relato”.

En el terreno de la catequesis invitó a integrar los recursos audiovisuales en la catequesis, pero como el pan para consagrar lo ponemos en una buena patena, los mensajes que transmitan la Palabra de Dios deben ser de calidad.

En la familia es muy importante lo que nos dice Benedicto XVI. Lo primero es no ir con planteamientos de rechazo, estar atentos a los peligros de las nuevas tecnologías, no sustituir la realidad por la virtualidad, educar desde la belleza y una continua formación de los usuarios.

(Archidiócesis de Mérida-Badajoz)

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