Una sola verdad / diversas miradas

Mons. Agus­tí Cor­tés             Entendemos que nuestra fe resulte escandalosa para muchos “bienpensantes” actuales, como lo fue en el pasado. Un escándalo que para algunos es motivo de no creer y para otros una razón de creer.

Así, los cristianos celebramos el hecho de que no tenemos ojos, sino para un individuo, un solo ser humano, en quien reconocemos toda la Verdad, todo el Bien y toda la Belleza, a la que aspira cualquier criatura en la historia, en el presente y en el futuro. Proclamamos los cristianos que Jesucristo, aquella persona concreta, que existió visiblemente hace dos mil años, es la salvación del mundo entero. La salvación de todos y cada uno de los seres humanos, de cualquier raza, cultura, o religión; la salvación también del cosmos y de toda la creación.

Esto que llamamos “escándalo” no solo se halla en gente culta que piensa estas cuestiones. En realidad es muy común en casi todos los que dicen no creer, aunque no lo formulen expresamente. Porque está muy generalizada la creencia de que no es posible una única verdad, aceptable por todos, que salve a cualquier criatura del tiempo o lugar que sea: cada uno tiene su camino y lo que puede ser verdad y válido para uno no tiene por qué serlo para los otros. Una verdad exclusiva, piensan, sólo conducirá a la dictadura del pensamiento y la anulación de la pluralidad.

Otros piensan, no sin razón, que si realmente cualquier idea o pensamiento es verdad, aunque sean diferentes o contrarios, es que no existe tal verdad. Para ellos, que haya alguien que proclame una verdad para todos es una liberación y una salvación: ¡esa verdad existe realmente!

Otros, desde dentro del cristianismo, solucionan el problema diciendo que en realidad entre Jesucristo y los demás sistemas de pensamiento o religiones no hay diferencia: hemos de saber encontrar la síntesis de todos, para que haya concordia y paz.

Sin embargo nuestra mirada sigue fascinada por Jesucristo. Él, habiéndose alineado con nosotros, habiendo compartido nuestra vida en todo, baja a las aguas como cualquier penitente y sobre Él se abre el cielo, para que se escuche la palabra más estimulante: “Tú eres mi hijo, el amado; en ti me complazco” (Lc3,22)

La mirada de los cristianos no contempla aquí una idea, ni un líder seductor, ni un jefe opresor. Descubre una persona viva en la que se ha volcado todo el amor de Dios, para que desde Él este amor se reparta a todos los rincones del mundo. Aquella escena le tuvo a Él como protagonista, pero se produjo para que todo ojo la contemplara; y aquella palabra estaba destinada a Él, pero debía alcanzar todos los oídos del mundo. Así nos lo explicó a lo largo de su vida y en su muerte.

Ya sabía Dios que cada mirada y cada oído tiene sus peculiaridades. Pero todos los seres humanos de la tierra, por diferentes que sean, pueden y deben encontrarse compartiendo la misma fe y el mismo amor.

Como afirmaba un gran teólogo católico, la Verdad es sinfónica: una bellísima pluralidad de colores y sonidos, armonizados, desde una única Verdad: Jesucristo.

 

+Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
Acerca de Mons. Agustí Cortés Soriano 262 Artículos
Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia.Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998.El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat.En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades.En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.