El día a día de Jesús

Mons. Cé­sar Fran­co          Siempre se ha echado de menos que los evangelios no narren el día a día de Jesús al estilo de un diario que recogiera con detalle la actividad de lo que llamamos su ministerio público. Los evangelios no son biografías al estilo moderno, ni pretenden darnos información exhaustiva sobre todo lo que dijo e hizo Jesús. Tenemos, sin embargo, suficientes datos para formarnos una idea de cómo participó en la vida de sus contemporáneos. Y podemos decir que nada de esa vida le resultó ajeno.

Cuando san Lucas sintetiza la vida de Jesús en el libro de los Hechos de los Apóstoles, dice simplemente que «pasó haciendo el bien». El domingo pasado veíamos a Jesús, junto a su madre y sus discípulos, participando en unas bodas a las que fue invitado, donde realizó el milagro de la transformación del agua en vino. Jesús no era, como Juan Bautista, un asceta retirado al desierto para hacer penitencia. Realizó su actividad de modo itinerante, acompañado de sus discípulos y de un grupo de mujeres que le seguía con fidelidad, como sabemos por el relato de la Pasión. Esto le permitió entrar en contacto con ciudades y aldeas donde predicó y realizó curaciones y milagros. Pasando por Naín, se encontró con el cortejo fúnebre de una viuda que llevaba a enterrar a su único hijo. Jesús, compadecido, lo devolvió a la vida. Atendía igualmente peticiones de personas que tenían necesidades materiales y espirituales. Sabemos, por ejemplo, que no le importaba gastar su tiempo dialogando con personas que querían conocer su enseñanza, como el fariseo Nicodemo, la samaritana, Zaqueo. También le gustaba compartir con sus amigos y dejarse invitar a comer, hasta el punto de ser tachado por sus enemigos de «comilón y bebedor, amigo de publicanos y prostitutas». Conocemos, al menos, la amistad que le unía a tres hermanos —Marta, María y Lázaro— que tenían una casa en Betania, cerca de Jerusalén, donde Jesús residía cuando se acercaba a celebrar las fiestas judías. También conocemos la relación que mantuvo con José de Arimatea, miembro ilustre del Sanedrín, que se hizo cargo del cuerpo de Jesús y lo enterró en su propio sepulcro.

Excepcional en un maestro de la ley fue su relación con los grupos sociales considerados por la ortodoxia farisea como excluidos del Reino de Dios, bien por sus pecados públicos, o bien por los oficios que realizaban exentos de buena reputación, como era el caso de los publicanos. Su cercanía a los leprosos, excluidos de la vida social y con los que no se podía tratar —¡cuánto menos tocarlos!— muestra que Jesús no entendía de convencionalismos y buscaba a la persona en su necesidad para ofrecer la amistad con Dios, que se hacía presente en él mismo. Por eso, tuvo que defenderse de quienes le tildaban de transgresor de la ley porque curaba en sábado o permitía hacer algo que prohibía la ley judía. Algunas de sus parábolas son una defensa encendida de su comportamiento.

Se pude decir, por tanto, que su delicia era «estar con los hijos de los hombres» y vivir atento a cada persona que se cruzaba en su camino. El tiempo era para Dios en la oración y para los hombres, sus hermanos. Cuando acabamos de salir del tiempo de Navidad entendemos con claridad que Jesús ha puesto su morada entre los hombres. Vino a buscarlos y los encontró. También se dejó encontrar por ellos, porque sabía la necesidad que tenían de su compañía. No hacía distinciones de clases sociales ni religiosas, pues era para todos. Entró en contacto con los paganos de pueblos cercanos, ofreciéndoles la salvación, pues era el Pastor que venía a reunir a todos los pueblos bajo su cuidado. Sabemos bastante de él para poder decir que su pasión era el Padre y los hombres.

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).