El vino bueno

Mons. Cé­sar Fran­co          El milagro de las bodas de Caná, donde Jesús transforma el agua en vino, ha pasado a la historia de la interpretación cristiana de los milagros como un gesto de compasión de Jesús con un matrimonio en apuros el día de su boda. Quedarse sin vino en el banquete era un feo a todos los invitados. Los más críticos no entienden que Jesús usara su poder para este tipo de situaciones. Por eso rechazan su historicidad y consideran el pasaje como un relato edificante.

Leído en profundidad, sin embargo, el texto describe mucho más que un simple gesto compasivo. Algún estudioso de mirada aguda ha dicho que el protagonista es el vino. Tanto el viejo, que se acaba, como el nuevo que trae Jesús. Nos encontramos, por tanto, en la transición de lo viejo a lo nuevo. La expresión del maestresala, al probar el agua convertida en vino, es significativa: «Has dejado el vino bueno para el final». Es una proclamación indirecta de que se ha llegado al tiempo final de la historia en que la venida del Mesías trae lo mejor, lo definitivo.

En la tradición judía había una enorme expectación sobre la venida del Mesías. Cuando llegara, todo sería abundante, terminaría la sed y el hambre. El banquete de bodas servía para describir la alegría mesiánica. Se explica así que el Mesías, y Dios mismo, se representara como el novio y esposo, el amante fiel de Israel.

Aquí sólo podemos indicar que el cuarto evangelio, antes de narrar el milagro de las bodas de Caná, ha presentado a Cristo como el esposo que trae la alegría a Israel. Al presentar a Jesús como invitado a la boda y portador de un vino mejor, está señalándole como el esposo que viene a unirse con su pueblo. Esto es mucho más que sacar de apuros a una pareja de recién casados.

Otro dato importante para leer con fruto este pasaje evangélico es el lugar que ocupa María junto a Jesús. Con la fina observación de mujer, María se da cuenta de que el vino se acaba y se lo dice a Jesús. Este le responde de forma enigmática: no la llama «madre», sino «mujer». Y le dice que su «hora» no ha llegado. Todo el que haya leído el evangelio de Juan habrá observado que, cuando se habla de la «hora» de Jesús, se refiere a su muerte, el momento en que Cristo da la vida y la salvación por todos. La hora del amor hasta el fin.

Se preguntará algún lector: ¿Qué tiene que ver la carencia de vino con la hora de Jesús? Muy sencillo: Jesús no piensa en el vino de los comensales, sino, como decía san Juan de Ávila, en «el buen vino de la cruz», el que dará al morir. Por eso, viene a decirle a su madre: aún no es el tiempo de la salvación que traigo. Hay que esperar la hora. Y al llamarla «mujer» le está diciendo que también ella, en esa hora, alcanzará su misión definitiva. No se olvide que, clavado en la cruz, Jesús dice a su madre refiriéndose a Juan: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Volvamos entonces al milagro y a la crítica de su historicidad. La última intención de Jesús al realizarlo es mostrar quién es él, el mesías que trae la plenitud de los bienes, representados en el vino mejor. Para ello, se sirvió de una circunstancia muy concreta: la boda de unos conocidos. Y aprovechó la carencia de vino, no sólo por empatía con los novios, sino como signo de su entrada en la historia de Israel y de la humanidad. El milagro, como todos los milagros de Jesús, pretendía suscitar la fe en él. Esta es la clave. Por eso el relato termina diciendo que en Caná Jesús comenzó sus signos —no los llama milagros—, «manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él» (Jn 2,11). Es obvio que el evangelista tenía una visión mucho más amplia que muchos críticos modernos que leen los evangelios con prejuicios racionalistas.

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).