“Encontrarse con Dios para servir a los demás”

El sacerdote Jesús Higueras Esteban ha estado en el Santuario de Covadonga impartiendo unos ejercicios espirituales para sacerdotes

Santa María de Caná, en la madrileña localidad de Pozuelo, es una parroquia que destaca por la participación de sus fieles tanto en las celebraciones como pastoral o servicio a los demás que realizan desde Red Madre o la Fundación Caná. Además Jesús Higueras fue nombrado por el Papa misionero de la misericordia.

En su parroquia están presentes movimientos de oración y los que tienen un perfil más social. 

La vida cristiana tiene dos partes, el encuentro con Dios que te lleva a servir a los demás. Si no sería como un pietismo, cuando ser cristiano es una religión de la encarnación, por lo tanto si ese encuentro no te lleva al otro camino es que no ha sido real. En la parroquia tenemos los grupos de oración de jóvenes, carismáticos…y estamos también muy volcados en el servicio. Contamos con una fundación que atiende semanalmente a 175 personas con discapacidad y con una gran red de voluntariado. Todo ello es el resultado del encuentro con Dios.

Llegan además a grupos con necesidades e inquietudes muy diferentes. 

La parroquia es la casa de todos y para todos, los mayores, jóvenes y niños, nos encontramos en la eucaristía. Una parroquia estaría incompleta si no hay un representación de todas las dimensiones de la vida: la edad, el sufrimiento, las inquietudes. Tenemos que ver qué necesidades hay y dejar que la gente nos proponga cosas. Es una parroquia que tiene como característica el hecho de que hay muchos movimientos y realidades eclesiales que la enriquecen. Y todos nos encontramos allí porque la parroquia es la casa de todos y así nos sentimos en ella, sin particularismos. La comunidad es lo que te anima a permanecer en la fe. En la eucaristía, tanto la diaria como la dominical, vienen muchos jóvenes, también mayores que se encuentran en ella con muchísimo gozo. La eucaristía  y el servicio dan muchos frutos.

Háblenos de ellos. 

Tenemos en el Seminario Diocesano de Madrid once seminaristas y ya se han ordenado once sacerdotes diocesanos de la parroquia. También un buen número de religiosos y chicas que han venido a los grupos y que están en monasterios o en institutos religiosos de vida activa. La mayoría son vocaciones a la familia, chavales que quieren vivir vidas cristianas y fundar una familia, también entendida como camino de santidad. La parroquia se entiende también como un lugar donde cargar las pilas y encontrarse con Dios para luego transmitirlo a los demás.

¿Cómo se prepara para su la-bor diaria como párroco?

Lo primero es el encuentro del sacerdote con Dios, un momento de serenidad, de estar con él y después ya que venga el día. A lo que más nos dedicamos es a la escucha, al confesionario, al encuentro con las personas  y que te vayan contando porque al final la gente lo que quiere es una atención cariñosa y personalizada como haría Jesucristo. Por eso es muy importante que la iglesia esté abierta, nosotros tenemos un horario de siete de la mañana a nueve de la noche. Estamos, positivamente hablando, muy atados a la parroquia porque nunca sabes quién va a llegar, cada día es una necesidad distinta. La gente no quiere que tengamos una agenda delante para apuntar datos porque llegan a contarnos su vida y necesitan un punto de vista iluminado por la fe, de ahí la labor del sacerdote. Pero hay que decir que la parroquia sin los seglares es incompresible, tienen en la comunidad un papel insustituible. Son verdaderamente los que la sacan adelante, porque el sacerdote puede pasar, pero ellos quedan. La parroquia es el lugar de la nueva evangelización, lo que es la Iglesia universal para el mundo es lo que tiene que ser la parroquia para una localidad.

¿Qué significó para usted ser nombrado misionero de la misericordia?

Es un papel bien bonito. La misericordia es el nombre del amor cuando se encuentra con la debilidad y que la gente sepa que es amada en su debilidad, que Dios no nos pone condiciones para querernos, eso descansa mucho y reconforta. El misionero de la misericordia tiene que anunciar que Dios también está con nosotros cuando nos equivocamos, nos hacemos daño. Esta condición me ha ayudado mucho para hacer comprender el amor de Dios en la debilidad, no nos exige para querernos sino que lo hace independientemente de las cosas que yo quiera entregarle.

También supone absolver los pecados que antes estaban reservados a la Santa Sede y esto supone una cercanía de la misericordia en los casos especialmente graves. En nuestra parroquia tenemos además este sacramento muy presente. Todos los días estamos disponibles como mínimo dos y tres sacerdotes en el confesionario durante varias horas.

¿Cómo se ha sentido estos días en Covadonga?

Covadonga es un lugar escogido por Dios para derramar su misericordia por la Madre. Me he quedado impresionado de la devoción del pueblo asturiano, incluso en invierno la gente peregrina y se pone a los pies de la Santina y es un lugar donde el encuentro con Dios es mucho más fácil por la Virgen y también por la naturaleza que es un espectáculo. Me he quedado muy impactado positivamente.

(Iglesia en Asturias)

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