Jesús, el ungido de Dios

Mons. Gerardo Melgar              Es el mismo Cristo el que lo dice de sí en la sinagoga donde ha leído al profeta Isaías en el pasaje que dice: «El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad; para proclamar un año de gracia del Señor» (Is 61, 1). Y Jesús añadió: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Jesús es el ungido de Dios. Ha sido enviado por el Padre para manifestar a los hombres la verdad más importante de la fe: La identidad de Dios, que Dios es el mejor de los padres que podemos pensar: un Padre lleno de amor y misericordia para con los hombres, capaz de compadecerse de nuestras miserias y pecados.

Jesús es el ungido, el Hijo de Dios que viene a traernos la salvación a los hombres, rescatándonos de nuestro pecado, no a precio de oro ni de plata, sino a precio de su misma sangre derramada por nosotros. Por eso, en el momento de la trasfiguración de Jesús a los discípulos aparece la voz del Padre que nos lo presenta como su Hijo amado: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3, 17).

Jesús, el ungido por el espíritu del Padre, hace participes a los hombres de su unción en el bautismo convirtiéndonos en  hijos de Dios, para que vivamos como tales y comuniquemos nuestra unción a los demás constituyéndonos testigos suyos en medio del mundo.

Doble es, por tanto, la misión que comporta la unción por el Espíritu de la que nos hace partícipes el ungido de Dios, el predilecto: que nuestra vida la vivamos desde los compromisos bautismales, encarnando en nosotros el estilo de vida de Jesús y teniendo predilección por los que Él la tuvo en la vida: por los pobres, los enfermos, los presos, los desahuciados de la sociedad.

Pero nuestra unción no termina con la vivencia personal de las exigencias de nuestra fe. Somos ungidos por el Espíritu para que seamos testigos de nuestro Señor y de nuestra fe en él, para que a través nuestro otros puedan llegar también a descubrir a Dios como Padre y amarle de todo corazón.

Nosotros hemos de ser conscientes de nuestra unción, de lo que ella significa en nosotros y a lo que nos compromete, para que también podamos decir cuando escuchamos esta Palabra del profeta Isaías: «El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres». Que también nosotros podamos decir,  porque lo vivamos de la misma forma, lo que Él: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Somos ungidos para ungir a los demás, para contagiar a los demás de esta unción y que ellos puedan vivir lo que el Espíritu les pide y sean de verdad hijos de Dios que le aman y cumplen la misión que la unción les ha trasmitido.

Sintiéndonos auténticamente ungidos por el Espíritu para la doble misión de vivir según el modelo del ungido de Dios y ser sus testigos en el mundo para los demás, pongamos todas nuestras fuerzas en cumplirlas y ser así nosotros también los ungidos por el Señor, que con nuestra unción unjamos a otros y les sirvamos de testigos valientes que hagan realidad la misión para la que han sido elegidos y enviados.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia.Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976.A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional.Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993).En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia.El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana.Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar.De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010).El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.