Dos mil jiennenses participan en el inicio de la Misión Diocesana

El mandato de Cristo resucitado, “Id a todo el mundo y predicar el Evangelio” resonaba en los corazones y el ánimo de más de 2000 fieles que abarrotaban la catedral de Baeza para asistir a la Eucaristía de inicio de la Misión Diocesana, en la fiesta del Bautismo del Señor.

Llegados de todos los puntos de la geografía jiennense: desde La Matea hasta Jaén; desde Linares a Jamilena; desde Mancha Real a La Guardia, desde Torredelcampo a Pozo Alcón… fieles cristianos de toda la diócesis quisieron estar presentes en ese envío misionero, enmarcado en el año de la Evangelización y que pretende convertir a cada parroquia en una misión y a cada cristiano en un misionero.

A las cuatro de la tarde se abrían las puertas de la catedral Baezana. Protección Civil, la Policía Local y demás Cuerpos de Seguridad del Estado formaban parte del gran operativo preparado para esta ocasión. Llegaban a la ciudad patrimonio de la humanidad autobuses repletos de almas ilusionadas ante el reto diocesano, muchas acompañadas de sus párrocos. En total, casi un centenar de sacerdotes estuvieron presentes en la celebración eucarística. También hubo una importante representación de autoridades, entre las que se encontraban miembros de la Academia de la Guardia Civil con sede en Baeza.

Con la música de EscuchArte daba comienzo la celebración presidida por el Obispo. El presbiterio estaba presidido por la cruz de la misión. Un crucifijo de madera, diseñado ex profeso para la Misión y que será su símbolo. Las lecturas estuvieron participadas por los miembros de la comisión organizadora del acto y Javier Lendínez de EscuchArte quién cantó el salmo. Antes de que el diácono Jesús Almagro proclamara el Evangelio, el Obispo envió al pueblo fiel a proclamarlo ad gentes con estas palabras: “Queridos hijos: el Evangelio que se proclama en esta casa de Dios, anunciadlo de palabra y de obra en todos los rincones de nuestra diócesis para que les sea revelado el misterio de Cristo y de la Iglesia”.

Homilía

El obispos de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez Magro, impulsor de este año misionero, comenzó su homilía describiendo la voz de Dios como la un susurro al corazón del hombre, “La verdad de Dios sólo necesita un susurro, Dios habla y sugiere al corazón”. Para explicar, a continuación, que la acción de Dios en cada uno de los hombres es proporcional al hueco que le hagamos en nuestras vidas: “La dulce locura de Dios está en esperar en el hombre; su pasión es curar. Para Dios el hombre no está jamás perdido, siempre hay esperanza para él.  Ningún ser humano se identifica con su pecado… somos más que nuestro pecado. Dios nos ama como somos, pero nos sueña mejores”.

El Obispo del Santo Reino quiso precisar en sus palabras el sentido verdadero que hay en esta Misión diocesana. “La fe es un vínculo con Jesús que involucra a toda la persona; y sobre todo la fe abre a la misión que Cristo confía”, a lo que añadió, “Ser misionero no es un adorno ni una condecoración; ser misionero está en el corazón mismo de la fe de cada bautizado. Pero, para sentirnos así, cada uno de nosotros tenemos que entrar en el camino del Evangelio que lo renueva todo, lo recalifica todo, lo reestructura todo”.

En la profunda homilía que el Prelado jiennense tituló, “Tres respuestas ante la aventura misionera”, quiso quitar todo temor y miedo ante un posible fracaso o una falta de capacidad de los diocesanos ante el reto de anunciar el Evangelio. Y lo hizo con palabras de ánimo y esperanza ante una realidad que estará siempre guiada por el Espíritu Santo: “nunca pienses que no tenemos nada que aportar y que no le hacemos falta a nadie; cada uno ha de pensar en su corazón: yo le hago falta a mucha gente. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene”. En este sentido alejó cualquier duda diciendo: “Tenemos derecho a dudar, de si seremos dignos, de si tenemos las capacidades suficientes… pero nunca esas dudas y dificultades son lo suficientemente fuertes como para que os dejéis llevar por la impresión de incapacidad o para echarnos atrás. No olvidéis de que es el Señor quien nos hace idóneos para la misión”.

Monseñor Rodríguez Magro concluyó su prédica evocando a María, Virgen de la Cabeza, “para que ella nos lleve al sueño misionero de llegar a todos. El presente de nuestra Iglesia va por la búsqueda de esa atmósfera de novedad misionera que necesitamos y por ahí ha de ir también su futuro”.

Al finalizar la homilía, el Obispo realizó el rito de envío a los sacerdotes presentes, que serán, a su vez, los encargados de enviar a los fieles de cada parroquia a llevar la Buen Nueva a todos.

Después de la Comunión, tuvo lugar otro de los momentos importantes de esta celebración, la bendición de las cruces y el envío de cada una de ellas a los cuatro puntos cardinales de la diócesis. Las cuatro cruces llegaron hasta los pies del presbiterio portadas por fieles, allí el Obispo asperjó sobre ellas agua bendita. A continuación, también bendijo unos crucifijos que fueron impuestos a los presbíteros.

Antes de la bendición apostólica que impartió el obispo diocesano, todos los asistentes rezaron a la vez la oración de la Misión.

Varias veces sonaron aplausos improvisados por los asistentes en agradecimiento por esta iniciativa que pone a la Iglesia de Jaén en salida hacia todos los hombres y mujeres de esta Diócesis. A los que conocen al Señor, para que lo contagien, a los que no lo conocen, para que lo conozcan y a los que están alejados para que se reencuentren con el autor de la vida.

Este lunes las cruces irán pasando por todos y cada uno de los cien templos que hay en la Diócesis. Con su llegada a las parroquias comienza un tiempo de preparación y anuncio que se extenderá a lo largo de este año y que concluirá en una multitudinaria “Fiesta de la Fe” el 26 de octubre en Jaén.

(Diócesis de Jaén)

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