Cristiano viene de Cristo

Mons. Cé­sar Fran­co          Desde niño, Jesús se había acostumbrado a asistir con María y José al culto de la sinagoga. En Nazaret se había criado, y allí se había iniciado en la liturgia sinagogal. Los salmos y las lecturas le eran familiares y seguramente esperaba el momento de explicar públicamente las Escrituras. Ese día llegó cuando, ya adulto, entró en la sinagoga de su pueblo y le invitaron a hacerlo. Jesús tomó el pergamino de las Escrituras, lo desenrolló y leyó el famoso pasaje de Isaías que presenta al Siervo de Dios diciendo: «El Espíritu de Dios está sobre mí porque él me ha ungido».

La ocasión era única para presentarse al pueblo que le escuchaba. La escena parece una presentación de sus cartas credenciales como Siervo y Mesías de Dios. El texto de Isaías proclama la misión que le espera: «Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19). Dice el evangelista que, leído el texto, devolvió el rollo a quien le ayudaba, y se sentó. Sentarse es la actitud del maestro. La sinagoga entera tenía los ojos fijos en él. Jesús les dijo: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».

El momento es de máxima solemnidad. Jesús se proclama a sí mismo el Ungido de Dios. Y no duda en decir que se cumple la Escritura en él. El pueblo ya no tiene que esperar más. El «hoy» de Jesús es el «hoy» de Dios. Todo lo que vendrá después en su ministerio público será el desarrollo de la unción recibida previamente en el bautismo que le capacita para proclamar a los pobres el evangelio, anunciar la libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos. La gracia del Señor, su benevolencia y compasión se hacen presente en Jesús de un modo autorizado. El tiempo ha llegado a su plenitud.

Esta escena es un paradigma para todo cristiano. Decía san Agustín que cristiano viene de Cristo. Cada bautizado es un ungido por Dios. El «crisma» que recibimos en el bautismo es la unción del mismo Cristo, que nos capacita para realizar su propia misión. Sea cual sea el estado de vida del cristiano, la misión que nos une a todos es la de Cristo. Esta es nuestra dignidad irrenunciable. En ocasiones, interpretamos la vocación cristiana en términos de poder, al estilo de los que gobiernan las naciones.  Ya nos advirtió Jesús sobre este riesgo. Y preocupados por el poder, nos olvidamos de la capacidad recibida en la unción: anunciar la buena noticia, liberar al oprimido, sanar las heridas, consolar al que sufre, servir sin acepción de personas. Los verdaderos testigos del evangelio no se preocupan si tienen más poder que otros miembros de la Iglesia. Han vivido con la conciencia de la unción del Espíritu. Han escuchado las palabras de Jesús —el Espíritu del Señor está sobre mí—, han tomado conciencia de su dignidad y se han lanzado con alegría a la misión. Dios ha hecho grandes cosas con ellos.

No es tiempo hoy para discutir, como hacían los apóstoles, sobre quién es el más importante en la Iglesia. Todo eso conduce a la esterilidad y al desencanto. Es tiempo para la misión. Y ésta nace de nuestra dignidad de bautizados. ¿Qué hemos hecho con ella? ¿Qué ha sucedido con el Espíritu recibido en el bautismo y en la confirmación? ¿No somos todos cristianos, miembros del Cuerpo de Cristo? ¿No estamos marcados con el «sello» de Cristo? Le pertenecemos de por vida. No hay nada en nuestra persona ni en nuestra vida que no sea suyo. Los domingos participamos en la eucaristía, escuchamos la palabra de Dios, nos sentamos a la mesa de Cristo. ¿Qué más necesitamos para salir a la calle convencidos de nuestra misión y dispuestos a proclamar, como Jesús, que «hoy» se cumple también nosotros la Escritura que acabamos de oír?

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).