Mons. García Beltrán anima a los periodistas a “en­con­trar la ver­dad, po­ner­la a la luz y ofre­cer­la a los de­más”

Mons. García Beltrán, en el centro de la imagen. A la derecha Mons. Luis Argüello y Mons. José Manuel Lorca. A la izquierda de la imagen, Mons. Sallvador Giménez y Mons. Joan Piris.

La Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS) ha entregado los Premios ¡Bravo! 2018. El acto ha tenido lugar a las 12.00 horas del miércoles 23 de enero en la sede de la Conferencia Episcopal Española. Este jueves es la festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas.

Ha presidido Mons. Ginés García Beltrán, presidente de la CEMCS. Al final del acto, el también obispo de Getafe se ha dirigido a los pre­mia­dos: “vo­so­tros ha­céis que un mun­do que a ve­ces se mues­tra hos­til y des­ha­rra­pa­do, se nos pre­sen­te como ama­ble, agra­da­ble, sim­pá­ti­co, jo­vial; vo­so­tros sa­béis en­con­trar su cara más hu­ma­na, más ama­ble, más sim­pá­ti­ca”.

Reproducimos a continuación el discurso íntegro.

Dis­cur­so de Mons. Gar­cía Bel­trán, obis­po pre­si­den­te de la CEMCS

Que­ri­dos her­ma­nos Ar­zo­bis­pos y Obis­pos, Se­cre­ta­rio ge­ne­ral de la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal, Que­ri­dos pre­mia­dos de esta edi­ción 2018 de los pre­mios ¡Bra­vo!, Ami­gos pe­rio­dis­tas y co­mu­ni­ca­do­res, De­le­ga­dos dio­ce­sa­nos de Co­mu­ni­ca­ción, Se­ño­ras y se­ño­res:

[quote]El am­bien­te, la cul­tu­ra, el tiem­po en que vi­vi­mos es poco dado a una co­mu­ni­ca­ción pro­fun­da, ver­da­de­ra, de ser­vi­cio a la per­so­na y al bien co­mún[/quote]

Este acto sen­ci­llo y en­tra­ña­ble, aquí en la sede de la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal, que cada año nos reúne para la ce­re­mo­nia de en­tre­ga de es­tos pre­mios ¡Bra­vo! que aca­ba­mos de rea­li­zar, es mo­ti­vo de una es­pe­cial ale­gría. En pri­mer lu­gar, ale­gría para vo­so­tros los pre­mia­dos. Se re­co­no­ce en vo­so­tros el tra­ba­jo, la de­di­ca­ción, el bien ha­cer en el ám­bi­to de la co­mu­ni­ca­ción. No es un tiem­po muy dado a los pre­mios, ni es fá­cil ga­nar los po­cos pre­mios que hay en co­mu­ni­ca­ción. El am­bien­te, la cul­tu­ra, el tiem­po en que vi­vi­mos es poco dado a una co­mu­ni­ca­ción pro­fun­da, ver­da­de­ra, de ser­vi­cio a la per­so­na y al bien co­mún. Son es­tos tiem­pos que co­rren de poca pro­fun­di­dad, vo­lá­til, con de­ma­sia­do amor a la pri­sa y poco dado al ri­gor, a la re­fle­xión, al aná­li­sis. Por eso es vues­tra ale­gría, ga­nar pre­mios que re­co­no­cen el bien ha­cer, el ser­vi­cio a la dig­ni­dad del hom­bre, la di­fu­sión de los va­lo­res evan­gé­li­cos y de todo aque­llo que sir­ve para el bien co­mún.

A vues­tra ale­gría su­ma­mos la nues­tra. Quie­nes a dia­rio sa­li­mos a los ca­mi­nos de la vida en bús­que­da de la ver­dad, la ale­gría, la paz he­mos sido pre­mia­dos con en­con­tra­ros a vo­so­tros en ese ca­mino. Ha­béis pues­to en nues­tra vida ar­tícu­los pe­rio­dís­ti­cos con la ex­pe­rien­cia y la agu­de­za de Tico Me­di­na y Luis del Val; un mun­do au­dio­vi­sual lleno de ver­dad en el cine, con Álva­ro Lon­go­ria y sus Cam­peo­nes, en la mú­si­ca con La Voz del De­sier­to, en You­tu­be con Da­niel Pa­jue­lo y en te­le­vi­sión con el pro­gra­ma Aquí la Tie­rra; tam­bién en la pu­bli­ci­dad he­mos vis­to mu­cha hu­ma­ni­dad en la cam­pa­ña de Con­tra­pun­to BBDO para Lo­te­ría Na­cio­nal. Y nos ale­gra de un modo es­pe­cial que nues­tras Igle­sias lo­ca­les asu­man los re­tos que nos pre­sen­ta el mun­do y la co­mu­ni­ca­ción hoy, es lo que han he­cho con sa­bi­du­ría y efi­ca­cia las dió­ce­sis de Ara­gón con su Ofi­ci­na de co­mu­ni­ca­ción, y el se­ma­na­rio El Eco de Si­güen­za-Gua­da­la­ja­ra, y des­de hace 50 años la Misa Do­mi­ni­cal del Cen­tre de Pas­to­ral Li­túr­gi­ca. Lo ha­béis he­cho bien y por ello nos ale­gra­mos.

Con vues­tros tra­ba­jos he­mos que­ri­do des­ta­car, en el pre­mio ¡Bra­vo! es­pe­cial el de Elsa Gon­zá­lez. Con una lar­ga ca­rre­ra pe­rio­dís­ti­ca a sus es­pal­das, ha te­ni­do el mé­ri­to fi­nal de en­tre­gar su vida a to­dos vo­so­tros, pro­fe­sio­na­les de la co­mu­ni­ca­ción, como pre­si­den­ta de la Fe­de­ra­ción de Aso­cia­cio­nes de Pe­rio­dis­tas de Es­pa­ña (FAPE). Oja­lá la tra­yec­to­ria vi­tal y pro­fe­sio­nal de Elsa sean una in­vi­ta­ción a to­mar con­cien­cia de la im­por­tan­cia de una pro­fe­sión bien uni­da para cum­plir me­jor la mi­sión que se os en­co­mien­da.

To­dos vo­so­tros ha­céis que un mun­do que a ve­ces se mues­tra hos­til y des­ha­rra­pa­do, se nos pre­sen­te como ama­ble, agra­da­ble, sim­pá­ti­co, jo­vial. La reali­dad es po­lié­dri­ca y vo­so­tros sa­béis en­con­trar su cara más hu­ma­na, más ama­ble, más sim­pá­ti­ca.

[quote]Que­re­mos re­co­no­cer una vez más el ser­vi­cio que la co­mu­ni­ca­ción hace a la so­cie­dad. Es su tra­ba­jo en­con­trar la ver­dad, po­ner­la a la luz, ofre­cer­la a los de­más. [/quote]

Para la Jor­na­da Mun­dial de las Co­mu­ni­ca­cio­nes So­cia­les el Papa nos ha in­vi­ta­do a pen­sar en la cues­tión de las com­mu­ni­ties y las co­mu­ni­da­des. En el fon­do, nos in­vi­ta a pen­sar en cómo ha­cer que en los mun­dos di­gi­ta­les que las nue­vas tec­no­lo­gías es­tán crean­do, se pue­dan for­mar co­mu­ni­da­des de per­so­nas, que se in­tere­san, que sir­ven unos a otros, que bus­can el bien co­mún, que tra­ba­jan por la paz. Vo­so­tros, que hoy re­ci­bís los pre­mios ¡Bra­vo!, sois un buen ejem­plo de que lo que aquí ha­céis se pue­da trans­por­tar al mun­do di­gi­tal, tan real como este, pero con sus len­gua­jes, sus nor­mas…, y tam­bién su ne­ce­si­dad de hu­ma­ni­dad.

Hoy que­re­mos re­co­no­cer una vez más el ser­vi­cio que la co­mu­ni­ca­ción hace a la so­cie­dad. Es su tra­ba­jo en­con­trar la ver­dad, po­ner­la a la luz, ofre­cer­la a los de­más. Cuan­do los me­dios cuen­tan la ver­dad la so­cie­dad está en dis­po­si­ción de ha­cer­se más fuer­te. Lo de­cía el Papa Fran­cis­co en su men­sa­je na­vi­de­ño a la Cu­ria con es­tas pa­la­bras, re­fi­rién­do­se a los ca­sos de abu­sos se­xua­les: “Me gus­ta­ría agra­de­cer sin­ce­ra­men­te a los tra­ba­ja­do­res de los me­dios que han sido ho­nes­tos y ob­je­ti­vos y que han tra­ta­do de des­en­mas­ca­rar a es­tos lo­bos y de dar voz a las víc­ti­mas. In­clu­so si se tra­ta­se solo de un caso de abu­so ―que ya es una mons­truo­si­dad por sí mis­mo― la Igle­sia pide que no se guar­de si­len­cio y sal­ga a la luz de for­ma ob­je­ti­va, por­que el ma­yor es­cán­da­lo en esta ma­te­ria es en­cu­brir la ver­dad”. Es una opor­tu­ni­dad que to­dos de­be­mos apro­ve­char, aun­que la ver­dad anun­cia­da sea in­có­mo­da o pre­ci­sa­men­te por ello.

El mun­do de la co­mu­ni­ca­ción cum­ple esta mi­sión en me­dio de di­fi­cul­ta­des im­por­tan­tes. A las di­fi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas que re­du­cen los re­cur­sos para ac­ce­der a la in­for­ma­ción y po­der con­tar­la, hay que su­mar los pro­ble­mas ori­gi­na­dos con la lle­ga­da del mun­do di­gi­tal y el cam­bio de mo­de­lo co­mu­ni­ca­ti­vo que esto está ori­gi­nan­do. Un mo­de­lo que exi­ge una adap­ta­ción a una ve­lo­ci­dad que no es fá­cil de en­ten­der y que no es fá­cil de asu­mir por mu­chos de no­so­tros. Todo va de­ma­sia­do de­pri­sa.

[quote]El es­fuer­zo que exi­ge co­no­cer la ver­dad es cada vez ma­yor. A las fuen­tes ri­gu­ro­sas se les da el mis­mo va­lor que a las in­tere­sa­das, y es­tas lle­gan an­tes y me­jor. [/quote]

Una de las pri­me­ras con­se­cuen­cias de este mo­de­lo es que el es­fuer­zo que exi­ge co­no­cer la ver­dad es cada vez ma­yor. A las fuen­tes ri­gu­ro­sas se les da el mis­mo va­lor que a las in­tere­sa­das, y es­tas lle­gan an­tes y me­jor. Las no­ti­cias fal­sas se mul­ti­pli­can y di­fun­den a más ve­lo­ci­dad que las ver­da­de­ras y mu­chas ve­ces em­pu­ja­das por in­tere­ses ocul­tos. La in­for­ma­ción di­gi­tal y el ac­ce­so di­rec­to a la in­for­ma­ción pa­re­cían ga­ran­ti­zar un mun­do don­de la men­ti­ra per­de­ría su es­pa­cio. Sin em­bar­go, la ex­pe­rien­cia nos mues­tra que el error y la men­ti­ra han en­con­tra­do un nue­vo cam­po de desa­rro­llo en el que se mue­ve a sus an­chas.

A es­tas di­fi­cul­ta­des hay que su­mar úl­ti­ma­men­te preo­cu­pan­tes ata­ques al se­cre­to pro­fe­sio­nal que es tan ne­ce­sa­rio y que tan­to apre­cia­mos. Pen­sa­mos que, para desa­rro­llar el pe­rio­dis­mo, son ne­ce­sa­rios es­pa­cios de con­fian­za pro­te­gi­dos y pri­vi­le­gia­dos que de­ben ser res­pe­ta­dos por las au­to­ri­da­des pú­bli­cas, no para el bien de unos po­cos, sino para el bien de la so­cie­dad. Lo va­lo­ra­mos así por­que tam­bién no­so­tros lo com­par­ti­mos y so­mos tes­ti­gos de la im­por­tan­cia y el va­lor que esos es­pa­cios tie­nen para el bien co­mún.

Ma­ña­na ce­le­bra­mos S. Fran­cis­co de Sa­les, pa­trono de los pe­rio­dis­tas. En­ton­ces co­no­ce­re­mos la re­fle­xión del Papa para la pró­xi­ma Jor­na­da Mun­dial de las Co­mu­ni­ca­cio­nes So­cia­les que se ce­le­bra­rá el pró­xi­mo 2 de ju­nio. Será un tex­to in­tere­san­te para to­dos los que pen­sa­mos que la co­mu­ni­ca­ción es paso im­pres­cin­di­ble para la co­mu­ni­dad hu­ma­na, os in­vi­to a leer­lo y a com­par­tir­lo. Nues­tro pa­trón, S. Fran­cis­co de Sa­les fue obis­po de Gi­ne­bra, en el si­glo XVI-XVII, creó y uti­li­zó los me­dios de co­mu­ni­ca­ción tam­bién para la di­fu­sión de la ver­dad del Evan­ge­lio. En uno de sus li­bros dejó es­cri­to un men­sa­je que nos pue­de ayu­dar en nues­tra vida de co­mu­ni­ca­do­res. Con sus pa­la­bras quie­ro ter­mi­nar, son pa­la­bras que nos in­vi­tan a to­dos a con­ti­nuar nues­tro tra­ba­jo, sin caer en di­mes y di­re­tes, orien­ta­dos a un bien que es ser­vi­cio a nues­tra so­cie­dad. Dice así S. Fran­cis­co de Sa­les: “De­jar que di­gan, es­cu­char­lo, su­frir­lo todo; no es­pan­tar­se por nada y con­ti­nuar con fi­de­li­dad y buen áni­mo”.

Mu­chas gra­cias a vo­so­tros, los pre­mia­dos; mu­chas gra­cias a to­dos por vues­tra pre­sen­cia.

 

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